abril 2018

Rodrigo Leao, uno de los fundadores de Madredeus, celebra los 25 años de su carrera con un concierto especial el próximo dos de mayo en el Teatro Victoria de Barcelona que titula “O Aniversário”. Será una mirada única que incluirá sus composiciones instrumentales más aclamadas, sus grandes éxitos y muchas de sus colaboraciones más notables, todo lo cual conformará lo que será, más que una retrospectiva, un punto de entrada a su extenso catálogo. Así pues en el concierto estarán presente las canciones pop, la música electrónica y los clásicos de orquesta. También podrá escuchase parte de la banda sonora de la película  “El mayordomo”, de Lee Daniels (con Oprah Winfrey, Forest Whitaker, Robin Williams, Cuba Gooding jr. y Jane Fonda en el reparto), por la que fue nominado al Oscar. Está previsto que interprete asimismo su música para el paisaje acuático “Bosques submarinos”, del fallecido Takashi Amano, y extractos de “O Retiro”, su colaboración orquestal con el Coro y Orquesta Gubelkian. Y sonará la pieza que lo inició todo, “Ave Mundi”, el instrumento de inspiración clásico de su primer álbum en 1993.
Explorador intrépido de todos los aspectos de la creación musical, diluyendo fronteras entre lo popular y lo erudito, electrónico y orquestal, Rodrigo es un nombre muy conocido en Portugal desde que comenzó en 1982 como bajista para la banda de nueva generación Sétima Legiao, que compartió con Nuno Cruz y Pedro Oliveira, tres años antes de que fundase el mítico grupo Madredeus para fomentar la música de raíces portuguesas pero alejadas del vado, y que le llevaría a la fama internacional. Así que en 1985 se unió a  Pedro Ayres Magalhaes (que estaba en el grupo Herois do mar); a Gabriel Gomes, experto en acordeón y Francisco Ribeiro, violoncelista con gran capacidad vocal. Pero les faltaba una solista, que finalmente encontraron en una taberna del Barrio Alto donde se tomaron un descanso tras escuchar a muchas aspirantes. Allí les sedujo la voz de una joven, Teresa Salgueiro, que cantaba por pura distracción. El nombre del grupo salió del Convento de Madre de Deus, situado al lado del Teatro Ibérico donde ensayaban. Rodrigo abandonó esta formación en 1994 para entregarse a dos de sus primeros grandes proyectos, las obras Mysterium, en 1995, y Theatrum, en 1996.
El músico es uno de los artistas portugueses más queridos y respetados, con composiciones que han alcanzado el número uno en las listas de éxitos de todo el mundo, una categoría  que han equiparado a la de Ryuichi Sakamoto, Ludovico Einaudi o Jóhan Jóhansson.
Rodrigo ha buceado a menudo en música minimalista contemporánea, elaborada especialmente desde el campo instrumental, alternando su trabajo con todo lo referente al mundo electrónico que mezcla con instrumentos de cuerda clásicos.

Ya (me) advertí que era peligroso exponerse a una sobredosis de tules, guipures y encajes varios. Y me pasó factura la tarde del viernes. primero porque al colgar el post del retorno de los Abba -que pillé leyendo el Mail Online dentro de un taxi-, el corrector automático del móvil me jugó una mala pasada. Y al escribir el nombre de la canción “I Still Have Faith In You”, salió “I Have Stil.les”, como Álex Stil.les, apellido del gran jefe de XXL, una de las compañías que han gestionado la Barcelona Bridal Fashion Week, y nombre en continuo uso en mis redes. La falta de unas gafas y la prisa por llegar al evento de “Elle” me privó de la necesaria revisión y, en este caso, corrección.

Estermaria Laruccia, directora de la Barcelona Bridal Fashion Week

Luego, ya en plena entrega de premios, escribiendo y colgando posts, escribí tan ricamente que estábamos en el Ayuntamiento de Barcelona, cuando en realidad era el Paraninfo de la Universidad de Barcelona, edifico tanto el uno como el otro, bien conocidos por el que aquí suscribe. Iba a tal velocidad todo, hasta que Joana Uribe, directora editorial de la redacción Catalunya de Hearst, que estaba en el mismo lugar, me mandó un correo advirtiéndome del error. Y me apresuré a hacer otro envío masivo a través de todos los conductos posibles, al tiempo que atendía al desarrollo del evento. Que era la fiesta The Elle International Ceremony Awards que premió todo el entorno del mundo nupcial.

Al efecto, la Universidad se tiñó de fucsia, un color que invitó a la cordialidad, pues todo fue una felicidad atendida por una audiencia notable (casi 400) que compartían concepto, convirtiendo el dress code cocktail requerido en la invitación en un “ponte lo que quieras”, que es lo que hace todo el mundo.

A Purificación García le sienta bien el fucsia de la Universidad

Presentó Rossy de Palma, que llegó justa, maquillada y peinada muy en su línea “Pocahontas”, con el traje (nupcial) de Yolan Cris en una bolsa, acompañada por su hija Luna, una impresionante, bella e ingenua pero lista muchacha. También a su aire llegaron los diseñadores Viktor and Rolf con su secretaria. Reem Acra en familia, y mucha pareja de todo tipo, edad y condición. Y también mucha soledad disfrazada de  melancolía que no es más que un aburrimiento mal disimulado.

Hubo copas desde el principio, y anónimos amantes del photocall que posaron para sus vanidades interiores y amistades varias. A Purificación García le sentaba bien el fucsia, color que enamoró a Viktor and Rolf, o sea que igual es su distintivo fetiche de temporada. El fucsia es como el color del amor en madurez, la sazón del sentimiento, o igual es otra cosa, vayan a saber. Pero amansó a las fieras, que estos actos de final de temporada, salón, feria o lo que sea, suelen ser un desmadre padre de muy señor mío. Y aquí todo se convirtió en un dechado de educación y tono que ni en Versalles.

Luna, hija de Rossy de Palma, en la fiesta de los premios “Elle”

Todo listo ya en el Paraninfo del edificio histórico de la Universidad de Barcelona, con un pobladísimo jurado en el estrado (planas mayores de “Elle” del mundo), y Estermaria Laruccia, directora de esta semana de novias, paseó su excelente estar para dar la bienvenida a los invitados que lograron plaza. Tras ella irrumpió Rossy de Palma, dentro de un poncho de encaje que no es de lo más aparatoso de Yolan Cris, y ya que era sólo para un rato, podrían haberle colocado algo más estrambótico que hiciera provocativa la imagen. Luna, la hija, iba también de Yolan Cris, con un vestido exquisito, en transparencias y oros, que se quitó, como mamá, tan pronto terminó la oficialidad del evento: era trajes a devolver, ya.

