Home2017diciembre

diciembre 2017

Tal como se ha puesto de moda, escribo señoras y señores diferenciando hombres y mujeres (antes bastaba con el genérico), para que no nos estigmaticen por violencia verbal de género. Así pues, señoras y señores, arquitectas y arquitectos, floristas y floristos, interioristas e interioristos: contentos?, pues vamos para allá. Todas y todos se reunieron en el diáfano show room Alfombras BSB de Nacho Curt en la calle París de Barcelona para disfrutar de la presentación de las colecciones de alfombras de la joyera y diseñadora canaria Helena Rohner y de la ilustradora madrileña Paula Pappenheim de Pappenpop. Unas delicias hechas a mano, una por una, y que estarán en la próxima feria de interiorismo IMM Cologne, una de las principales del sector.

Una delicia de trabajos, expuestos al lado de los habituales de la casa, verdadera recopilación de los viajes de Curt por todo el mundo, y que desde hace treinta años los alterna con sus colaboraciones con  los mejores artistas del país. Trabajos que mezclan lo genuino y la excelencia como  valores irrenunciables que han llevado a nuestro hombre a ser ficha imprescindible de cualquier agenda que se precie. Su tremendo conocimiento del mundo de las alfombras le ha abierto las puertas de algunas de las casas más singulares y los negocios más apetecibles, dentro  y fuera de nuestras fronteras. Sus show rooms en Barcelona y Madrid son historia viva del complemento imprescindible que en su caso (y casa) aúna tradición y nuevas tecnologías.  A ello se unió hace ya quince años una segunda compañía, DAC Rugs  que cuenta con un interesante apartado de venta on line, y la representación para el mercado español de la firma alemana Object Carpet.

Y ahora vamos a la parte “socialiaté” del asunto. En la cita barcelonesa una pléyade de artistas (todo creador lo es), y tengo la lista: Jordi Veciana, Sky Maunsel, Marcos Catalán, María José Cabré, Verónica Mimoun, Oriol, Eduardo Arryga, Meritxell Ribé, Álex Baeza, Adela Cabré, Carlos Andreu, Alfonso Tost, Damián Sánchez. A todos ellos se unió más tarde Lázaro Rosa-Violán, el súper de la profesión que no para en el mundo (y escribo mundo en toda su amplitud).  Gente cordial y amable, encantadora de por sí que tienen, entre otras, una virtud fascinante: la pulcritud de su calzado. Suelen vestir casual, abundan los jeans con un cashmere exquisito, el pelo algo descuidado pero limpio Y un zapato muy british que siempre me ha maravillado. Son como portavoces de una moda cool, muy Santa Eulalia, elegante, práctica y eterna (nunca obsoleta) que ya señala por donde van sus excelentes tiros profesionales.

Estaban todos allí, charlando distendidos bajo un fantástico juego de flores, frutos, plantas y arbustos que habían creado los chic Alfons & Damian (una visita a su show room del Pasaje Marimón, 7 es un must para los sentidos), bajo el cual Laura Pi, de la mano de Le Chef preparó un selecto bufet donde predominó el equilibrio y el salmón, perfecto.

Lázaro Rosa-Violán y Nacho Curt en la muestra de alfombras de BSB

Y naturalmente se habló de la boda del año. La de Andrea Puig con Ignacio Baselga, que se celebró en Barcelona el pasado sábado. Una ceremonia tan solemne como íntima e impresionante, que en este caso es absolutamente compatible, tal como suele acontecer en cualquier evento celebrado en la sociedad catalana. Discreto, pero fascinante en su propia intimidad, el enlace religioso se celebró en la Basília de Santa Maria del Mar, la joya arquitectónica del gótico catalán del XIV, para trasladarse luego a la finca familiar de los Puig. Está en Vilassar de Dalt, se llama Les Ginesteres, construida en sólo seis meses por el arquitecto Antonio Fisas, primo de Júlia Planas, esposa de Antoni Puig Castelló que compró la finca en 1930.

La novia estaba espectacular con un diseño exclusivo de Carolina Herrera con metros de cola y velo ilusión, también a metros, y el novio, que no tiene parentesco alguno con el doctor de igual apellido, de chaqué. Formaban una pareja brillante, compitiendo con Marian Puig y la más que encantadora Cucha Cabané, y con Júlia, la hermana de la novia, que retomaba su actividad social después de su boda con Felipe Morenés, y del nacimiento de su primera hija. La cena la sirvió Nando Jubany y en la decoración dominaba el blanco alternado con el granate y el azul en el fondo de los manteles en toile de jouy de las mesas imperiales. Hubo cantantes,orquestas y dj. , que hicieron bailar a los invitados hasta la madrugada.

 Pero hubo otra pareja que deslumbró/sorprendió: la formada por Ainhoa Grandes, viuda del recordado y admirado Leopoldo Rodés, con Silvio González. La bella Ainoha es presidenta por unanimidad del del Patronato de la Fundación Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), que dirigió durante 16 años. El apuesto González. licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad Autónoma de Madrid, es consejero delegado de Atresmedia. A decir de los presentes, la pareja, de impresionante look, promete.

Y otra relación de la que se habló por referencias porque no estaba en la boda: la formada por Isaak Andic, dueño de Mango y la golfista Estefanía Knuth -ex esposa de Gonzalo Rodés-, y medio hermana de Dominica Parravano, que fue primera, y breve, esposa de Carlos Godó, hijo del conde de Godó.

