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Escribí en su día que Elena Barraquer es una mujer mágica. Su cautivadora sonrisa encierra un encanto especial que la hace indispensable en cualquier acto, como fue el de anoche en el Pabellón Mies Van der Rohe de Montjuïc en el que la Fundación que lleva su nombre presentó   siete expediciones médico-sanitarias a Guinea, Angola, Argentina, Ghana, Ruanda, Mozambique y Argelia para combatir la ceguera causada por las cataratas. Se sumarán así a las tres realizadas en lo que va de año y que en Níger, Senegal y Cabo Verde han permitido operar a casi un millar de personas, una pequeña parte de los 40 millones que, según la OMS, sufren ceguera en el mundo y de los que 19 millones está ocasionada por cataratas. El equipo de la doctora realiza una docena de expediciones al año (con una media de cinco días cada una y suelen operar a unos 250 enfermos), en los que se realizan unas cien operaciones diarias de cataratas, con una media de cuarenta y ocho al día. Datos que nos facilita Teté Ferreiro, directora de la fundación.

Elena Barraquer, Mario Vargas Llosa y Purificación García en el Pabellón Mies van der Rohe

Una fiesta entrañable a la que acudió buena parte de la sociedad catalana, porque nadie se resiste a la llamada de la gentil y abnegada doctora, el más preclaro ejemplo de la cuarta generación de una dinastía que ha dotado a la oftalmología española de reconocimiento mundial. Y que aglutina en la Fundación que lleva su nombre tanto a estas expediciones humanitarias como la docencia y la investigación. Para esta fiesta que devolvió a la ciudad el lustre de los mejores momentos, pareció ponerse de acerado hasta el tiempo, pues una más que agradable temperatura acompañó la velada. Elegencia, discreción y glamour para un encuentro de personajes entrañables y afectuosos. De Madrid llegó ex profeso Mario Vargas Llosa, viejo amigo de la familia pues ya frecuentaba al padre de Elena, el doctor Joaquín Barraquer, desde hace más de treinta años, tras conocerse en los Festivales de Salzburgo. El escritor peruano, en plan estelar, atendió a todo el mundo que se interesó por sus temas más cercanos, que no son sus libros, en especial el último, “La llamada de la tribu”, sino su pareja sentimental Isabel Preysler, y Tamara Falcó, la hija de ésta, a quien el escritor concedió una entrevista para “Vanity Fair”. También asediado estuvo Josep Cusí, el armador e íntimo amigo del rey Juan Carlos, que sorteó con su habilidad y encanto personal todas las cuestiones acerca de la rivalidad de las dos reinas de La Zarzuela. La relación de Cusí con los Barraquer es de caracter personal, pues su esposa, la encantadora y hermosa Inés Muiños, es hija de Alfredo Muiños, el también prestigioso oftalmólogo que fue mano derecha del padre de Elena, el citado doctor Joaquín Barraquer. En otro orden de cosas Cusí desveló que Don Juan Carlos ya está mucho mejor de la operación que sufrió en su rodilla y se muestra muy animado para regatear en Sanxenxo, cosa que probablemente haga el próximo mes, un mar que competirá con Palma para repartirse la real presencia del Bribón en sus regias aguas.
En la fiesta, Elena Barraquer, con un primaveral vestido estampado multicolor sobre fondo arena, el mismo de su chaqueta corta, animó a los imitados a que colaborasen con la causa, comprando bombillas que conforman el árbol que es el logo de la Fundación, cosa que hicieron prácticamente todos los presentes. Entre ellos estaban Isak Andic, presidente de Mango, como patrono de la Fundación, y uno de sus soportes más firmes, así como la diseñadora Purificación García una de las personas más allegadas a Elena Barraquer. También vimos a Rosa Tous, cada vez más imagen de la famosa empresa, así como a la periodista radiofónica Julia Otero, a quien desearíamos volver a ver en televisión dado no sólo su carisma, sino su inteligencia y belleza. También acudieron a la cita Alfonso Líbano, presidente de Cobega, Joaquín Fernández, director de QVision en Almería; Elvira Arzubialde, de WPP Health Wellness Spain, Vicente Suárez, entre otros. Quienes lamentaron profundamente no poder acompañar a Elena a este evento fueron Javier y Marisa Godó, condes de Godó, amigos personales de la doctora, pues estaban en Madrid donde al conde le entregaban la medalla de oro del Comité Olímpico Español. 
Fue una fiesta entrañable, uno de cuyos puntales fue la gastronomía, que corrió a cargo de los cocineros Romain Fornell y Óscar Manresa mientras que en el servicio de coctelería estuvo a cargo de otra estrella de la especialidad Javier de las Muelas.

Hubo fiesta grande en la ciudad, que ya era hora de verla vibrar como en los mejores tiempos olímpicos. Ha sido preciso un aniversario comercial, los 175 años de Santa Eulalia, la casa del estilo por excelencia, para devolvernos una urbe colorista y festiva, elegante y culta, sin sombra de soberbia pero con todo el orgullo que le  proporciona la condición de haber sido una de las mejores del mundo. Gracias.

El evento contó con un complejo equipo creativo que surgió de It Comunicación, atendiendo las inquietudes de las cabezas visibles y propietarios de la firma, Luis Sans y Sandra Domínguez, impulsores de este bellísimo ejercicio que aunó historia y vida, costuras y patrones, música y luz, reuniendo lo sacro y lo profano para conformar el más bello ejemplo estilista de lo que debe ser una celebración.