Reem Acra, mejor vestido de novia, según “Elle”

 En diversos idiomas, fueron cayendo los premios: el mejor vestido para Reem Acra y Tiffany & Co., y la mejor colección para Viktor and Rolf: todos allí en primera fila, felices y encantados, al parecer la ciudad aún mantiene ese aroma de cordialidad y de acogida que nos ha caracterizado siempre. Carlo Pignatelli ganó como la mejor colección de hombre (lo recogió personalmente); Jenny Packham, ausente, y Óscar de la Renta (difunto) obtuvieron el trofeo al mejor desfile, mientras que el reconocimiento a toda una vida fue para la recién jubilada Carolina Herrera, asimismo ausente. La mejor campaña de publicidad fue la de Pronovias, y las jóvenes de Sophie et Voila (Sofía Arribas y Saioa Goitia), fueron reconocidas como las mejores estilistas jóvenes. Cartier fue la joya nupcial por excelencia y el resort Royal Palm Beachcomber de Mauricio, el lugar idílico para la luna de miel. Por premiar hasta eligieron al mejor weeding planner, que recayó en el británico Bruce Russell, un señor que sólo con verle el pelo (corte tazón), y los zapatos (charol bicolor, king size), era para eliminarlo hasta de la lista de invitados.
Después ya se desató la locura, es decir, se sirvieron copas y el jardín fue punto de encuentro para mitigar el calor. Un buffet propio (de Gastroferia) sirvió a una hambrienta grey que llevábamos allí un par de horas entre el glamour desaforado de tropas de moda de todas nacionalidades de las que no puede fiarse uno a tenor de lo que llevan puesto. Al escribir que no puede fiarse uno, quiero aclarar que me refiero, única y exclusivamente, a sus consejos a la hora de dictar tendencias y crear opinión y aconsejar moda. Vamos, que me pasa lo mismo que con el weeding planner. Y es que entre blogueros, its de toda calaña, influencers y simplemente los que piden prestado, la mezcla es de zoo. No sabiendo qué ponerse, lo mejor es lo que les pille más cómodo, dentro de un orden.

Radiantes, blancas y de todos la colores y maneras. Casarse es una fiesta que cada cual vive como quiere, en especial las novias, estrellas de la función. En una pletórica BBFW, o lo que es igual, la Semana de las novias de Barcelona, las ofertas se han multiplicado para satisfacer apetitos de todos gustos, que para eso están los colores. Y de todos los desfiles, elegimos dos, el de Jesús Peiró y el de Cristina Tamborero. El primero es el gran tapado de la especialidad, aquel que en silencio, despacio, se ha colocado como el tercero en discordia al a hora de la exportación. La segunda por la fidelidad de un clasicismo que trabaja con elegancia y del que ya está lista para cambiar de rumbo.

Jesús Peiró, es una marca propiedad de Jesús Diez, donde diseña Merche Segarra desde que años ha desapareciera el también creativo José María Gangonells Peiró, socio del primero. Los trabajos que ahora nos trae Segarra están agrupados bajo el lema Heritage, y es un homenaje a la historia de la firma, que empezó a caminar, siempre hacia arriba, hasta llegar a este año con un envidiables palmarés: presencia en 30 países con más de 200 clientes y 60 puntos de venta en España, con vistas a ampliar su estrategia digital en redes ultimando la puesta en marcha de su propio canal de YouTube. Preguntados los expertos, cuentan que el secreto de su éxito estriba en la base artesanal de sus fabricados, pues todas las fases de producción se realizan en sus talleres de Viladecans (Barcelona), que sigue funcionando con los tradicionales procesos artesanales, incluidos el acabado a mano y la fabricación a medida de todos sus pedidos, si bien cuentan también con talleres externos, siempre en territorio nacional, y mano de obra altamente cualificada.
Heritage, la colección que nos ocupa, está compuesta por 35 vestidos realizados en estas coordenadas. La excelente y exquisita estilista Anna Vallés, que colabora con la firma, ha tenido a bien diseñarles un fascículo de gran formato con una breve pero limpia historia de la firma y dos detalles adicionales muy simpáticos: en una doble hoja aparecen dibujados hasta 215 dedales de todas las épocas con un nombre propio debajo, presumiblemente uno por cada colaborador del taller. También tiene en cuenta el folleto las denominaciones de los 35 vestidos que configuraron el pase, cada uno titulado de modo original. Así, el que abrió fuego llevaba como lema “Le gustan mucho las prendas que arropan, es friolera”, y era un abrigo de doble raso con espalda de guipur. Falda campana en tul vintage y tul ilusión. Y el segundo, presentado como “Le encanta enseñar los hombros, pasa horas en el gym”, era un vestido de tul bordado de pedrería con efecto tatuaje. Así hasta llegar al apoteosis, el 35, definido como “Novia reina, la más”, que acogía un vestido con cuello a caja y manga larga en volumen gran envasé, bordado en cristal sobre tul verde tierno. Como verán todo una imprescindible apoyo y ayuda para los neófitos en estos campos textiles.

Había un guiño en la colección. Con el número 15, la niña bonita, rezaba el lema “Novia a la fuga”, como el filme de Julia Roberts. Constaba de un abrigo de tul bordado a mano de panamá gigante, con canesú de chantilly en forma de red, con puños de plumas de avestruz y gallo. Y lo lució la recién llegada al proceloso mundo del corazón rosa Sandra Gago, famosa hoy por ser la novia de Feliciano López que, casualmente, ha jugado en el Torneo Godó que coincide estos días en Barcelona. No le trajo suerte al tenista la presencia de su novia, porque fue eliminado, aunque batió un récord: sus 18 torneos Godó consecutivos. Lo de la novia y la fuga viene porque al bien plantado mozo se le escapan todas, incluso una con la que se casó, Alba Carrillo, le duró menos que un pastel en la puerta de un colegio.

Elisabeth Reyes cerrando el desfile de Cristina Tamborero en la BBFW

La otra diseñadora que aleatoriamente he seleccionado para este simposio particular de trajes nupciales es Cristina Tamborero. Es la joven y la más fresca de todos los diseñadores de la Bridal. También la más prometedora porque mantiene una fidelidad a sus propios postulados: cualquiera de sus creaciones podría lucirlas ella misma. Su elaboración respira el aire de atelier de piso magnífico del Ensanche barcelonés, un imaginar porque ignoro dónde toman cuerpo sus creaciones. Tiene líneas vaporosas, se escapa la juventud en sus volúmenes, nada aparatosos, y  una innata elegancia, muy barcelonesa y chic, todo junto, parece emanar de cada uno de sus trajes. La colección empezó con cierto sabor a trampa: no eran novias y, de serlo, se tomaban la ceremonia de otro modo. Ven eso de casarse más que nunca como una fiesta, a ser posible por la tarde, en cualquier paraíso, y no necesariamente playero. Se notó ya en el vestido que abrió fuego, una impresionante silueta de corta manga bordada en pedrería como los bajos, en tonos verde agua, a la que sirvió de soporte la estatuesca Elizabeth Reyes, cuya cierre de desfile no manejó con  la candidez requerida: mover la sobrefalda de un vestido requiere una delicadeza de la que carece la bella modelo. También destacó en pasarela la presencia de Joana Sanz, a la que acompañaba su novio, Dani Alves (vestido de almirante pop), lateral derecho del Paris Saint Germain, sentado en primera fila, contemplando embelesado los andares de su amor. Amor que, por cierto, no sabemos si era la luz o no, pero nos pareció observar que se la ha ido la mano en el colágeno labial, aunque igual era una una falsa apreciación (me temo que no),
Cristina, que sumergió su trabajo en la flor del cerezo, dividió su colección en dos partes. Una primera que denominó Ixia, dedicada a los trajes de fiesta donde suelta su lado mas joven y fresco, y la nupcial, a la que llamó Hanami. La primera es romántica, de amaneceres y atardeceres, inspirada por el pintor norteamericano Martin Johnson Heade, peculiar artista, paisajista, amante de colibríes y las orquídeas. Un hombre melancólico, un tanto dramático y cruel, que se casó a los 64 años y murió en Florida entre flora y fauna exótica, pero olvidado por todos: aún me pregunto cómo la joven y encantadora Cristina pudo descubrir y empaparse de la extraña, pero hermosa, sensibilidad del artista. Quizá se lo contagió su padre, el experto letrado Ramón Tamborero metido esos días en los asuntos de Arantxa Sánchez Vicario.
La línea de boda propiamente dicha, Hanami, es donde su trabajo justifica su presencia en el certamen con cuidado especial para los tejidos, del tul al mikado, el organdí y el crep de preferencia, que se manifiestan en los impresionantes volúmenes de las faldas mientras el cuerpo se ciñe y se airea la espalda, verdadero respiro del diseño.