   

Como diría papuchi, Will Smith y Jada Pinkett forman una pareja rara, rara, rara, y cada dos por tres se disparan los rumores acerca del secreto de su longevo matrimonio que este años cumple los 2o  de permanencia. Durante una entrevista que Jada concedió a la también actriz, cantante y showoman Queen Latifah, ésta le preguntó la fórmula de su felicidad a lo que Jada respondió con las evasivas habituales: “nos queremos mucho, evitamos los regalos en fechas señaladas, nos sorprendemos cada día, y chocamos nuestras manos cuando celebramos estos aniversarios para que duren otras décadas”, lo que siempre proporciona naturalidad a estas entrevistas. Latifah, reconocida lesbiana, no incidió en los rumores acerca de la sexualidad de la pareja, sólo orilló otro de los temas que les acechan. Le preguntó si era cierto  que estaban por el intercambio de parejas, algo en lo que ella misma (Latifah), dijo estaría encantada de practicar. “Sería una buena opción”, dijo entre carcajadas Pinkett dando así por cerrada la respuesta.

Lo cierto es que ese no es sólo el único rumor. La desaparecida Alexis Arquette, actriz transgénero nacida Robert y perteneciente a la saga de actores (Rosana, Patricia, David y Richmond), declaró vía Facebook, que tanto Will como Jada eran homosexuales y que habrían firmado documentos antes de su boda para guardar el mutuo secreto. Era el segundo enlace para Smith, que anteriormente estuvo casado con Sheree Zampino, con quien tuvo un hijo. Escribió Alexis que la pareja se rompió cuando Sheree encontró a Will en la cama con Danny Medina, un influyente magnate de Hollywood, un hombre de cierta edad. Dos años después, Will se casaba con Jada y compraba el silencio de su anterior mujer.

Alexis declararía luego que escribió esta denuncia cuando supo que Jada no acudiría a la gala de los Oscar por la ausencia de nominados afroamericanos, un boicot liderado por Spike Lee, que Alexis, activista por los derechos de los transexuales,  dijo que apoyaría cuando los Smith admitiesen su presunta homosexualidad. Nadie movió ficha y las revelaciones no causaron el más mínimo impacto en la comunidad de Hollywood, donde tan pronto un rumor  de caracter sexual, por más extendido que sea, se convierte en escándalo o nunca toma protagonismo. Lo confirman casos como el de Tom Cruise o John Travolta, a pesar de que éste último cuenta con denuncias y libros en su contra: nunca ha ido más allá del problema que pueda tener en casa al respecto.

Posteriormente también se conoció que Smith había pagado a sus íntimos amigos, el actor y director Duane Martin y a su esposa, Thisa Campbell-Martin la cantidad de dos millones de dólares para evitar que salieran a la luz unas imágenes comprometedoras, que no fueron reveladas pero que supuestamente afectaban a Will y Duane durante unas vacaciones sin sus esposas en Trinidad y luego en la Feria de Arte de Basilea.

Al parecer los Martin habrían presentado un expediente de quiebra de unos quince millones de dólares y el juez les pidió sus ordenadores personales al sospechar que sus contabilidades hubieran podido ser manipuladas. Ellos no los entregaron alegando que contenían material privado de índole personal que afectaban a terceras personas muy conocidas, exigiendo una cláusula de confidencialidad en el caso que obligatoriamente tuvieran que abrirse.

Will Smith mantiene su inmunidad amparado por su condición de estrella rentable, con récords que le sitúan en primera posición de este ranking. Ha conseguido que ocho de sus películas consecutivas ganen más de cien millones de dólares y otras tantas sean números uno también de modo continuado. Forbes le señala también como uno de los actores que más ingresos tiene por película, cifras que aumentan cada año, y son por tanto un valor seguro en la producción.

Ajeno a las redes sociales, Will Smith -que por cierto compró los derechos de “El hormiguero” de Pablo Motos para su explotación en EE.UU-, ha abierto cuenta en Instagram con apabullante éxito. Estaba promocionando en el programa de Ellen DeGeneres su nueva película, “Bright” y ella insistió en la necesidad de abrirse una. Lo hizo desde allí mismo, en el plató, y en menos de dos días llegó a tener dos millones de seguidores, con más de 205.000 “likes” y cinco mil comentarios.

Willow y Jaden Smith entrevistados en la revista “Interview”

Existe otro factor alternativo, los jóvenes Jaden (18) y Willow (15), los complejos hijos del matrimonio, que siempre sorprenden en sus múltiples apariciones públicas. Ya sea ética o estéticamente los júniors han dado muestra desde su más tierna infancia de una indolencia innata, un filosófico modo de ver la vida, demasiado profundo para su edad, dando muestras de una madurez a veces un tanto insólita. Todo es sorprendente en ellos, desde sus pensamientos o tendencias a sus atuendos, peinados o actitudes: la propia Willow colgó a los trece años en instagram unas fotos desnuda en la cama con su novio de veinte; su hermano se besa en la boca con el rapero Lil B.  Aspirantes a actores, músicos, escritores, plásticos en líneas generales, los dos son imágenes de casas de moda conscientes de la influencia que tienen sobre cierta juventud. Sus padres jamás se han manifestado al respecto, lo que puede interpretarse como una continuidad de lo que pasa en casa o un silencio cómplice. Interview les sometió a una entrevista cuestionada por Pharell Williams en la que no salieron demasiado bien parados, donde quedó demostrado que detrás de su exótica (y peligrosamente fluyente) presencia hay poca cosa. Quizá, a lo sumo, réplicas de papá y mamá puestos a la onda de hoy.