Muchos nombres propios fueron convocados para la realización de esta ceremonia popular, el primero el del multidisciplinar Antoni Miralda, una celebridad en la materia desde que el Internacional, que fue el bar de tapas más famoso de Nueva York en la década de los ochenta, le convirtió a él y a su mujer, la gastrónoma Montse Guillén, en pioneros de lo que sería la regencia lúdica de Barcelona en el mundo. Sus proyectos “Honeymoon” y “La boda de Colón y Miss Liberty” les consagraron luego como los locos más arriesgados performers del mundo. Naturalmente, era cuando Barcelona marcaba estilo, antes de que la decadencia se apoderase de su sensibilidad.

Con base a la historia, la religión y tradiciones folklóricas de amplio espectro, Miralda organizó en Barcelona un paseo a medio camino entre la procesión y el desfile de modas que partió del Plà de la Boquería, primera sede de Santa Eulalia, hasta la actual en el Paseo de Gràcia, diseñada por el arquitecto neoyorquino William Sofield. Empezó en el mismo lugar donde según la tradición la joven Lucía, de trece años, fue torturada y quemada, a los trece años, por orden del emperador Diocleciano. Dice la leyenda que al morir cayó una intensa nevada que convirtió el cuerpo en níveo instante, en el que su alma, en forma de paloma blanca, escapó de su boca.

Todo ese recorrido estuvo salpicado de simbología, partiendo de las aspas de la cruz donde murió la santa, y que forman parte del emblema de la firma hasta terminar en el Vestido de Luces, en formato gigante sobre la fachada de la actual sede en paseo de Grácia, cuyo alumbrado culminó con una alegoría en forma de nieve que, alternando con una fina lluvia real, acogió el vuelo de cincuenta palomas blancas escapadas de la instalación lumínica creada por Josep Maria Civit con una trama de pixeles LED, 50 patrones y 20.000 leds.

Fachada de Santa Eulalia en su 175 aniversario

Para celebrar a los dos patronos barceloneses, esta instalación podrá contemplarse en la fachada de Santa Eulalia hasta el 23 de abril, Diada de Sant Jordi, iluminándose cada tarde durante quince minutos a las 20.30 horas acompañada de la banda sonora creada para este aniversario. Además un ejemplar del videoarte que ha realizado Miralda al respecto será depositado en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona.

Los casi tres kilómetros de este desfile fueron cubiertos por 80 músicos y 150 estudiantes de diversas escuelas de teatro, danza y diseño, que configuraron la Comitiva de Cien Patrones figurativos inspirados en vestidos icónicos de los 175 años de Santa Eulalia, ampliados y adaptados en versión libre y abstracta.

La iconografía de los patrones ha personificado la evolución de la empresa: de la evolución de los tejidos a la sastrería, de los uniformes laborales a los vestidos de gala, y de los desfiles de Alta Costura a la venta online. Asimismo, los patrones han encarnado el espíritu de cada época y las distintas personalidades y oficios que Santa Eulalia ha vestido a lo largo de casi dos siglos. Esta pasarela conceptual, ceremonial y festiva, ha estado encabezada por una banda de música que ha interpretado una pieza creada especialmente por el saxofonista y compositor Nil Mujal.

La fiesta tuvo su cénit en los Jardines del Palau Robert, donde jugando con distintos estilos musicales e interactuando con los sonidos de la banda de músicos de la comitiva, el cantante de rap Zèsar Martínez (Zinkman),  reinterpretó en versión funky los Goigs a Santa Eulàlia, que narran la leyenda y el martirio de la santa. Luego tomaron la palabra Luis Sans, en catalán y su esposa, Sandra Domínguez, en castellano, acompañados de sus trillizos, Bruno, Félix y Lorenzo. Como de costumbre han estado breves, concisos, elegantes, tales son las señas de identidad que derrocha todo el equipo de Santa Eulalia, lugar donde uno se siente atracción preferente de la amabilidad más exquisita. Una enorme cantidad de videosaludos de proveedores y amigos de la casa, enviados desde todo el mundo, precedió a un pastel gigante, otra creación de Escribá, presidido por un dedal de más de un metro de altura, que puso el punto dulce al evento, en el que no faltó el cava, Gramona esta vez. servido en unas copas sorpresa: al llenarlas se iluminan, con lo que el brindis fue una nube de pequeñas luces en la recuperada noche barcelonesa.

Clientes y amigos sacrificaron el inicio del fin de semana para acompañar a la familia de Santa Eulalia. A pesar de la nocturnidad, brillaban presencias como la de Alfonso Rodés y Clara Riera, Helena y Cristina Guardans, los hermanos Castañer, Ignacio García Nieto, Manuel Outumuro, Lázaro Rosa-Violán, los condes de Godó, Nino Lisinicchia, Bartolomé Masoliver y María Ventós, Carlos Martorell, Gloria Ventós, Alfonso Maristany y Maribel Rocafort, Manolo Carreras, Tomás Tarruella y Paula Ospina, Josep Cusí, Javier de Benito, Sergio Ferrer Salat, Carlos Hartmann, Gonzalo Rodés e Irene Vidal,  Jordi Rabat y Eva Palao, Xavier Trías, Carlos Godó, Ramón Ajenjo, Jaime Malet, Jordi Miarnaum José Luís Nueno, Mercedes Solernou, Xavier Rubert de Ventós. Y un etcétera de la más alta gama, porque si son amigos de los Sans, están en la mejor lista de la ciudad.