Entre la seducción y la provocación sólo existe una delgada frontera llamada delicadeza. En la mayor parte de las ocasiones, se trate de lo que se trate, cruzar esa línea te arroja del éxito al fracaso en un suspiro. En los diseños nupciales la cosa es mucho más peligrosa porque crear un traje alegórico de la virginidad y convertirlo en una tentación más propia de la noche de ese día que de la hora de la ceremonia (religiosa de preferencia), es toda una hazaña. Hablábamos ayer de Rosa Clará y su momento creativo al respecto, ese prêt-á-rever, con que las novias aparecen blancas y radiantes. Casarse, soñar, todo es un instante, un “si, quiero” envuelto en prendas que cada vez ofrecen más perspectivas. No sólo se adaptan a la figura de la novia, la única a atender, sino que tienen estación, temporada y tendencia. De eso nos ponen al corriente desde la Barcelona Bridal Fashion Week con tal colección de ofertas que, de no ser experto, puede uno caer en una muerte súbida por ataque de tejidos suaves, encajes y tules de todo tipo.

En esta edición, el Salón acoge a 370 marcas, un 20% más que el año pasado, procedente de 28 países de todo el mundo. Los desfiles están a la orden del día y han tenido un colofón (palabra fea donde las haya), con la presencia de Reem Acra que ha traído a Barcelona su colección nupcial para el 2019. A quien pueda interesar, Acra, de edad indeterminada, nació y estudió en Beirut, donde sus padres trabajaban en la American University of Beirut Medical Center. Tras graduarse en la escuela de negocios estudió diseño en París y Nueva York, donde se estableció en 1983, aunque no lanzó su primera colección nupcial hasta 1997. Pero tanto sus trajes de fiesta como su línea de prêt-à-porter son referentes en el mundo de la moda, conformando con Elie Saab, Zuhair Murad y George Chakra, el cuarteto libanés del diseño por excelencia. Colecciones todas que destilan buen gusto, estilo y brillos por todas partes.

Acra es una mujer simpática que aceptó de buen grado la invitación de la BBFW para presentar su trabajo, aunque exigió, dada su profesionalidad, una serie de condicionantes no sólo en cuanto al personal que debía acompañarla sino también controlar el transporte de los treinta vestidos y accesorios. Trabajó en el montaje desde el diseño de la pasarela hasta el último detalle de las coronas nupciales: nada se presentó sin su supervisión personal. Exigente sí, pero amable y simpática con muy buen trato con todo el mundo. De ello dan fe no sólo quienes han colaborado con ella sino el personal del hotel Mandarín Oriental en cuya suite presidencial se ha alojado. Y ahora veamos su trabajo.

Reem Acra saluda al final de su desfile de la BBFW en Atarazanas

Los trajes de Reem Acra (que por cierto viste también a las mejores estrellas de Hollywood), son exquisitos y, a pesar de sellar estación, intemporales. Fueron presentados en salidas que funcionaron desde las líneas pegadas al cuerpo, hasta los grandes volúmenes, aquellas faldas casi imposibles de sedas gruesas que dotan por si solas de una cierta majestad a quien las usa. Las telas más preciosas y precisas para unas líneas que, en buena parte de la presentación y como línea general, retomaban el medioevo en sus cortes y, en algunas, muchas, ocasiones nos trasladaban al “Camelot” de Joshua Logan, donde Vanessa Redagrave, una exquisita reina Ginebra, se debatía entre sus dos amores, el rey Arturo y el caballero Lancelot. El apoteosis final del desfile fue revivir el mágico momento del “Take me to the fair” donde la reina y sus damas parecen escapadas de cualquier pintura rafelista. Una maravilla en la que tenemos que señalar la frontera entre la seducción (de los tejidos transparentes), y la provocación que su utilización proclama. Reem Acra trabaja lo primero en función de lo segundo de modo que nunca altera la pasión la contemplación de cualquiera de ellos, aunque estimula el deseo.

 Pasearon las creaciones bajo el gótico de las Atarazanas, convertido en impresionante jardín por el paisajista sevilano Fran Cisneros, aunque, y eso es para molestar, dada la magnitud de la belleza de lo exhibido yo hubiera barajado la posibilidad de trabajar una iluminación que resaltara altura y magnitud de los arcos, y limpiar el paseo nupcial sólo para los diseños.

Tamara Falcó responde a los medios con su innata ingenuidad

Hubo una fiesta posterior, con copas a discreción y alterada cena fría, a la que asistieron prensa y compradores. Por especial indicación de la diseñadora no asistieron Vips de photocall, reuniendo toda la atención de la prensa la inefable Tamara Falcó. Y si el día antes su padre, el marqués de Griñón y su esposa, Esther Doña, nos regalaron su habitual muestra de educación y saber estar, anoche fue la hija la que, también fiel a sus cánones, nos regaló ingenuidades varias, atendiendo por otra parte, las habituales preguntas sobre su madre, Isabel Preysler, y ese novio que nunca le llega, temario al que se añade ahora los gemelos de su medio hermano Enrique Iglesias que son,  naturalmente “monísimos, unos muñecos”. También vimos a Juan Avellaneda con primaveral tapicería en la chaqueta, así como a la incombustible Marita Guerín, y a Jordi Rabat con esposa, la bella Eva Palao, que se retiraron muy pronto, que también tienen dos muñecas en casa de las que no pueden prescindir. Nota al margen: no hemos visualizado políticos en esta semana de novias, vale, que no están para bodas. No diré que se les eche en falta, pero siempre se les pueden censurar algunas cosillas. No hay regla sin excepción: hablamos con Jaume Collboni, alcaldable, que actuaba ya en funciones. Es nuestro muñeco exótico particular, alguien que al menos, siempre queda bien. Que  nos haga quedar bien, ya se verá.