 

En Inglaterra hay un talent show de baile, similar a “Bailando con las estrellas”, que se llama “Strictly Come Dancing” donde las parejas van cayendo eliminadas por un jurado más o menos Vip. Hasta ahí nada nuevo. Por qué hablo del show? pues porque quien se lleva toda la atención es un joven bilbaíno que atiende por Gorka Márquez, de discreto aunque correcto curriculum, que ha echado mano de sus vivencias personales (y de su físico, tableta de chocolate inluida) para dar lustre a su (no dudo que) brillante participación. Gorka tiene 27 años y su paso por el programa no hubiera tenido más notoriedad si las celebridades que han bailado con él no se hubieran sentido atraídas (o al menos así lo hicieron creer) por el  bilbaíno bailarín. Se habló más de sus (presuntos) romances que de su talento, que ya se sabe cómo vende esto del amor en tiempos de plató y concurso. En España han vendido amor en “Masterchef”, en la casa de los líos de “Gran hermano” y hasta en “Operación triunfo” hay un par de parejas que no vean como las resalta el realizador. Todo por la audiencia que, al parecer, todo lo que necesita es amor.

La primera de las compañeras de baile de Gorka es una mujer exótica, inglesa de ancestros jamaicanos. Se llama Alexandra Burke, de 29 años y fue vencedora de otro talent show, “The X Factor”, que la catapultó a la fama, vender miles de discos y protagonizar en el West End el musical “The Bodyguard”, inspirado en el filme de Whitney Houston, y luego “Sister Act” donde encarnaba a la alocada (y falsa) madre Deloris. Con Burke la prensa ya insinuó la posibilidad de un romance que Gorka no se molestó en desmentir, más bien todo lo contrario. Sus fotos en las redes sociales muestran a la pareja en actitudes no románticas pero sí entrañables, que es la mejor manera de no decir nada para que se especule con todo.

Alexandra Burke y Gorka Márquez en “Strictly Come Dancing”

Gorka bailó también con Tameka Empson, una de las protagonistas de la  longeva teleserie “EastEnders”, pero sólo duraron tres semanas en antena. Lo volvieron a rescatar para bailar con Anastacia cuando el bailarín que acompañaba a la cantante se puso enfermo. Ahí ni siquiera hubo tiempo de formalizar un rumor, aunque hacían muy buena pareja bailando “quickstep”.

Pero el rumor, lo que se dice el rumor, ha saltado a los papeles cuando al bilbaíno lo han a vuelto a llamar (qué tendrá el chaval?), para acompañar a Gemma Atkinson. Ella es una popular actriz y modelo que ha sabido gestionar muy  bien sus asuntos internos: fue novia del futbolista Marcus Bent, de Liam Richards de “Britain’s Got Talent”, y hasta hace poco era la pareja del exjugador de rugby Olly Foster. Decimos hasta hace poco porque de lo contrario la bailarina nueva pareja no se hubiera atrevido, por seguridad física, a publicitar la presunta relación.

Georgie Harris, entrenadora sentimental y personal de Gorka

Dicen en The Sun, siempre tan discretos, que la pareja podía haber tenido su aquel en uno de los cast de la producción televisiva y que así, de repente, a ella no le impresionó nada el joven, al que miró con  cara de pocos amigos, aunque luego, siempre según el rotativo, le sorprendió su carácter y su comportamiento. Cuando la cosa tomaba indicios de convertirse en realidad y pudo hacer que Gemma olvidase a su rugby man, llegó el desencanto. Fue la otra noche en el estreno de “Jumanji”, donde coincidieron los bailarines, aunque no se hablaron mucho, más bien nada. Y es que Gorka, que de tonto parece no tener ni un pelo, fue al cine acompañado por otra rubia, Georgie Harris que, casualmente, es su entrenadora personal. Dicen que Gorka va mucho al gimnasio y que el roce hace el cariño. No sé, cosas del amor.

Y ahora que ya saben en qué lugar se enamoraron, vayamos a saber quién es él. Gorka Márquez es un bilbaíno de 27 años bailarín profesional de bailes de salón y coreógrafo, que empezó en esto de la danza a los doce años, representando a España en el Campeonato Mundial de Baile Latino de 2010 y llegando a las semifinales del 2012.  Dos años más tarde desembarcó en el popular Latin and Ballroom dance troupe Burn the Floor, un espectáculo convertido en todo un fenómeno en 1995. Su participación en “Strictly Come Dancing” es un triunfo que al parecer ha sabido aprovechar muy bien. No sé cómo andará en el show, pero popularmente parece que le ha ido muy bien. Y nosotros que nos alegramos.

 

 

“Roseanne”, una de las series televisivas de mayor impacto en los 90 (funcionó de 1988 hasta 1997), volverá a emitir nuevos episodios a partir del 27 de marzo del año próximo. Ese día se ofrecerá un episodio especial de una hora titulado “Twenty Years To Life”.

Las divertidas y a la vez cotidianas aventuras de los Connor para sacar adelante a su familia volverán a ocupar el sofá, la cocina y demás dependencias de ese hogar situado en una imaginario extrarradio en las afueras de Illinois. Al frente de la troupe estará el orondo matrimonio que revolucionó las pantallas del mundo, en especial ella, que dio nombre a la serie, “Roseanne”. Ellos fueron y volverán a ser Roseanne Barr y John Goodman que con estos papeles consiguieron reconocimiento internacional. Una pareja de pesos  pesados que dieron al traste con todo lo televisivamente contemplado, destapando lo impensable en ese medio tan intocable en EE.UU, con su doble moral por todas partes. Los Connor discutían en casa por todo tipo de asuntos y, con dos hijas y un hijo en edades conflictivas, no eludían ninguno. De la cuestión sexual a la política, el racismo, el alcoholismo, la delincuencia, los problemas laborales, de todo se discutía en una casa donde lo licuaban de modo que al final todo se tradujera en risa o carcajada. En cierto modo podría hablarse de una precuela de otra familia singular, los Gallagher, que habitan en otra serie de escándalo por pura realidad, “Shameless”, de profundo arraigo en la sociedad americana tras su debut en la versión británica.