 

 

 

 

 

Bajé hasta El Molino, en el Paralel.lo, y escribo bajé porque vivo en la parte de arriba de la ciudad, que no significa la parte alta. Lo aclaro porque escribir en público obliga a significarte cada vez que pones una palabra que pueda llevar a la confusión frente a todo aquel que se rebele aunque sea el deseo de unos buenos días en una lluviosa jornada. Pues eso, bajé. Se preguntarán porqué. Normal, No hay programación regular y no había nada previsto para esa fecha. Caminé hacia lo que en su día fuera arteria del espectáculo, donde la ciudad no dormía y las luces sustituían al sol para que siempre estuviera iluminado. En el Café Español (no se si ahora se llama así), al lado del Teatro del mismo nombre, ahora Barts, hay una espléndida fotografía con la acera a rebosar con cientos de personas ocupando las docenas de mesas sobre la acera. Bello recuerdo que demuestra que cualquier tiempo pasado si no fue mejor, al menos estuvo más concurrido. La imagen en blanco y negro refleja color de vida, eso que le negó el futuro a la avenida, olvidada hoy hasta por los autobuses turísticos que parecen haberla borrado de las rutas de la historia de esta aburrida ciudad que es hoy Barcelona, apenas una miseria, una propina de lo que fue. La culpa probablemente sea de quienes gobiernan, desconocedores de este puzzle que les ha tocado mandar y que no saben por donde empezar. No acuso a los de ahora, porque hace ya tiempo que la cosa se va desintegrando y la cada vez mayor aparición de siglas políticas (muy Versace, tentáculos de la misma cabeza de medusa), complica el asunto de modo proporcional a la vez que aumenta el número de políticos ávidos de no saber cómo lograr su objetivo, que no suele ser el avance de la ciudad, sino ver como aumenta la velocidad de crucero de su automóvil y su cuenta corriente. No les llamo corruptos, Dios me libre y si lo son que Él les perdone, ellos sabrán, pero sí desinteresados, inoperantes o, en el peor de los casos, sí son ignorantes de cómo resolver situaciones urbanas, que aumentan a medida que lo hace su capacidad para hacerlo. Alguien tiene idea de los líos que hay por resolver? El primero empieza en sus sedes: Generalitat y Ayuntamiento, enfrentadas hasta en su situación física, por no hablar de sus ideas e ideales (no es lo mismo, compañeros), que caminan al tresbolillo para procurar no tropezar y/o, en otro sentido, aplicarse el populachero refrán de que “entre bomberos no nos pisemos la manguera”.

Joan Pera, Jaime Albó, Paquito Pamies y Toni Albá, en el homenaje a Albó en El Molino

Entre unos y otros la ciudad se muere aún en plenitud de su belleza y juventud, tal es el caso de El Molino que podría ser el paradigma. Un local que guarda el espíritu de lo que fue, la esencia del music hall (aka burlesque, aka varietés), que se caía de viejo y era un peligro total (como ahora mismo también el Arnau, hogar de ratas y otras especies que ponen en peligro la salud pública), y que gracias a la iniciativa partícular revivió en estética, pero guardó la ética. A Elvira Vázquez, que está enterrando su vida en el pequeño, rojo, delicado. funcional y bello espacio, no esperen dedicarle una placa cuando la maten de desesperación: vuelquen AHORA su atención hacia ella y su negocio. Que es un negocio?, claro que lo es, como cualquier cosa en la que se invierte dinero para producir dinero, aunque en esta ocasión en beneficio de una ciudad en la que, y de la que, viven también los políticos quienes por cierto no invierten nada en el logro de unas plazas de trabajo que deciden el futuro de la urbe.
En esa búsqueda de oportunidades, Elvira Vázquez está tocando todas las áreas, insistiendo en los actos puntuales, presentaciones de libros, fiestas privadas, conferencias, todo lo que mueva las aspas y la caja de este Molino que no estaría bien desapareciera por desatención. Y a uno de estos actos bajé, aunque no es el más apropiado para hablar de negocio, porque fue un homenaje que se le ocurrió a ella, y que ella subvencionó con la inestimable, inapreciable, bienintencionada y fantástica aportación de Isidre Gironés, cuya aportación culinaria (Restaurante Isidre, carrer de les Flors, 12, Barcelona, cocina habitual de Woody Allen y familia en Barcelona), en forma de merienda cena, fue imprescindible.

El acto en sí consistió en homenajear a Jaume Albó, enigmático hombre del Paralel.lo cuya grandeza física y humana andan parejas. Es alto, desgarbado, utiliza colores vibrantes en sus chaquetas y las tapicerías constituyen el mejor de sus tejidos. Lleva corbatas, hechas exprofeso, con la imagen de Merche Mar, la incombustible vedette molinera, de quien se declara incondicional fan y a quien uno tiene como referente cuando tiene al hombre de frente porque te quedan a la altura de los ojos. Cuando Albó firma un acuerdo te da la mano, y es tan enorme y fuerte su gesto como cuando te abraza en el saludo, que suele acompañar con una  impactante sonrisa. Aunque debe estar harto de echar cables a gentes, nadie piensa nunca en él, ni siquiera ahora que cumple 75 años, los mismos que “su” Bodega Apolo de sus amores. Y que con El rincón del artista (justo al lado del Bagdad),  el programa televisivo “Toni Rovira y tu”,  y el desaparecido Danzarama (en Gran Via con Balmes), eran sus señas de identidad. Generoso hasta decir basta, era (y es) proclive a dar oportunidades a valores nuevos, sin importarle la edad: recuerdo una noche cenando con Jean Paul Gaultier en Danzarama, una casi debutante de unos ochenta años le dedicó una versión impecable de “La vie en rose”, que emocionó al diseñador.