La Semana de la moda nupcial avanza a toda vela, aunque a tal velocidad que esperamos no morir víctimas de una sobredosis de organdí, que como final es muy sofisticado, pero, desesperadamente, también es un modo de acabar. Los desfiles se realizan en la Feria de Montjuic, adecuada con el mejor de los estilos y mezclando tendencias. Mientras en el salón de desfiles manda el techno original del palacio con su futurista iluminación, el lounge, enorme, práctico y cómodo, tiene ambientación tropical. Manda Caribe y La Habana esta presente en cada pase con la voz de Camila Cabello entre palmeras, mientras un piano blanco recuerda a Hemingway, no sé porqué, y a Bogart, aunque Casablanca aquí aún lo entiendo menos. Claro que menos entiendo a las influencer y ahí están vestidas del catálogo prestado por las marcas con algo que sólo llevan ellas, son como los antiguos hombre anuncios sólo que usando sus propios cuerpos como reclamo. No lo duden, cuando vean a una jovencita disfrazada de algo que ustedes jamás comprarían, esas son las influencers que lo llevan porque se lo prestan. Siguiendo con el Salón, terminemos en los cuidadísimos baños, a los que se llega tras una larga vereda también tropical, de coloristas y gigantes flores en el suelo, rematada por un conceptual neón fucsia que indica BBFW was here!

Elena Galera, Antonella Ruccozzo, Rosa Clará, Núria Cunillera y Daniella Semaan

Algunos creadores se toman un respiro y cambian de decorado, caso de Rosa Clará que llevó su colección al Hospital de Sant Pau para deleite de prensa y compradores extranjeros. Todos juntos, eran como la ONU de la costura nupcial. Muchísimo italiano, mucho inglés, bastante francés, suficiente alemán, y una notable Torre de Babel compitiendo con los edificios de Lluís Domènech i Montaner, sobre todo a la hora del lunch de Nando Jubany en el patio central, cuyo colofón fue un after party en los bajos del edificio, con discoteca incluida.

Rosa Clará, Ignacio de Ros, María del Mar Raventós

Antes de la fiesta hubo el pase de la diseñadora catalana, cuyos 24 años de experiencia le proporcionan un reconocimiento universal. Fue la encargada de recibir a sus ilustres invitados, entre ellos a sus amigos, los marqueses de Griñón, siempre en ese punto que te asegura que si ellos están allí es porque el prestigio está incluido: si no, ellos lo aportan con su presencia. Siempre amables, me contaron las propiedades del aceite corporal que van a lanzar, “un serum”, nos clara Carlos Falcó, mientras que Esther Doña nos muestra sus maravillosas propiedades sobre su piel. Veo con Águeda López, esposa de Luís Fonsi, imágenes de sus hijos, que son una dulzura. Linda Morselli cuenta su amor por Fernando Alonso, y Pol Espargaró, demasiado informal para la ocasión, exhibir el suyo por su novia, la tan espectacularmente bella como discreta Carlota Bertrán. En primera fila también Manuel Outumuro, artífice de toda la imagen gráfica de Rosa Clará desde su objetivo mágico.

Punto y aparte para las Wags del momento: Elena Galera, pareja de Sergi Busquets, en su cuarto mes de embarazo; Núria Cunillera, esposa de Xavi Hernández; Antonella Roccuzzo de Messi, perfecta  tras dar a luz a su tercer hijo: y la siempre espectacular Daniella Semaan, eterna novia de Cesc Fábregas, explosiva en su línea Kardashian, de apretado leggin y jersey rojo bajo colorista bomber. Una especial ilusión volver a ver a María del Mar Raventós, presidenta de Codorniu, con su esposo, Ignacio de Ros, uno de los matrimonio más encantadores de la sociedad catalana, ella con un elegante vestido abrigo en tono cava, como tenía que ser. Metidos en el caldo catalán, ellos no sólo solera y prestigio de una marca familiar, sino las burbujas que añaden esa tremenda tentación que nos seduce visualmente primero y nos alegra el momento después.

Carlos Falcó y Esther Doña, marqueses de Griñón

Con ellos, y unas setecientas personas más, vimos el desfile, una nueva muestra del talento de Rosa Clará, siempre atenta al aire del tiempo. Su colección obedece a una de las principales premisas de las clientes de hoy, la vuelta al romanticismo, algo en lo que ella se siente especialmente feliz. En un tiempo en que las novias se debaten entre el prêt-à-porter de ocasión, el prêt-à-coucher de necesidad. y el prêt-à.baiser, de provocativo reclamo, Rosa Clara lanza su prêt-à-rever, porque sitúa a sus novias listas para soñar. Sus líneas siempre femeninas y limpias, tiene su principal intención en los tejidos delicados y fluido, los más inspirados para ese momento romántico que todas sueñan. No hay provocación, sino elegancia en escotes y espaldas que magnifica la epidermis, ajusta los cuerpos y deja que sea el volumen de las faldas el que convierta a las esposadas en princesas de un cuento para que ese vestido que lucen ese día se convierta en pauta de estilo para su fondo de armario.

Un momento del desfile de novia de Rosa Clará, abril 2018

Los encajes caen desde la cintura, salen como cintas etéreas que flotan sobre patrones que disponen medidas para todo tipo de ideas. Hay siluetas para esas novias que prefieren un estilo retro a su vestido especial, y también para esas otras que basan su desfile principesco en cuerpos ajustados, espaldas descubiertas y tules de ilusión escapados de moños bajos o pequeñas diademas. Nos sorprendió la colección de pendientes diseñados por y para esta colección por Majorica, en la que además de perlas hay elementos corporales de longitud considerable y que a veces parecen confundirse con el escote. Rosa ha estado muy feliz completando esos diseños “solo para ella”, que han ocasionado algún pequeño problema porque muchas de las chicas no tenían agujeros en las orejas, así que un duplicado de la colección tuvo que repetirse utilizando clips para el cierre perfecto.
Fue una marea de encajes, chantillys, valenciennes, micro guipures y cintas de terciopelo. Todo un perfecto surtido para una nueva colección que materializa un sueño que Rosa Clará diseña, que es para todos, aunque ella sólo piensa en la novia, sólo para sus ojos. Y para que el novio vea con los suyos a la novia más bella del mundo, a la que parecen haber vestido prêt-à-rever.