Roseanne Barr, que había ganado cierta fama como monologuista, fue contratada por los productores de “The Cosby Show”como protagonista y un tanto la ideóloga de la serie a la que bautizaron con su propio nombre, en la que incluyó de entrada los problemas de sus dos hermanos homosexuales, lo que hizo que el personaje de Jackie, la hermana de Roseanne, fuera lesbiana. Lista como nadie, Roseanne Barr acabó produciendo  la teleserie.

La troupe original de “Roseanne” al celebrar sus cien programas

Con la pareja estará todo el elenco habitual, que retoman sus papeles: Laurie Metdlafl, (Jackie), Lecy Goranson (Becky), Sara Gilbert (Darlene), Michael Fishman (D.J.), Emma Kenney (Harris), Ames McNamara (Mark), Jayden Rey (Mary) y Johnny Galecki  (David). Con una excepción, la de Sarah Chalke, que interpretaba a la hija mayor del matrimonio que tendrá un papel diferente.

La publicidad de las nuevas entregas, con la banda sonora original,  incide en que vuelve el mismo sofá, el mismo reparto y las mismas risas, sin que aparezca ninguno de los actores, y es el decorado (localizado en el Studio City de California), quien protagoniza las tomas.

Durante esos veinte años de ausencia de las pantallas, la vida de sus protagonistas ha seguido suertes diversas. John Goodman tuvo otro gran papel como Pedro Picapiedra en “Los Picapiedra”, ha protagonizado diversas producciones para los hermanos Coen, de quienes es uno de sus actores fetiche, y ha logrado uno de sus objetivos primordiales: perder una buena cantidad de kilos que amenazaban con estropearle la salud. Ese será, quizá, uno de los problemas de la serie, donde su enorme silueta era factor clave del personaje. El otro es cómo solventar el severo ataque al corazón que sufrió su personaje  al final de las entregas hace veinte años. Los guionistas deberán echar mano a su imaginación para devolverle  la vida a Dan Connor, sin que se resienta la trama.
Para Roseanne Barr las cosas siguieron un cauce un tanto alterado. Se casó tres veces, divorciándose otras tantas, viviendo la actualidad con Johnny Argent, con quien comparte un show radiofónico de corte también doméstico, después de haber probado uno de tintes políticos que no funcionó. Tampoco un live show contando su vida cotidiana con Argent y uno de sus cinco hijos en una granja de Hawaii tuvo el éxito previsto y fue cancelado a los pocos episodios. Incluso trató de inmiscuirse en la política, con dos fracasos consecutivo, primero presentándose por el Partido Verde y luego por Paz y Libertad.

Barr escribió tres libros, y siguió probando suerte en shows televisivos, realitys y talent shows incluidos, que nunca llegaron a ser de largo recorrido y se limitaban a un número determinado de programas. E insistiendo siempre en el concierto doméstico que remitía, o trataba de hacerlo, a la recreación casera de “Roseanne”, pero ni siquiera “Diosas domésticas”, uno de los términos patentados por Barr para denominar a las abnegadas amas de casa, logró el éxito. Recuperó su condición de monologuista y realizó giras con sus shows por todo EE.UU (incluido el  Casino Sahara de Las Vegas), incluso algunas pequeñas actuaciones en Inglaterra, pero de reducida repercusión.

Amante de las cirugía plástica, logró tener una silueta envidiable y un rostro mucho más agraciado. Todo señalaba que Barr pretendía aceptar una oferta de la revista “Playboy” para posar desnuda y mostrar los resultados de sus operaciones, aunque una encuesta previa puso de manifiesto que el interés por ver sin ropa a la televisiva no era lo suficiente fuerte para la inversión: 60% preferían prescindir de las imágenes, o no las consideraron importantes y/o oportunas. Al frente de su familia televisiva, es más que probable recupere la popularidad perdida: en sus manos y la de sus guionistas está el asunto.

 

Paris Jackson (19), hija de Michael Jackson y la enfermera Debbie Rowie, ha hecho su debut en el apasionante mundo de los calendarios. No ha sido en el deseado Pirelli, sino en uno que al menos se puede comprar por 200 dólares que irán destinados a beneficencia. La editora del mismo es Carine Roitfled, ex editora de moda de la edición francesa de la revista “Vogue” (ella era la versión made in Paris de Anne Wintour), y fundadora de CR Fashion Book. Para no perder comba, el ejemplar incide en bellezas ligeras de ropa, pero con justificación: posan en un gimnasio y la única frivolidad que se permiten, maquillajes aparte, son stilettos que siempre dan un toque. Roitfeld le encargó el trabajo a uno de los grandesfotógrafos, Steven Klein y puso a su disposición el  plantel de bellezas imprescindibles para comercializar los ejemplares.

Paris Jackson en la foto del calendario de Carine Roitfeld para 2018

Son ellas Gigi Hadid, Halima Aden, Grace Elizabeth, Joan Smalls, Hailey Clauson, Hoyeon Jung, Binx Walton, Eniko Mihalik, Hannah Ferguson, Joelle Lombardi, Danielle Herrington, Candice Swanepoel y la citada Paris Jackson. Las sesiones reproducen posturas imposibles, y menos con tacones, que las chicas afrontan con la mayor de las naturalidades posible. El resultado es sexy,  atrevido pero elegante y valiente, tal vez un tanto arrogante por la gesticulación de las chicas en constante ataques de enfado, o así nos lo parece.