Maruja Garrido en el homenaje a Albó, en El Molino, 3 / 2018

Pues bien, a Elvira se le ocurrió reunir a sus amigos para brindar por sorpresa por su doble cumpleaños y para agradecer su impagable presencia emocional en todo momento. Juan Pera, y Toni Albá, fantásticos amigos y enormes profesionales, fueron maestros de ceremonias de esta fiesta sin otro motivo que el emocional, y hasta se le escapó algunas lagrimilla a Maruja Garrido, la reina de Los Tarantos y la genética más potente que no recuerde de toda la historia del espectáculo. Aunque la mano derecha de Albó, el insustituible Paquito Pamies echó mano de su agenda, faltaron muchos, pero ni se les echó en falta ni se lo tendrá presente: en la calle caía el diluvio y cedo que jugaba el Barça. Y ante eso, se perdona todo. Bueno, Jaime Albó lo perdona todo. Yo, no.

Barcelona tiene que despertar de este letargo que la está matando despacio, pero seguro. El mundo lúdico es uno de los puntos fundamentales: del mismo modo que quien mueve las piernas, mueve el corazón, agitar la noche es potenciar el día, aunque sean las 24 horas las que tienen que ponerse en marcha para que avance la vida barcelonesa en todos los campos.

Puestos a pedir me apunto al modo social, relativamente menos comprometido, pero imprescindible para arrancar el motor de esa nave que es la ciudad que debe recuperar su carrera hacia las galaxias. Lo hago con un toque nuevo y fresco: la apertura del Hedges Club Barcelona (Balmes, 220), que a partir del 3 de abril nos proporcionará un nuevo espacio para discutir, charlar, organizar, comer, trabajar o cerrar un trato. No es una disco, ni un restaurante, una oficina o una lugar de citas amorosas: en cambio puede ser todo eso si la actitud de los socios (máximo de 300 y están en 250) desarrolla la principal de sus actividades previstas: la comunicación humana.

La estructura emocional de este tinglado la comanda Youcef Aden, hombre curtido en estos encuentros medioambientales, experto conductor de sensaciones. Es él quien propone el  selecto punto de encuentro para que las coordenadas de deseos, ambiciones, diálogo, diversión y negocios -entre otras necesidades sensoriales-, dispongan su espacio, algo imprescindible que no debe dejarse nunca al azar. Aden sabe de qué va porque domina bien el trato, es experto comunicador y sabe de ambientes mundanos. No le son ajenas citas míticas del mundo, del Palace, el Bain Douches, o el Costes parisinos, como el recién recuperado Annabel’s en el Mayfair londinense, o el Tramp en Piccadilly de la misma ciudad. Por no hablar del Studio 54 neoyorquino o cualquier punto referencial que ha sido, y es, cíta referencial en el mundo de las interpelaciones. Hablar con él es revivir personajes, pasajes y paisajes de gentes que han rediseñado el mundo desde cualquiera de sus ángulos.

Youcef Aden con Sally Garcia, founder y co-founder del Hedges Club de Barcelona

Hay tres espacios diferenciales del Hedges Club Barcelona, las salas Regent y la Burlington, y la barra Carnaby Bar que las separa y actúa como frontera discrecional: antes de cruzarla una cabina telefónica en el más puro estilo “british”, señala que a partir de ahí están prohibidos teléfonos móviles y cámaras de fotos. Todo servido bajo un sofisticado mural, pintado por el artista mexicano Ricardo Guillen, que es un nuevo guiño a la palabra clave del lugar: la seducción.

La mañana que estuve en el Hedges, dos ejecutivas, ordenador en ristre, discutían en voz baja en la Regent (que tiene internet inalámbrico, ipads, impresora, escáner, fotocopiadora, fax,  y con llamadas internacionales gratuitas): las dejé saboreando el almuerzo en el mismo lugar, aunque hubieran podido hacerlo en la Burlington (decorada en el más puro estilo británico), donde yo mismo apuré un rosado Miraval, de los viñedos que fueran de Angelina Jolie y Brad Pitt, acompañado de un aperitivo con carne wagyu, en croquetas y casi crudo, unas tostas de exquisito foie gras y surtido de ibéricos. Postre de fresas, helado y crema de queso.

Superados estos espacios se sale al patio donde unas carpas albergarán un comedor de primavera y verano (uno de ellos para fumadores) -donde los sábados se ofrecerá un brunch (cierran los domingos), y que recibirá dj los fines de semana. Se llega así al Hedges Tea Club, un espacio totalmente en rosa porque la presencia de la mujer es básica. Como su nombre indica se celebrará la ceremonia del té con sus inseparables fuentes de pasteles y todo tipo de complementos. Abierto al público, servirá de espacio polivalente para la celebración de actos sociales de audiencia limitada, tales como presentación de libros o partys post conciertos de celebridades: la primera prevista, la de Axl Rose, líder de Gun’s N’Roses tras su show barcelonés.

Los socios, que abonan una cuota de 75 euros al mes por la que reciben como atención una botella de champagne mensualmente, pueden usar las instalaciones desde las ocho de la mañana hasta las tres de la madrugada, y se le permitirá asistir con un número de amigos determinado, a quienes podrá sorprender, compartir y disfrutar de una cocina con productos de primera calidad.