“El Partido Comunista es totalitario, jerárquico y conservador. No tiene nada que ver con el comunismo religioso. Es otra cosa. Yo he estado a algunas cuestiones del comunismo, pero me he encontrado a más gente cercana a mí en círculos libertarios como tiendas ecológicas o asociaciones de derecho animalista”. Copio directamente las premonitorias declaraciones de Francisco Contreras Molina (Elche, 1985) hace un par de años a El País. El Niño recogía anoche el XI premio Christa Leem instituido por el lobby “Uno de los nuestros” ideado por el agitador cultural barcelonés Joan Estrada. Se denomina Lobby pero podría ser perfectamente una peña formada por una colección de chiflados -de toda procedencia y profesión, pero del mismo credo-, que en lugar de utilizar danzas regionales como elemento recreativo, usábamos la palabra como medio de expansión. Muy probablemente muchos de ustedes, amables lectores, no sepan que este grupo (la asepsia de la palabra resulta útil, aunque cool), se formó hace 16 años a raíz de un cierto desencanto sociocultural que atravesó la ciudad de Barcelona. Desafortunadamente no hubo salida y este bache que hoy atravesamos no es más que el producto de la mala gestión de unos dirigentes dispersos, cuyas ambiciones contemplaban unas metas no aptas para las soluciones colectivas, sino para complacer intereses individuales. Un puñado de años después, este loco colectivo sigue con sus reuniones mensuales para aumentar el número de agitadores otorgando un premio que lleva el nombre de nuestra musa transgresora, Christa Leem, porque en el fondo todos somos un poco Christa aunque sin el coraje para desnudarnos  del modo que ella lo hacía. Lo gastamos todo en textos, ideas para resolver estos crucigramas, siempre paisajes con palabras, que siempre puede sonar a cobarde porque nada más fácil que echar a la mar barcos de papel. Por eso necesitamos cada año señalar a alguien con el arrojo de echar al aire sus cometas y sus dardos, todas esas ideas nuestras, surgidas de una necesidad de arreglar la vida partiendo siempre, como dice nuestro chiflado mayor, de nuestra visión progresista de la vida, “una posición humanista  a favor de los derechos humanos, la educación libre y la cultura, con una visión social centrada en las virtudes de la política, siempre en plan participativo y en el ejercicio de las libertades, desde el compromiso y la solidaridad”. Serrat, Baltasar Garzón, Patti Smith, Ian Gibson, Miguel Poveda, Marcos Ana y Javier Pérez Andújar son algunos de estos personajes que han recogido este reto, que en el fondo es lo que es esta máscara, que diseña Pilar Villuendas, un arma para seguir en el combate.

Y este años ha sido el Niño de Elche a quien hemos compensado por su entrega especial al ejercicio de una profesión en que ha roto costuras y ha dejado al viento el cuerpo del delito. Fusión sería la palabra, maridaje también me vale, comunión sería asimismo válida para el trabajo de este flamenco que desde hace (pocos) años, está revolucionando todo lo que toca. Un hombre que sorprende en redes donde rasga una guitarra con deseo, el mismo que pone en sus conciertos, donde comparte con Martirio, reza frente al Gernika, o en el reina Sofía. Composiciones como “Voces del Extremo”, elegido mejor disco del 2015 por la asociación profesional de Periodistas Asociados Musicales, o como lo es “Antología del cante flamenco heterodoxo”, le han llevado a romper escenarios como el del Festival Guitar BCN 2018 o el del Sonar del año pasado.

Rosana Torres, que presentó al artista dijo de él que “que tocaba la guitarra a los ocho años, cantaba a los nueve, ganó su primer premio a los 10, a los 18 compuso una soleá con letras de un rapero y a sus 33 años ha revolucionado ese arte después de una decena de discos”, todo lo que le ha facultado para considerarse un exflamenco, que lee poesía y filosofía,

“Le interesan todos los pensadores”, insistió Rosana Torres para definir a un cantaor que admira a Nati Mistral, Lola Flores y Francis Bacon: “Mi vida la resumo en dos, cuando hacía flamenco clásico y cuando cambié de filosofía, con Francis Bacon”, dijo el Niño al que la periodista calificó como  “libre, dulzón, intelectual, rompedor, disidente, abstencionista y reflexivo”. Una delicia de hombre, agradecido y complacido tanto del galardón como de los textos de Torres como de Pérez Andújar, otro maestro que en su glosa hizo interactuar a los niños del mundo, desde Billy, el Niño al Niño de Elche pasando por el lazarillo de Tormes, toda una elegía para un país, el nuestro, del que nos descubrió a nuestros verdaderos padres, Indíbil y Mandonio, los ransgresores mesetarios más eclécticos por antonomasia.

Joan Estrada, Carmen Vernoff y el Niño de Elche

Unas palabras que diseñaron una velada entrañable, también sin corsés ni normas, en la que se repartieron rosas rojas (era la noche de Sant Jordi) y en la ciudad hervía la pasión por leer, mientras la audiencia se repartía entre premios literarios, la apertura de la Bridal Fashion Week y un reconocimiento a la divina Ana Belén. Dudo que en ninguna de ellas se rozara el nivel de humanidad, ruptura, sinceridad, amistad y frugalidad (aperitivos meloso de carne y helado con fruta), como en la que nos ocupa. Y donde, rozando el surrealismo, se vieron algunos galgos, sí, galgos, a causa de una sociedad a la que apoya Joan Estrada ajena al lobby, por supuesto.

El Niño de Elche con su trofeo Uno de los nuestros

Fue una noche loca por sí misma, simpática y llena de dolor solventado con la pasión de vivir. Carmen Vernoff, 97 años, y madre de Christa Leem, recordó que ese mismo día la artista (fallecida en el 2004 y a cuyo entierro apenas acudió un mínimo porcentaje de sus enloquecidos aduladores), hubiera cumplido 65 años. Y el propio Estrada saludó a dos mujeres con la sonrisa del recuerdo: Carme Puig Antich, hermana de Salvador, una de las veteranas del lobby, y Lucila, a la que llamó dos veces viuda, porque fue pareja de Pepe Rubianes y luego de Carles Flavià: “es la viuda negra, alejados de ella”, bromeó. Y reímos todos, como lo hubieran hecho los interesados si es que desde alguna parte ojalá lo estuvieran viéndo.

Luego mareé al Niño haciéndole posar aquí y allí hasta agotar su paciencia. No había para menos, pero creo que disfrutó. Nosotros, más. Búsquen. Escuchen y ya nos comentarán.