Paris es la estrella de esta galaxia, por la novedad de su presencia, y al hablar de esta colaboración que hizo desinteresadamente, asegura haber estado muy tranquila trabajando de nuevo para Roitfeld para quien ya hizo un editorial de moda unos meses atrás. “Este trabajo con Carine ha sido otra encantadora experiencia, y no puedo más que agradecerle por iniciarme y ayudarme en este apasionante mundo de la moda”, declaró Paris a la revista “People”. El ejemplar se llama “CR Girls 2018 with Technogym calendar”.

Roitfeld ha querido conformar un casting de mujeres que mezclara a supermodelos icónicas con caras nuevas y rostros de relevancia para configurar una representación de belleza y cuerpo que manifiesten la multiplicidad de la mujer en el 2018. “Cada modelo ha sido elegida por su estilo único, su personalidad y su icónico look”, dice la experta en moda, que ha tenido muy claro desde el principio situar a las chicas trabajando el fitness con aparatos de la firma Technogym, patrocinadora de la producción, y realizando con ellos las posturas más atrevidas que demuestren la fuerte posición de la mujer.

Lo que se recaude con la venta del calendario irá destinado a la ONG Special Olympics, que ayuda a mejorar la vida de las personas discapacitadas a practicar deporte. Es una causa que le es muy cercana a Carine, pues su entrenador personal está afectado por una de estas discapacidades. Pretende además rendir homenaje a esta organización que ayuda a visualizar los esfuerzos y el coraje de estas personas, al tiempo que manifiesta el mayor de los respetos para todos los implicados en esta causa. Un calendario que, por cierto, empieza con Gigi Hadid en diciembre de este año.

Gigi Hadid en el calendario de Carine Roitfeld del 2018

Después de esta producción Paris Jackson se tomó unos días de vacaciones en la capital del Sena con unos amigos, entre ellos su padrino, Macaulay Culkin, aquel pequeñajo que estaba “Solo en casa”, y que fue íntimo amigo de Michael Jackson, padre de Paris. Ella y su hermano, Michael jr.,  son hijos de la enfermera Debbie Rowie y, según las malas lenguas, del dentista del cantante o del médico jefe de Debbie que era enfermera. Madre e hija nunca se llevaron bien y sus problemas nos han proporcionado muchos titulares. El más grave de todos el intento de suicidio de Paris hace un par de años cuando trató de quitarse la vida cortándose las venas por un motivo tan importante como la prohibición materna para que la niña fuera a un concierto de Marilyn Manson. Después de varios meses sin hablarse, como ya había sucedidos en anteriores ocasiones, parece que las cosas han vuelto a la normalidad si puede hablarse de eso, normalidad, en una familia tan irregular y atípica con es la de los Jackson en sus distintas variantes.

 

 

 

La carrera de Irina Shayk ha estado siempre marcada por la incertidumbre. A los más veteranos en esto de las vivencias siempre nos recordó a Nadiuska, la bella del Este que sedujo al público español pero que nunca llegó a despegar del todo en el cine, ni en la vida. Todo lo más llegó a ser la madre de Conan, el bárbaro, el papel que de niño fue Jorge Sanz (ambos en la foto), y de mayor Arnold Schwarzenegger. Pero ahí se quedó.

Nadiuska y Jorge Sanz en “Conan, e, bárbaro”

Con Irina nos pasa lo mismo, nos da la sensación que se equivoca, que no sabe por donde va, a pesar de su noviazgo y maternidad,  con Bradley Cooper de papá. Sus años al lado de Ronaldo dieron como resultado un posado en ropa interior y otros desnudos para que Mario Testino los inmortalizara. Pero nada más. Y unas sesiones exclusivas con Pronovias, que, siendo lo que es, nos sabe a poco. Está Irina, la hermosa, sensual, de ojos de lluvia de otoño y boca de eterna duda esperando un último abrazo. Irina camina despistada, por cuenta propia o la despistan, pero da la sensación que sigue desorientada.

Ahora aparece como reclamo carnal para el nuevo libro de los fotógrafos Mert Alas y Marcus Piggott, un ejemplar gigante que ha editado Taschen a todo lujo, que se comercializa on line por 700 dólares y cuyas ventas no son todo lo boyantes que se esperaban. Así que nada mejor para incentivar su comercialización que una modelo ligera de equipaje, de rotundas carnes y sensación de bienestar, al menos todo el que pueda proporcionar una cama y unas curvas sinuosas. En el libro hay retratos de celebridades con mucho más poder de seducción que Irina, pero ha sido su epidermis la elegida. No han sido Madonna o Kate Moss, dos de las divas de Alas y Piggot de quien son anfitriones en su casa ibicenca de San José, la finca solariega que tiene frente a Es Vedrá (según algunos el atolón dónde sitúan Bali Hai en “South Pacific”), y que junto a la casa en San Juan de Jade Jagger (hija de  Mike y Bianca), son las residencias oficiosas de las estrellas cuando aterrizan en la pitusa rebelde. Es Irina la que anuncia el producto en las redes a través de descriptivos instagrams que insinúan todo el pecado (mortal o venial, según apetencias y/o necesidades), que puede haber en el interior. Siempre será una tentación glamurosa, que son Mert & Marcus los reyes del glam, del retoque al flou, de la dispersión de los contornos no esenciales.  Los artífices de las imágenes que todos desean: nadie de sus retratados se queja por el retoque, al contrario, les encanta verse tan divinamente inmortalizados. Lo saben ellas, y ellos. Y si no que le pregunten a Justin Bieber, para quien rediseñaron un cuerpo y unos atributos de meditado escándalo cuando le fotografiaron en calzoncillos de Calvin Klein para ser expuesto en Times Square a escala gigante. Con todo, la ficción jamás superará la realidad, y el barbilampiño cantante no causó el tremendo impacto en los noventa de Mark Wahlberg con prenda similar e igual emplazamiento.