Todo para un club privado que nació en Londres en el 2005 como Private Club Hedges & Butler, y que ha acogido a estrellas de todos los campos, desde royals a gentes del espectáculo, atraídos por un pasado histórico que se remonta al siglo XVII. Comenzó como tienda de comestibles para gourmets, que alcanzó notoriedad cuando Guillermo IV la nombró proveedores de la real casa. Íntimamente ligados al mundo del motor, y la aeronáutica (algunos de sus miembros entrenaron a la mayoría de pilotos hasta 1915), el Hedges & Butler se convirtió en un referente para la sociedad británica, en especial desde que Vera, hija de Frank Hedges Butler, se convirtió en pionera del automovilismo y la aviación y abrió las puertas a la mujer a un dominio, el de los clubs privados, que hasta entonces había sido patrimonio masculino singular.

Esta es ya una etapa afortunadamente superada, ahora sólo falta que unas y otros, aúnen esfuerzos para hacer vibrar de nuevo a la ciudad. Pedían un lugar de encuentro, pues ya lo tienen.

 

Danielle Herrington es la tercera modelo afroamericana que está en la portada del “Sports Illustrated Swinsuit 2018″ en los 54 años de historia de la popular publicación de trajes de baño. Antes que ella ocuparon esta posición la también modelo y ahora popular presentadora televisiva Tyra Banks, en 1987, y la estrella Beyoncé en el 2005. Algunas de las chicas que han aparecido en sus portadas, como Kate Hupton, Heidi Klum, Kathy Ireland o Christie Brinkley han hecho carreras brillantes en el cine, la televisión o en los negocios.

Portada del “Sports Illustrated Swinsuits 2018” con Danielle Herrington

El reportaje lo ha fotografiado Ben Watts en Harbour Island, Bahamas, uno de los escenarios más utilizados para este tipo de trabajos pues sus paisajes y playas de arena rosada han aparecido hasta en 21 artículos.  La joven tiene 24 años y nació en Compton, una ciudad al sur de Los Ángeles, donde a los ocho años ya manifestó a su familia su deseo de ser modelo. Hizo su primer trabajo a los trece pero no lo profesionalizó hasta los 21, especializándose en ropa de baño a través de un reportaje realizado en las islas Fiji y que marcó su debut como modelo especializada en este tipo de prendas. Realizó un editorial para la revista GQ, fichó para Victoria’s Secret y fue nominada junto con Chrissy Tiegen para ser Rookie of the year, la más joven promesa del mundo de la moda. Al mismo tiempo empezó una vertiginosa carrera a través de las redes, donde es una estrella con millones de visitas. Quienes han trabajado con Danielle insisten en que es una chica muy tímida, y muy tenaz, que se entrega con gran entusiasmo al trabajo. Su trabajo para Sports Illustrated Swinsuit empezó cuando fue invitada a realizar unas fotos de prueba para un reportaje virtual en estudio. Allí Danielle coincidió con la estrella Tyra Banks y la conexión entre ambas fue inmediata. Esa corriente de amistad pudo tener su importancia en el trato de la recién llegada con la empresa, pues al final alcanzó el honor de ocupar la primera página de la revista. Un camino, el de la joven, que empieza hoy, fecha en que sale a la venta la publicación. Danielle ha agradecido a todos los que han confiado en ella, confiesa que se siente emocionada, feliz y excitada.

Danielle Herrington se suma de este modo a la lista de mujeres negras que desde 1967 se están imponiendo en el mundo de la moda en todos sus campos. En ese año Naomi Sims fue la primera modelo negra americana que ocupó la portada de  Fashion of The Times, suplemento de moda del New York Times. Dos años más tarde, y bajo el titular “Modelos negras asumen el centro”, estaba en la portada de Life. En esa época empezó a hacerse un nombre en las pasarelas Beverly Johnson, que también presidió el Vogue americano. En la versión británica de esta revista fue Donyale Luna, pero quien marcó tendencia fue la jamaicana  Grace Jones rompiendo todos los convencionalismos gracias a su aspecto andrógino, triunfando no sólo en pasarelas y revistas, sino también en música y cine.

La belleza de Somali Iman Abdulmajid la llevó a ser musa de Yves Saint-Laurent, rodó algunas películas y se casó con David Bowie, con quien se casó y tuvo una hija. Con todo, ninguna ha superado a Naomi Campbell una de estrellas de las ochenta que sigue en primera línea.   Tyra BanksAlek Wek y Chanel Iman fueron estrellas para Victoria’s Secret, y la primera de las tres presentó en televisión un concurso de talentos para ser modelos en el que se han basado otros muchos otros. Para terminar señalemos que People eligió en el 2014 a la actriz Lupita Nyong’o como la mujer más bella del mundo creando un nuevo estilo de belleza y estilo realmente impresionante.

Empiezo bien, es decir mal, muy mal. Primero coloco una coma en un título que le robo al director Antonio Drove, de su película sin coma. Pero sí, nosotros, que fuimos tan felices, estábamos juntos de nuevo. Gentes de una Barcelona de ayer  y que hoy, cual novia cadáver exquisito (título original de “Las crueles”, de Aranda), se arrastra entre la espuma (vacua, inocua, absurda, desorientada, nacida para nada), y la misma nada. Personas que en los ochenta y noventa combatíamos lo  que nos servían desde un paisaje del que, sin escaparnos del todo, nos íbamos alejando. Hoy este nuestro pequeño país que el sol apenas aprecia cuando se acuesta (canta el sublime Llach), trata de cortar vínculos con el mundo, precisamente cuando en este momento está mucho peor que el atroz absurdo del que habíamos huido.