Los refranes siempre tiene razón. Y si hay uno que asegura que “de ser bien nacido es ser agradecido”, la señora Águeda López nacida en Córdoba (España) el 21 de Agosto de 1981, lo cumple al extremo más elegante. He aclarado que es cordobesa de España porque dado que en su trayectoria profesional y personal intervienen diversos países sudamericanos, no quisieran que la ubicaran en cualquiera de las ciudades del mismo nombre que existen en América latina, de las que Argentina. México, Colombia son las más conocidas,  pero hay 21 más.  La bella y lozana andaluza es modelo de profesión base, y aunque dispone de otras virtudes y cualidades, hemos de señalar que su popularidad actual se debe a que su esposo es el autor de la canción más pegadiza de los últimos decenios, “Despacito”. Porque Águeda López es la señora de  Luís Fonsi.  Y, ¿por qué agradecida la hermosa?, se preguntarán. Pues verán. Cuando un famoso llega a Barcelona a promocionar algo, lo normal es que sea amable con los medios, pero no suelen saltarse una línea del guión de lo políticamente correcto. Lo que no es habitual es que no pongan límite a su tiempo, acepten cualquier pregunta o foto, te pida una imagen en la que crea que está favorecida (tremenda inseguridad porque Águeda lo está en todas), y conozca a la perfección no sólo el producto cuyo mensaje viene a trasmitirnos, sino también a su dueña, en este caso, Rosa Clará. Y que además te facilite sus datos para que puedas enviar las imágenes y, lo que ya es el colmo de la delicadeza, te agradezca con bellas palabras en envío.
La diseñadora catalana y la modelo congeniaron en Miami de tal modo que cuando Águeda se enteró que Rosa andaba de fastos con la Barcelona Bridal Week pilló un avión y como en la canción, hizo “paff” y apareció a su lado. La primera cita fue en las instalaciones de Clará en el cinturón industrial barcelonés, un macro espacio de cinco plantas, soberbio en todos los aspectos, que alberga, entre otras cosas, nueve colecciones de novia y cuatro de fiesta con un total de 1.500 vestidos en exposición, sin duda el mayor show room del mundo. Por este espacio desfilarán durante la semana que empieza mañana, más de dos mil clientes de todo el mundo, pues la marca de la catalana está presente en 80 países, con 140 tiendas y 4.000 puntos de venta. La semana tendrá para Rosa su cénit cuando presente su  nueva colección, el martes,en el recinto modernista de Sant Pau, Patrimonio de la Humanidad, que presidirá por supuesto Águeda.

Pero, quién es esa chica? Atentos. Practicó ballet hasta los trece años y estudió Periodismo en Madrid, fue Miss Toledo en el año 2000 y finalista en Miss España de ese año. Esa experiencia le abrió las puertas de la moda, dedicándose así a su otra afición, la pasarela. Un camino que empezó en España, siguió por México y culminó en Miami al ser fichada por la prestigiosa agencia Caroline Gleason, que la llevó a ocupar las portadas de las mejores revistas de la vida social. En el 2010 un encuentro casual cambiará la vida. Conoce en un estudio de fotografía a Luís Fonsi, portorriqueño, se enamoran y se van a vivir juntos. Fruto de su amor nacerá Mikaela, que ya tiene seis años, y más tarde Rocco, de uno. La pareja se casa en el 2014 en el Valle de Napa, aunque no será la primera vez. A tenor de lo escuchado entre Rosa y Águeda, parece que pronto habrá una segunda boda porque cuchicheaban acerca de medidas, telas y líneas para un diseño especial (nupcial), una conmemoración de su amor. Porque Águeda y Luís se quieren como el primer día, ella le siguen cocinando platos de su particular dieta mediterránea (lo que le sale mejor es la fideuá), y él sigue sacando la basura cuando ella se lo pide, y ayudando a Mikaela a hacer los deberes del cole. Ahora el popularísimo marido viaja más, pero la familia también, por lo que ha dispuesto un plan de ataque y defensa: cuando llevan unos días sin verse, o es él quien pilla un avión, o es mamá y su parejita ideal los que se van a compartir el tiempo que sea de la gira de papá.

Rosa Clará y Águeda López con tres modelos de la colección de la primera que presentará el martes

Mientras, Águeda no está de brazos cruzados. En el 2013 tiene una sección fija en televisión, “Mamá al rescate” del popularísimo “Despierta, América”, donde cuenta su experiencia maternal y da consejos de todo tipo sobre cómo llevar la familia. Aunque la suya la maneja muy bien porque sus hijos son  “adorables y se lo ponen todo muy fácil”. ¿Aumentar la familia? No está descartado, ni planteado, “dicen que es igual pero con más ejercicio”, bromea.
Al  mismo tiempo saca la línea de ropa infantil Mikaboo, inspirada por su hija Mikaela, con la que mantiene una relación tan excelente que la refleja en un blog donde comparte sus experiencias. La gran aceptación de su espacio televisivo la llevó a copresentar “Show Business Extra” al lado de Gaby Acuña, con noticias del mundo del espectáculo, que se emite en todo EE.UU, a lo que siguió su programa propio, ” Vital” emitido por el canal Fox. Todo ello sin dejar de lado sus trabajos de publicidad y pasarela, así que actividad no le falta, y eso la hace mantener una figura espectacular que consigue a base de practicar ejercicio una hora y media al día, con dos básicos, el boxeo y la zumba. Sin olvidar darle alegría al cuero siguiendo el compás de “Despacito”. Tras el éxito del tema, y a pesar de ello, nada ha cambiado en la familia. Ha alterado sus rutinas y ahora es todo mucho más movido, aunque papá Fonsi sigue siendo el mismo, los niños están más orgullosos de él, viajan todos mucho más. Y mientras, Águeda baraja proyectos, entre ellos algunos relacionados con nuestra televisión, un espacio donde pueda demostrar, ahora y aquí, en su país, que lo suyo también es el periodismo, aunque la belleza la haya llevado por otros derroteros, Todo un encanto de señora, que es también mamá excepcional. Señora, a sus pies.

Jesús ha vuelto, sería una afirmación tremenda, así mejor escribir que siempre estuvo aquí, con lo que todos quedan contentos, tanto los fervientes religiosos como los amantes del rock. Hablamos de “Jesus Christ Superestar”, la ópera rock de los setenta, posiblemente una de las más representadas de la historia (con permiso de “El fantasma de la ópera”). Una obra de Andrew Lloyd Webber (sí, también), y Tim Rice, surgida a finales de los setenta, precedida por “Hair”, la más más genuina creación de ‎James Rado, Gerome Ragni y Galt MacDermot, -toda una  revolución escénica político social en aquellos tiempos de conflictos juveniles que se extendían del sexo a la guerra del Vietnam-, a la que siguió “Tommy”, de The Who, que, contrariamente al carácter coral de la anterior, reflejaba la vida del protagonista, mudo, sordo y ciego tras un episodio traumático. En los setenta, en pleno apogeo de las óperas rock, los Pink Floyd lanzaron “The Wall”, libremente basada en la historia de su estrella solista, y se estrenó “The Rocky Horror Show” una extravagancia que homenajeaba al cine de terror, firmada por Richard O’Brian, Jim Sharman y Richard Hartley.

Ted Neeley en una escena de “Jesus Christ Superstar”, en el Tívoli de Barcelona

El caracter religioso de “JC Superstar” imprimió al estreno, y aún en tiempos posteriores, todo tipo de controversias acerca de la figura de Jesús y su tratamiento escénico, a quien para no añadir más problemas, los autores obviaron su condición de divinidad eliminando la resurrección y cerrando la obra con su crucifixión, tras lo que la compañía interpreta el conocido tema central, toda una épica triunfalista. A pesar de todo, el Vaticano no aprobó la obra hasta el año 2000 cuando incluyó algunos temas en las celebraciones del Jubileo.

Las canciones se habían editado en disco, que funcionó mejor en EE.UU, así que su estreno se produjo en Broadway, en octubre de 1971, llegando unos meses más tarde a los escenarios del West End. En el reparto americano había un joven de veintipocos años que había audicionado para el papel de Judas. Pero a los productores les gustó su aspecto y lo aceptaron como “cover” de Jesucristo, es decir el que sustituye al protagonista en los días de descanso. Aquel joven era, es, Ted Neeley, un rockero convencido, que había debutado en “Hair”, dudaba sobre su porvenir y que éste se resolvió cuando dos años después le eligieron para protagonizar la película basada en el musical.