Instagram de Irina Shayk

La ficción elegante de Mert & Marcus recoge en su libro veinte años de estas apreciaciones que lo son, y que pueden localizar a través de ‘Bed time reading. MERT & Marcus limited edition book is out to order online #20yearsofwork #mertandmarcus #irinashayk #hot #taschen. Y, mientras, en sus cuentas de instagram tomar un aperitivo con las fotos de Irina, que son desnudas sensaciones de invierno interior.

La cosa con la modelo no termina ahí. Siguiendo su ruta de desaciertos ha estado hace dos días en una fiesta donde se equivocó de mesa. Fue durante la celebración en Londres de los Premios de la Moda Británica. Al lado de Donatella Versace, vivo ejemplo de lo mala que puede llegar a ser la cirugía plástica en algunos casos, compartió palco con Conor McGregor, el boxeador selecto (je), el campeón de F-1 Lewis Hamilton, la cantante Rita Ora, la también modelo Jourdan Dunn (la única que se salva del lote destructor), y una colega polaca llamada Kamila Kostka, de quien nos van a permitir obviemos comentario alguno y les remitamos a las redes para que comprueben su fino estilismo (es como la McGregor de las pasarelas). La fiesta, que empezó en el chic The Chiltern Firehouse acabó en Le Cirque Le Soir, en pleno Soho. Ahí tampoco debió estar Irina, la bella que por otro lado se descuelga apareciendo de mamá estilos al lado de su Bradley Cooper de quien no tenemos nada que objetar. Espero que él la riña y la aconseje. Y si no, pues ya se apañarán.

 

s

 

 

 

Hubo una vez una canción que identificó una historia de amor, “The time of my life”, era el tema que cerraba “Dirty Dancing” una película boba sobre ese tiempo estúpido que todos magnifican porque supone el embrión de una vida, ahí es nada, la juventud.  Una historia que con un peine y brillantina podía colarse en un pote de “Grease” y con un toque más hortera  llegar a sufrir “Fiebre del sábado noche”. Pero se queda en un “Dancing” que califican “Dirty” pero que es bobo por sí mismo. Familia norteamericana de cliché (matrimonio con dos hijas) pasa unas vacaciones en un variopinto campus donde los más jóvenes van a lo que van escondiéndose de la familia porque estamos en los sesenta y a ellas se les pierden las estrategias bajo el can can de sus faldas. Hablan (pero como de pasada), del asesinato de Kennedy, del conflicto racial, de Martin Luther King, y de las carreras que van a empezar a estudiar cuando acabe ese verano que muchos esperan sea más Dirty que el Dancing en sí.

La irrupción en el paisaje de Johnny Castle, un macarrilla de esos que visten de negro marcando paquete, casualmente profesor de baile, enloquecerá a la más tonta del campus, llamada Baby para más inri, que se convertirá en sustituta accidental de la estrella bailarina y pareja frustrada del macarrilla. No les vamos a desvelar lo que pasa porque es fácil de adivinar, absolutamente todo. Y lo que no, pues no vamos a estropearlo aquí.

Ví la función un miércoles por la tarde con el teatro Tívoli de Barcelona prácticamente al completo, las representaciones van muy bien. No con el récord de la temporada anterior donde la misma compañía agotó el papel las nueve sesiones de cada una de las cinco semanas que estuvieron en la ciudad. Qué convierte la función en un éxito? Pues la entrega de un elenco rabiosamente joven hasta en los mayores; en un trasiego de decorados corpóreos en constante desplazamiento; un ensayado montaje en el que no falla nada, y eso que casi todos doblan o triplican papeles y se desplazan por la escena con prisa extrema: hacen su número y se marchan por el foro a todo gas. También por la simpática utilización de unos recursos escenográficos ocurrentes y oportunos que nos trasladan con mínimos elementos hasta frondosos bosques o dentro del mar. Siempre en función de recrear las mismas situaciones del filme, protagonizado por Patrick Swayze y , Jennifer Grey, con el que les prohibo terminantemente la comparación. Ya se sabe que cine y teatro son artes incompatibles dentro de su propia compatibilidad, así que a cada cosa su éxito.

Una escena de “Dirty Dancing” en el teatro Tívoli de Barcelona, diciembre 2017

Hay una compañía compacta en su funcionalidad, con tres o cuatro actores que se turnan en los protagonistas, pero donde casi todos tienen su “cover” (suplente) y  se divierten (o lo parece) contando ese cómic (a veces hasta “vemos” las viñetas) donde no hay ni buenos ni malos sino todo lo contrario, donde hay redención familiar y conformismo maduro. Para que no falte de nada hasta un desnudo posterior del protagonista (Christian Sánchez, Pablo Ceresuela, Oriol Anglada o José Domingo, según el día), que se prolonga no por deseo del director sino por la dificultad de colocar la batería del micro inalámbrico dentro del sucinto slip que debe llevar en el delantero el joven donde guarda sus pertenencias personales, aquello que en los aviones llaman “personal belongings” y nosotros simplemente sus partes. Ellas (Laura Enrech, Eva Conde o Fanny Corral) lo tienen más fácil porque se visten a partir de bikini lencero y usando a su partenaire de improvisado biombo. Aunque el público no esperaba el desenlace tan natural (y por otro lado tan propio) de la escena de amor, mostró su sorpresa y agrado. Y tras el alboroto volvió a aplaudir.