Inma Sanchís en la fiesta de Núria Garcés en La Donzella de la Costa

Y puesto que he empezado hablando de cine, y para seguir también en el absurdo de la censura hasta tratábamos de ser libre y originales hasta en los títulos de las películas, aunque “Tocar el piano mata” (de Jaime Camino), tuvo que ser “Mi profesora particular”, donde Serrat tocaba el instrumento y enamoraba a una cuarentona de muy buen ver, aunque la madre de ésta también quería ejercer el derecho a tocar alguna tecla. Tema escabrosillo, sí, pero el título no debía reflejarlo. Tiempo hipócrita imposible para una ciudad como la nuestra con todo abanico de posibilidades libres de juicio, pre y per.

Pilar Pasamontes en la fiesta de La Donzella de la Costa

Pero allí estábamos nosotros, los felices, supervivientes de un tiempo y, entonces sí, un país con una identidad por la que valía la pena luchar. Dónde estamos hoy? pues en La Donzella de la Costa (Passeig Marítim, 08911 Badalona, Barcelona), convocados por la RRPP Núria Garcés, una agitadora cultural de primera línea. Entre la melancolía y el recuerdo, la inconformidad adiestrada, pero no domada, y la esperanza que todo debe cambiar para que nada se mantenga como está, y perdone usted señor Lampedusa. Era jueves, llovía, en algunos lugares nevaba, el termómetro por los suelos, había fútbol (el Barça!!) en la tele y era fuera de la ciudad. Pero no importó nada, La audiencia respondió, faltaba más, que no era cuestión ahora de abandonar una lucha (esta vez quizá simbólica, de resistencia emocional) que nos pilla con algún kilo de más, canas y poco más: el resto, cerebros, ganas y ansias, intactas.

Mireia Ros en la fiesta de La donzella de la costa en Badalona

Este reencuentro, cual Academia de Operación Triunfo no tenia misión alguna, es decir sí. Por un lado está el trabajo de Garcés de potenciar la entidad gastronómica del lugar propiedad de Marc y Andrea Fonolla, que ya va siendo reconocida por una clientela que les sigue, generación tras generación desde 1928.  Ideal para verano, tiene en su remodelado interior un agradable y polivalente espacio que esa especial noche del jueves cambió su escenografía de mesas y sillas por una desnuda pista de baile. Tocaron miembros con tanto pedigrí como los Brighton 64 (dos de los cuales son los hermanos de Ariadna Gil, componentes del grupo Matamala, como su otro apellido); el polivante y especial Frank Mercader; y actuó de DJ el productor musical Alfredo de Jesús.

Toni Riera, el fotógrafo por excelencia, en la fiesta de la felicidad

Por otro lado había ese encuentro servido desde puntos distantes pero con la misma ideología: la cultura por encima de todas las cosas, y la vida alrededor, por dentro y por fuera. Gentes creativas, estupendas, que sabías de ellos por referencias o algunos porque eran amigos tuyos. Personas que, sin querer ser personajes, conformaron un puzzle social tan atractivo y estimulante que se convirtieron en motor de una Barcelona que estalló de puro placer. Y que no tuvieron sucesores ideológicos pues los que vinieron detrás se empeñaron en dominar un sólo poder, el político, con el que satisfacer sus vanidades. Las gentes que fuimos felices vivíamos en libertad creativa, con una vida utópica fuera de presupuestos: cuantas cosas se habrán hecho en esos tiempos pasados y quedaron sin cobrar? cuantas esperanzas se perdieron en empeños y sueños de proyectos que terminaron en nada a pesar de todo? Tras la explosión, una burbuja de bomba H, llegó la nada. Y de ahí las peleas por los escaños y las poltronas, por dominar presupuestos y comisiones, ese afán de asegurarse una jubilación con el bolsillo bien cubierto. Fueron, nuestros sucesores, mucho más listos que nosotros: todos tendrán una vejez, económicamente hablando, mejor que la nuestra. Pero seguro que no habrán sido ni la mitad de felices que fuimos (somos) nosotros.

Sandra Araquistain y Núria Garcés, dos de las más rompedoras RRPP de Barcelona

Por eso en La Donzella no había politicos, sino seres humanos satisfechos por  el deber cumplido, fruto de la convergencia de sus inquietudes y la necesidad emocional de una ciudad en su momento. Y fue un placer ver entre muchos otros,  a fotógrafos como María Espeus o Toni Riera; grafistas como Peret o Sonsoles Llorens; colegas de prensa como Inma Sanchis o Carlos Núñez; psiquiatras como Josep Maria Fábregas; productores discográficos como Joan Rosselló o David Rubira; actrices como Mireia Ros; RRPP como Esther Gallén, Sandra Ariquistain o Anna Miquel; empresarias como Gemma Torelló; cocineros como Pedro Monge; señoras de la moda como Pilar Pasamontes, por siempre Miss Efectos Especiales; radiofonistas como Fernando del Collado; mánagers como Françesc Parellada; promotores como Anna Mas o Eduardo Moller; arquitectos como Pere Armadas, Xefo Guasch o Joan Madorell. Y así hasta completar un largo, múltiple, libre y grande etcétera que acudirá a llamadas como estas o para degustar la cocina de la casa, de la que se sirvió una generosa muestra esa noche donde estábamos nosotros, aquello que fuimos tan felices. Y lo seguimos siendo (o tratamos de).

 

Anoche hubo fiesta en el Mnac: el veterano Mundo Deportivo celebraba la entrega de sus tradicionales premios que este año cumplía su edición número 70. Un evento concreto, conciso, tan breve como ágil, porque se había decidido que a las once treinta habría terminado todo. Y así fue. A esa hora ya se había descubierto el enigma y Garbiñe Muguruza y Rafa Nadal eran coronados reyes de la fiesta, del partido y de todo: dueños de las pistas y de los corazones, pues ambos son, además, entrañables.