Un momento de la representación de “Jesus Christ Superstar”

Cuarenta y seis años después de todo aquello, Neeley interpreta a Jesucristo en el teatro Tívoli de Barcelona durante un par de semanas tras lo que partirá a Madrid para proseguir la gira mundial del espectáculo, que promete ser la última: los 74 años del actor y cantante no pueden alargar el físico de un personaje que muere a los treinta y tres. Una cuestión estética porque Neeley está impecable de voz y de físico, impresionante en sus agudos y ágil cuando la escena lo requiere. A su lado está su hija, Tessa, un calco de papá, que cuida el merchandising de la obra en el vestíbulo del teatro.

Nada menos que cinco mil funciones lleva Neeley haciendo el papel de Mesias y algo se le ha pegado. Habla despacio, amable, parece medir, y mide, sus palabras, y todo su entorno desprende un halo de tranquilidad al que son ajenos sonidos alterados. Se respira tanta paz que uno espera al final de la charla que le bendiga y hasta la cabeza se nos inclina cuando le damos la mano para despedirnos. Neeley es una estrella, aunque se comporta con una humildad de la que muchos idiotas deberían aprender. Atiende hasta el último fan que le espera en la calle para pedirle una foto y un autógrafo, sonríe, entre místico y cansado  (que lo está, que la obra es un tute), y se marcha a dormir.

En escena, Neeley, su personaje, es un retrato de si mismo, dulce y paciente, comprensivo, relajado, sólo violentado por sus preguntas sin respuesta al Creador Padre. Quiere saber, como algunos de los personajes de la ficción, como la manera de amarle de María Magdalena (maravillosa Simona Distefano), y también la de Judas (bravo Nick Maia), que en el fondo sus dudas son también cuestiones de amor. De ingenua lectura política, fábula sobre los tiempos, y resoluciones al rock and roll temperado, esta versión del celebrado musical nos llega con la misma frescura que el día que la ví, hace un montón de años en el Palace Theatre, en la confluencia de Charing Cross y Shaftesbury Avenue, la calle de los teatros londinenses. Sigue funcionando la partitura, que ahora me sé de memoria, claro, y hay pantallas de leds para confeccionar en un abrir y cerrar de ojos cualquier decorado. La programación de las luces es exquisita y la compañía espléndida. Aunque no nos sorprende, la orquesta organizada sobre el escenario en un giratorio con columnas, suena perfecta, y todo está tan milimetrado que a veces nos da la sensación de que falta ese punto de espontaneidad que precisa el contexto: cantar y rezar todo es empezar, pero ahora se reza muy poco. Jesús Neeley está impecable, pero también lo está el resto, destacando el tremendo bajo Francesco Mastroianni (Caifás), de prometedora juventud y una tesitura increíble, como el asilvestardo y revisteril Herodes que interpreta el ágil Savador Axel Berry. Es un espectáculo con sorpresas, añadidas por el director Massimo Romeo Piparo, que celebran un final corporativo y participativo, todo un espectáculo que termina desde el vestíbulo, antes de una crucifixión muy elegante, respetando las características de la estrella. Un lujo repleto de la ingenuidad de ayer, con una historia intemporal a la que el rock le añade el gramo de locura a las cuestiones elementales. La cerradísima ovación con que la audiencia del Tívoli al completo premió el esfuerzo coral, corroboró mis impresiones. Habría espectáculo para rato si no fuera porque el tiempo corre contra todo pronóstico. Y Ted Neeley no es inmortal, sólo su personaje, que no sabemos si canta.

Saludo final de “Jesus Christ Superstar” en el Tívoli

Una acotación: dado que la compañía no ha hecho programas de mano, he contrastado los físicos de los cantantes con los de los vídeos de sus recientes actuaciones en Rotterdam y La Haya, y me he guiado por mi intuición. Si no corresponden los nombres con los que actúan aquí lo siento mucho, la intención ha sido buena. Y para ratificar que los he visionado, me apresuro a asegurar que el montaje es exactamente el mismo…con una salvedad: en la escena de la expulsión de los mercaderes del templo, allí había dos zancudos, uno de los cuales echaba fuego por la boca, y aquí solo hay uno. No tiene importancia, pero fastidia.

Estuve viendo “Factor X” en Telecinco. Supongo que sabrán que se trata de un concurso de artistas, aspirantes a la fama, que creen disponer de ese algo que les convierte en especiales. Gentes que tengan ángel, aquel atractivo que los ingleses llamaron “knak”, por la película de Richard Lester, y los franceses “allure” el perfume de Chanel. Una especie de Lola Flores, la única, de quien cuenta la leyenda que The New York Times describió “ni canta ni baila, pero no se la pierdan”, algo parecido a lo que exigían para ser una vedette, que no tenía que bailar ni cantar, sólo estar “muy buena”. Una norma válida hasta que Pepe Buira convenció a Bárbara Rey, fina estilista,para que fuera cabeza de cartel de la revista “Barcelona es Bárbara” en el teatro Victoria de Barcelona y se echó al traste la definición. A pesar de todas las publicidades, “Factor X” es como cualquier otra competición de talentos, llámese “Operación Triunfo” “Got Talent”, “La Voz” o “La Voz Kids”: un anónimo muestra sus cualidades ante un jurado y permite que éste dictamine si sus habilidades son suficientes para pasar a la siguiente fase, y así hasta llegar a la final, donde les dan un dinero (y la gloria relativa) a cambio de un draconiano contrato por el que ceden a la productora la explotación de sus virtudes hasta que se agotan. Como eso depende de ese otro factor X que es el público, cuyos designios no tienen norma fija, pues en un par de años el que figura como “el artista” en la parte contratante ya está listo para ser sustituido. Sobre todo este montaje no si escribir si es triste o miserable. En primer lugar porque a pesar de los miles de aspirantes a estrella nadie llega con una maqueta de algún formato nuevo nuevo como su particular “factor x”, por lo que todo lo que vemos son franquicias o “parecidos razonables” a los programas originales que se ven por el mundo. La parte más cutre del asunto me lleva hacia el concursante que acepta, consciente o no de la muestra de su talento, la valoración de una serie de presunta expertos cuyos másters en la especialidad artística ofrecen tantas dudas como el de  la señora Cifuentes.
Para empezar “Factor X” no es sólo la idea, sino el espacio. Quien haya visto los originales, producidos por Simon Cowell -cerebro capaz de inventarse grupos de la nada como hizo con cuatro descartes de su “Britain Got Talent”, efebos sin causa, para forrarse como One Direction que duraron un soplido-, habrá comprobado que son iguales las estancias enormes que ocupan los aspirantes en sus interminables esperas, que hay un río alrededor, y que la frialdad arropa el entorno con inusitada crueldad. Por si fuera poco emotivas historias acompañan a algunos concursantes, como la huerfanita a la que cuidaban sus abuelos y una vez muertos estos ella se ocupa de una tía imposibilitada; el cuarentón a quien la vida se le ha puesto del revés, o la parejita gay que rompieron por el exceso de partituras y ahora renuevan rencores coincidiendo por casualidad en la sala de espera para la fama. Novedades, ya ven, muy pocas o ninguna. Bueno sí, el jurado. Aquí lo forman Laura Pausini, que ha vendido setenta millones de discos y le cae bien a todo el mundo; Fernando Montesinos, bajista de Obús, letrita, arreglista y productor musical; Xavi Martínez, director y presentador de “Lo + 40”; y el inefable e infalible Risto Mejide, el malvado de las gafas negras, cuya experiencia al respecto es haber sido jurado en otros programas similares y estar experimentado en la humillación innecesaria. También se le acusa de haber tratado de promocionar a su favorita (la que estaba más buena) en uno de esos concursos donde ejerció de humillante, sin que pasara absolutamente nada: hay alguien que se acuerde de Labuat (Virginia Maestro)?. Como publicitario que es la quiso hacer triunfar con la pronunciación de “la boite”, pero ni eso era nuevo porque ya existía otra cantante llamada Gàbia porque actuaba en Muts (“muts i a la gàbia”, en catalán mudos y a la jaula). Reclamo inútil, pues ni de la una ni la otra nada de nada.
 Con ese talento especial para descubrir, valorar y promocional tan defectuoso, Risto es el jurado más ofensivo para esos pobre que acuden al programa para cubrir la cuota de engañados de sí mismos, pero que no obstante merecen premio por haber sorteado una eliminatoria previa que les permita acceder al Gran Jurado. A veces creo que esa es la venganza de quienes cuidan las previas, enchufar a estos carentes de talento para fastidiar al jurado y reirse de ellos al tiempo que les facilitan víctimas propicias para ser sometidas al degüello emocional
“Factor X” tiene la presunción de ser la mejor copia del original, pero bienvenidos sean mis imitadores, en este caso mis franquicias, porque de ellas serán mis defectos. En este mundo desconcertante y desconcertado donde el trabajo escasea, que no las ganas de trabajar, el principal perjudicado es el sector juvenil, a la deriva entre tantas nuevas profesiones. Así que, Por qué no creer que tenemos un factor X en cualquier parte de la anatomía y corremos a enseñarlo por televisión? Igual les caen bien. Prueben, no importa.