La platea quedó un tanto defraudada al no ver evolucionar la secuencia final del baile por el pasillo central, y también por no disfrutar de aquella pirueta que hace saltar a Grey hasta los brazos al aire de Swayze, aunque aquí, al menos el día que yo lo ví, la sujetó en alto durante una rotación completa.

Pero son cosas del teatro que pasan. Hace unas semanas echábamos en falta el  “Mein Herr” del “Cabaret” del teatro Victoria, asegurándonos que no lo permitían los derechos de autor. Pero no se preocupen, ya que si añoran el número lo interpreta el mago Lari unos metros más allá, en el teatro Condal: igual compró él los derechos para fastidiar a sus vecinos, aunque para un número de magia sirva cualquier música de cabaret. Pero esos teatreros, ya se sabe…

 

 

Cuando la vida se presenta más complicada se disparan las emergencias emocionales. Y buscamos en la distracción un modo de ganarnos el pan fingiendo que determinados objetivos, artísticos de preferencia, serán la solución a  nuestros problemas. Llevamos años arrastrando (vía televisiones de toda ideología y/o comercio), síndromes de escuelas de cantantes insufribles o de chefs cretinos que despreciarían a Adrià. Finalmente la magia, que uno presuponía el primero de nuestros deseos, aparece como la  nueva terapia: todos queremos ser magos. Sin dejar de asistir a concursos de canto ni de cocina (les llaman talent shows cuando a veces el talento no está ni en el forro),  y a la espera que el nuevo reality de corte y confección (con Palomo Spain,  no se lo pierdan), aparezca en nuestras pantallas domésticas, degustamos el fenómeno nada por aquí, nada por allá. Y eso a pesar de una impagable escuela de magia de TV3 para la que nos es difícil encontrar el calificativo adecuado sin ofender ni molestar.

Están de moda, hay magos por todas partes. La mayoría, como los presumibles cantantes, o los pretendidos chefs, sujetos olvidables tras el primer tema o plato. O truco. No es el caso de Lari, que celebra sus 25 años de escenario con un espectáculo que recoge ese mismo número de ejercicios, la mayor parte de ellos de grandes aparatos, tan enormes como las ilusiones que él tenía hace un cuarto de siglo. En 1991 comenzaba a ganarse un puesto al lado de una compañera. Meritxell Huertas, con la que formaba el dúo Lari y Secundina, que no debió dejarle buena sensación porque declararía a un periódico años después (La Vanguardia, diciembre del 2011), que nunca trabajaría con un florero al lado. Por eso resultó curioso que la noche del estreno del show del aniversario bajara al patio de butacas a entregar flores a Meritxell Huertas, su “Secundina”,(y hoy reconocida actriz de comedia), y a Juan Gimeno, presentador de Llantiol, el mítico local de los hermanos Ferran i Xavi Rodríguez (Can Lluís, Els ocellets), donde Lari hizo su primer agosto (mes de trabajo). El que les privara de esa exposición pública en el escenario fue un detalle extraño, poco elegante. Les homenajeó, pero no les dio foco. Y eso quedó raro.

Volviendo al show, Lari es un mago experto en grandes emociones, grandes escapismos, grandes aparatos. Todo es grande, incluso ese toque  megalómano que imprime a sus discursos, a sus apariciones, brillantes, efectistas y efectivas ( de “0hhh”), sus trajes de Swarovski, sus cueros rojos (muy al estilo de su admiradísimo Michael Jackson de quien colecciona objetos). Sus luces al aire de Copperfield quieren dotar a sus números de un aire made in Las Vegas que el Paralel.l dista muy mucho de tener (y que no volverá a tener nunca más), porque a pesar del considerable tamaño de los recipientes de los que escapa, no son la torre Eiffel o la estatua de la Libertad, ni sus artilugios son los de los recordados Siegfried and Roy, por no hablar de los animales con los que éstos (caballos, tigres, leones) jugaban en escena.

Lari dibuja bien su espacio, y de hecho sus cinco primeras intervenciones son definitivas, perfectas, calculadas, precisas y preciosas. Luego el show presenta una alternancia de gran lujo y pequeño deseo que se comprende y acepta por pertenecer a esa historia de 25 años que presenta. Pero esas miniaturas, la del huevo, la madeja, el anillo, las consabidas cartas, incluso ese recortable con que cierra el show quedan imperceptibles al no disponer el espectáculo de un sistema de cámaras que permita la visión del ejercicio en condiciones al respetable. O sea que si no están bien situados, pierden buena parte del show. Y se quedarán con las reiterativas desapariciones de cajas atravesadas por sables, palos o escobas, mientras la compañía interactúa con habilidad para agilizar la situación, y Lari evoluciona con sus levitas “su misura” soltando su discurso de gracia discutible.

Desde la fila 23 del teatro Condal no se aprecian las pequeñas ilusiones del mag Lari

Quizá el problemas sea del espacio. El teatro Condal tiene un escenario de amplia, enorme, boca, tan ancha que los que disfrutan (un señalar) de los asientos laterales, que son muchos, pierden mucha visión central. Por no hablar de los situados en la parte más elevada del teatro, a partir de la fila trece creo recordar. Desde ahí olvídense de los números de pequeño formato, a menos que lleven unos prismáticos: podrán suponer o imaginar, pero no distinguir.   Lari lo cuenta bien, interpreta lo que hace, sólo que desde una distancia que podría estar engañándonos. Y no lo decimos para adivinarle el truco, que todos los juegos lo tienen y uno va a sorprenderse, no a averiguar.