Cena en horario europeo,escenario grecorromano que cambiaba gracias al complejo mundo digital que nos domina, y una presentación que unió la belleza de Elisenda Camps, (Lauren Hutton en joven), al ingenio de Santi Millán, a quien deberían lloverle los contactos (también) para este tipo de trabajos porque es ameno, creativo, ágil improvisador de traducciones imposibles, y resolutivo al mil por mil. Me apunto a cualquier gala con él al mando porque sé que el tiempo volará.

Lorenzo y Giovanna Quinn, en la gala 70 de Mundo Deportivo

Correcto el catering de Vilaplana, perfectos los servicios (seguridad, organización, azafatas), así como el timing. Y ahora la pregunta del millón: tiene que haber siempre uno o más políticos que te suelten la charleta? Pues estamos apañados, máxime si se empeñen en tener su parcela todos los partidos ávidos en gobernarnos (cuanto interés, pardiez!). Con el añadido que leen lo que les escriben otros porque es imposible que sepan tanto de todo, a tenor del rigor que imprimen a sus textos, que siempre nos remite al rigor mortis (de aburrimiento y pérdida de tiempo). En la noche de ayer lo resolvieron con la alcaldesa, Ada Colau, que apuntó lo del deporte y la mujer (temía yo aquí que se llenase el Salón Oval con una marea de abanicos reivindicativos, estilo Goya, pero no), y Enric Millo, delegado del gobierno en Cataluña, que se excedió un pelo: de haber funcionado el sistema de aviso musical que se aplica en los agradecimientos de los premios, le hubiera caído una sinfonía. Pero bueno, fue soportable.

Ona Carbonell, la más bella de la gala 70 de Mundo Deportivo

A los dos premios mayores se unió todo un surtido de consolaciones, de notable importancia. Y aquí otro interrogante: es preciso que sesudos caballeros, en representación de los patrocinadores pisen el palco escénico para entregar el galardón? Tanto para la prensa gráfica como para el lector es mucho más gratificante una bella imagen popular posando al lado del premiado que la de señor importante pero desconocido para el gran público: además hay mayor posibilidad de publicación y difusión.

Al respecto, y abusando de la confianza, les pondré un ejemplo. Uno de los 13 premios concedidos fue para Lydia Valentín, campeona del Mundo y de Europa en el 2017 en halterofilia, que se llevó el trofeo a la mejor deportista internacional patrocinado por El Corte Inglés. Y para entregárselo subió a la palestra (hablado de deportes la cita no está fuera de lugar), Jordi Romañach, director de Comunicación y Relaciones Institucionales del centro comercial por excelencia, un señor estupendo, de buen porte y mejor estar, impecable para una foto… que con Lorenzo Quinn en su lugar hubiera tenido mayor difusión. Todo es cuestión de popularidad y seguidores en las redes, nada más (y espero que mi buen amigo no se moleste, que no lo hará porque es inteligente y no está para estas bobadas). Los Quinn acaban de regresar de la India, un tour familiar que han cerrado en Londres donde el escultor presentó exposición en Harrod’s, un viaje con el que la esposa y madre de familia, Giovanna (impresionante en tutto Cavalli oro) logró una audiencia millonaria en las redes.  Aunque en eso de los oros también tuvo su match point la bella Cristina Cubero, vestida por Pilar Oporto, la más espectacular RRPP que comandaba los caminos de la gala.

La magia de Elena Barraquer en la gala 70 de Mundo Deportivo

Caso de ser premiado un caballero hubiera podido entregarlo Gisela, bellísima en su vestido de Jordi Dalmau, que triunfa en el Apolo con el musical “Rouge”, o Elsa Anka en negro tuxedo. Ya que estamos entre deportistas, la más bella de la fiesta, Ona Carbonell, toda en rojo de Antonio Miró, de pies a cabeza. O para dar un toque solidario, la mágica Elena Barraquer, vestida por Alaïa, a quien todos felicitaban por los logros de su fundación.

En estas noches de premios, librarlos deberían ser función de quienes los otorgan, o sea que fue perfecto que Carlos Godó, consejero del grupo, entregase el trofeo Mundo Deportivo a la Liga Genuine de fútbol, por su ejemplo de integración y por romper barreras en los terrenos de juego, donde participan equipos con personas con discapacidad intelectual. Y que fue el más aplaudido de la noche. O que el gran jefe Javier Godó apareciese al lado de Muguruza y Nadal, siempre escoltado por Colau y Millo, eso sí. Echamos en falta que Santi Nolla, director el rotativo deportivo por excelencia, no entregase ninguno, pero alabamos que su locución, a modo de saludo, fuera breve, precisa, concreta y perfecta.

Gisela aprovechó el día de descanso de “Rouge” para asistir a la gala 70 de Mundo Deportivo

Una gala impecable, con momentos entrañables, como el Fair Play Especial Seat, que premió a la plantilla del Athletic por raparse la cabeza en solidaridad a su compañero Yeray Álvarez cuando se le declaró el cáncer. O el extraordinario Repsol El Corte Inglés a Gary Lineker por su eterna corrección en el campo que le llevó a ser referencia mundial. El futbolista británico sucumbió tras la cena al acoso y derribo de veteranas de los medios como Olga Viza, Pilar Calvo o Isabel Bosch. Y también cuando se entregó el trofeo Danone a la mejor formación  al desaparecido Josep Manel Casanova, todo un referente  y una figura indispensable en la cantera del Espanyol, y que recibió su hijo, Carles.