Escribí en su día que Elena Barraquer es una mujer mágica. Su cautivadora sonrisa encierra un encanto especial que la hace indispensable en cualquier acto, como fue el de anoche en el Pabellón Mies Van der Rohe de Montjuïc en el que la Fundación que lleva su nombre presentó   siete expediciones médico-sanitarias a Guinea, Angola, Argentina, Ghana, Ruanda, Mozambique y Argelia para combatir la ceguera causada por las cataratas. Se sumarán así a las tres realizadas en lo que va de año y que en Níger, Senegal y Cabo Verde han permitido operar a casi un millar de personas, una pequeña parte de los 40 millones que, según la OMS, sufren ceguera en el mundo y de los que 19 millones está ocasionada por cataratas. El equipo de la doctora realiza una docena de expediciones al año (con una media de cinco días cada una y suelen operar a unos 250 enfermos), en los que se realizan unas cien operaciones diarias de cataratas, con una media de cuarenta y ocho al día. Datos que nos facilita Teté Ferreiro, directora de la fundación.

Elena Barraquer, Mario Vargas Llosa y Purificación García en el Pabellón Mies van der Rohe

Una fiesta entrañable a la que acudió buena parte de la sociedad catalana, porque nadie se resiste a la llamada de la gentil y abnegada doctora, el más preclaro ejemplo de la cuarta generación de una dinastía que ha dotado a la oftalmología española de reconocimiento mundial. Y que aglutina en la Fundación que lleva su nombre tanto a estas expediciones humanitarias como la docencia y la investigación. Para esta fiesta que devolvió a la ciudad el lustre de los mejores momentos, pareció ponerse de acerado hasta el tiempo, pues una más que agradable temperatura acompañó la velada. Elegencia, discreción y glamour para un encuentro de personajes entrañables y afectuosos. De Madrid llegó ex profeso Mario Vargas Llosa, viejo amigo de la familia pues ya frecuentaba al padre de Elena, el doctor Joaquín Barraquer, desde hace más de treinta años, tras conocerse en los Festivales de Salzburgo. El escritor peruano, en plan estelar, atendió a todo el mundo que se interesó por sus temas más cercanos, que no son sus libros, en especial el último, “La llamada de la tribu”, sino su pareja sentimental Isabel Preysler, y Tamara Falcó, la hija de ésta, a quien el escritor concedió una entrevista para “Vanity Fair”. También asediado estuvo Josep Cusí, el armador e íntimo amigo del rey Juan Carlos, que sorteó con su habilidad y encanto personal todas las cuestiones acerca de la rivalidad de las dos reinas de La Zarzuela. La relación de Cusí con los Barraquer es de caracter personal, pues su esposa, la encantadora y hermosa Inés Muiños, es hija de Alfredo Muiños, el también prestigioso oftalmólogo que fue mano derecha del padre de Elena, el citado doctor Joaquín Barraquer. En otro orden de cosas Cusí desveló que Don Juan Carlos ya está mucho mejor de la operación que sufrió en su rodilla y se muestra muy animado para regatear en Sanxenxo, cosa que probablemente haga el próximo mes, un mar que competirá con Palma para repartirse la real presencia del Bribón en sus regias aguas.
En la fiesta, Elena Barraquer, con un primaveral vestido estampado multicolor sobre fondo arena, el mismo de su chaqueta corta, animó a los imitados a que colaborasen con la causa, comprando bombillas que conforman el árbol que es el logo de la Fundación, cosa que hicieron prácticamente todos los presentes. Entre ellos estaban Isak Andic, presidente de Mango, como patrono de la Fundación, y uno de sus soportes más firmes, así como la diseñadora Purificación García una de las personas más allegadas a Elena Barraquer. También vimos a Rosa Tous, cada vez más imagen de la famosa empresa, así como a la periodista radiofónica Julia Otero, a quien desearíamos volver a ver en televisión dado no sólo su carisma, sino su inteligencia y belleza. También acudieron a la cita Alfonso Líbano, presidente de Cobega, Joaquín Fernández, director de QVision en Almería; Elvira Arzubialde, de WPP Health Wellness Spain, Vicente Suárez, entre otros. Quienes lamentaron profundamente no poder acompañar a Elena a este evento fueron Javier y Marisa Godó, condes de Godó, amigos personales de la doctora, pues estaban en Madrid donde al conde le entregaban la medalla de oro del Comité Olímpico Español. 
Fue una fiesta entrañable, uno de cuyos puntales fue la gastronomía, que corrió a cargo de los cocineros Romain Fornell y Óscar Manresa mientras que en el servicio de coctelería estuvo a cargo de otra estrella de la especialidad Javier de las Muelas.