Hay una cosa sorpresiva en el espectáculo, y es el apego de Lari a esa cierta comicidad catalana que me resulta ingrata de escuchar, más por el tono que por el contenido, aunque unidos suman. La noche del estreno todas las personas que participaron con él en el show habían llegado desde la periferia de Barcelona. Y para sus lugares de origen tuvo una frase “cómica”. Al de Badalona le dijo “qué bonito es Badalona, canta Serrat, se nota que nunca ha estado allí”. Y al de Cerdanyola “que puede esperarse de un lugar que empieza por cerda). Al de Sabadell le recordó lo bonita que era Terrassa. Y había uno de Sants, y otro de Viladecaballs… con todos se disculpó al final. No hubiera sido necesario si al brillo de su vestuario, la elegancia de su puesta en escena y la sensibilidad de su ejecución hubiera añadido sensibilidad a sus textos. Aunque el público, que lo aguanta todo, lo viera o no, se molestase o no, aplaudió con ganas, que no está la cosa para sensibilidades sino para meter en grandes cajas todos sus problemas y llamar a Lari para que al abrirlas hayan desaparecido. Ahí si que hubiera habido magia.

 

 

El amante incombustible y la (más que) alegre divorciada rompen Miami.  Concretando, Ágatha Ruiz de la Prada y Rafael Amargo se erigieron los reyes de la noche en una de las fiestas de clausura (seguro que hubo mil) de la Art Basel, la feria de arte que ha concentrado durante cuatro días en South Beach a las mayores fortunas convertidos en compradores de arte de la mano de sus asesores. Dicen en Forbes que esta 16 edición de la feria, a la que han concurrido 268 galerías de 32 países, la habrán visitado unas 77.000 personas, de las que 51 eran billonarios (con b), no está mal.

Hemos estado viendo en las redes instagrams cómo Giovanna, la bellísima  esposa del escultor Lorenzo Quinn lanzaba ráfagas de este colosal encuentro artístico comercial, pero ha sido Amargo quien nos ha llenado la cabeza de formas y colores. Estaba invitado por el artista Domingo Zapata, natural de Palma de Mallorca con estudio en Nueva York y Miami, que tenía un stand visitado por celebridades de medio mundo (él lo es por una tontería de nada con Lindsay Lohan, cuando en realidad con quien retozó tiempo fue con Scarlett Johansson). Allí coincidió Amargo con Steve Madden, el magnate de la zapatería mundial, que saltó al reconocimiento público por otra tontería: cuando Leo Di Caprio en “El lobo de Wall Street” hablaba de la entrada en bolsa de su negocio. Por cierto, el actor fue uno de los primeros en comprar, el primer día, gastándose 850.000 dólares en un Basquiat. Brad Pitt y Cindy Crawford también pasaron, pero no compraron nada.

Amargo bailó para Madden en su fiesta, pero estuvo como invitado a otras tantas, como la de Moschino en el hotel Edén Roc, donde apareció una bellísima Mar Flores con Elías Sacal, su (un tanto) ausente compañero sentimental. En otro salón del mismo hotel Eva Longoria celebraba otra de sus galas solidarias, la Global Gift, esta vez sin su socia, María Bravo, que estaba con lo mismo pero en Dubai. Por cierto  Eva ha ganado unos kilos y, en lugar de lucirlos como Mariah Carey hace con sus carnes, ella lo oculta en trajes con chaqueta y pantalón que denuncian más el sobrepeso, pero ella sabrá.

La cena, dedicada a Puerto Rico, estuvo presentada por Ricky Martin y tuvo su momento álgido cuando, después de su sosegado discurso lleno de emociones se pegó soberano morreo con su novio. Jwan Yosej, a la vista de todo el público. La atención fue tal que por un momento dejaron de prestar atención a Amargo que, obviando el dress coda exigido (tuxedo), lució una (exótica) levita confeccionada por niñas indígenas de la fundación de Longoria. En la fiesta, Amargo felicitó a Miguel Bosé por la llave de la ciudad de Miami que le han otorgado la Comunidad LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales), y atendió a la más que guapa Yvonne Reyes. La modelo y presentadora era la reportera de la gala para el canal Global Gift Foundation y hace la gira mundial con ellas.

Rafael Amargo y Domingo Zapata en la Art Basel de Miami, 2017

Por supuesto la mesa más animada fue la del bailaor  y Zapata, en la que reinó una multicolor y estupenda Àgatha Ruiz de la Prada, enfundada en un mono de lamé oro, acolchado, que estrenó en el Sicab de Sevilla y que lleva un corazón púrpura bordado en el pecho, será el amor? pues será, será, que está ella pero que muy dispuesta. Habló mucho con Amargo, que se va a Tokyo el día 20, ciudad que es como su segundo hogar, y de allí a Nueva York, donde presentará en Broadway un espectáculo en febrero que podría llevar la ropa de la diseñadora (ahora) feliz. Por cierto, Domingo Zapata donó a la causa de Longoria los 115.000 dólares que recaudó la subasta de tres de sus obras en una de las cuales le echó una mano Alejandro Sanz.

Pero donde se desató la locura fue en el party de Zapata, celebrado en el mítico hotel Delano, el favorito de Madonna que el artista decoró con fotos de su musa, Marijo Shatilo, y en el que actuó Amargo y toda su troupe convirtiendo el hotel en una auténtica cueva del Sacromonte. No faltó a la fiesta la familia Soldevila, una de cuyas hijas, Sofía, presentó un neón mural, Wyn Wood, de gran repercusión mediática. Se echó en falta a otra de las hijas, Elena, que quedó al frente de sus “fermatas” barcelonesas, las pizzerías de moda. Luego, la familia voló a Tolum para unas pequeñas vacaciones prenavideñas. Y así, con acento español, se cerró una espectacular feria de arte que ha revolucionado el mundo, ha mareado la economía y ha hecho correr el dinero que lo mueve todo.