Una gala con la que no pudo la lluvia, y que, para cerrar el círculo de perfección, hasta había una larga fila de taxis esperando a buena parte de los invitados, bueno, a los que se acercaron sin coche propio: excelente sabor final.

 

La sordera postlocutiva es la pérdida auditiva que aparece cuando ya existe lenguaje.

Soy el primogénito de la menor de cuatro hermanas, de las que la mayor engendró tres hermosas mujeres, mis primas, la primera de las cuales tiene sordera postlocutiva, algo que yo recuerdo desde que tengo uso de razón. A sus ochenta y pico de años mantiene belleza, dignidad, motricidad y esos sonidos que emite al hablar y que llamaban mi atención desde muy pequeño. Verla (oirla, escucharla) diferente acrecentó mi interés por ella y me sentí muy cercano: de hecho creo que a pesar de la diferencia de edad era la persona con la que mejor comunicaba. Aprendí a vocalizar,  sin saber siquiera que era eso, para que leyera mejor mis labios, y memoricé con agilidad infantil algunas palabras en el lenguaje de los signos.

Con el paso del tiempo fui perdiendo el contacto familiar sin mediar razón. Son  esos cambios de hábitos que te alejan de unos círculos y costumbres para colocarte en otros, concéntricos a pesar de todo, donde la familia es un ente que se va alejando, y siempre con un recurso (pretexto) para no recurrir a ella.

Portada del libro de Marimén Ayuso

Con el paso del tiempo mi prima, María del Carmen, se enamoró y se casó con un joven, Ladislao, con su  misma discapacidad ocasionada también por una meningitis. Tuvieron una hija, Marimén Ayuso, y se instalaron en Frankfurt. La pequeña creció en un laberinto (creativo, complicado, curioso, educativo) que se desenvolvía entre los signos de su casa, el idioma de sus familiares españoles, el alemán de sus compañeros de colegio y los signos de los amigos de sus padres, distintos a los españoles.

Tal vez como venganza a esa locura lingüística a Marimén le dio por los idiomas: en su juventud llegó a hablar nueve. Hizo el Bachillerato en el Colegio Alemán de Barcelona y estudió Filología Anglo-Germánica en la Universidad. Se hizo traductora políglota (castellano, catalán, alemán, inglés, francés) y se apasionó por la literatura. Se formó en la Escuela de Escritura del Ateneu en Barcelona, es miembro del grupo Bojador del Club de Lectura Layetano, formado por seis escritores, que ha publicado su primer libro de relatos, la trilogía “Tabúes / Fobias / Filias”, bajo el concepto  “Mejor no te cuento” (Sólo para adultos).

Con su primer marido tuvo a sus dos hijos, Lluís y Alexandra que, para no romper la tradición, han estudiado en un colegio suizo. Con ellos habla en alemán, con su segunda pareja, Enric, en catalán (que estudió en la Universidad), y con su madre (y vecina), en castellano y con las manos.   Asegura que las visitas salen mareados de su casa.

Dice Marimén que “crecer con unos padres sordos y percibir que nos comunicábamos con un idioma diferente al resto me supuso la necesidad de plasmarlo sobre papel. Necesito de las palabras para vivir. Leerlas, escribirlas y sentirlas”. Tardó seis años en escribir su primera novela, “La palabra en la Mano”, porque “me di cuenta de que la trama inicial (principalmente amorosa) no era sobre lo que yo quería escribir. Así que me deshice de esos tres años y empecé de nuevo. La sordera era lo que tenía dentro de mí y lo que necesitaba dar a conocer”.

Marimén Ayuso y su hijo, Lluís Ferrer, que cantó en la presentación del libro de la escritora

 

La novela cuenta la historia de Lucía, una madre soltera hija adoptada de un matrimonio burgués, que pierde el oído cuando parece que va a estabilizar su vida. Sus reacciones, inconformidad, rechazo, rebeldía, violencia y odio frente a la discapacidad, van a convertirla en un monstruo, especialmente cuando se orilla la idea de que Sara, la hija de Lucía y con una prometedora carrera como cantante, puede heredar la sordera. Una historia donde no hay tregua para las emociones, ni espacio para otra cosa que no sean las sensaciones de la protagonista, en las que reconocemos algunas de la propia escritora, por otra parte algo absolutamente normal en una primera novela. Herencias (o no), repulsas existenciales, miedos, ternuras, una cierta violencia y hasta un deterioro físico y mental que no favorecen en nada la resolución del problema. Todo está en la novela, perfectamente estructurada, cuidada hasta el detalle, vivida y sentida. Un canto a la esperanza, que no a la conformidad, pero sí a la aceptación como norma de vida.
“La palabra en la Mano” se presentó por primera vez en el Ateneu de Barcelona; la segunda en la Pastoral de Sordos de Barcelona y la tercera en la librería Alibri, también de la ciudad. Y tiene previstas otras en la Pompeu Fabra, en Cervera y Madrid.
Curiosidades: presentó la obra junto a “Y nunca más me hice a la mar”, de Irene García Carbonell, con coincidencias: ambas tienen protagonista sorda, que cena también en la brasserie Flo y pasea problemas por el TuróPark. Ejerció de maestra de ceremonias la escritora Dory Sontheimer (“Las siete cajas”), amigas desde hace años a partir de unas clases de escritura en la casa Elizalde.
Y remate feliz: tras el acto cantó Lluis Ferrer Ayuso, hijo de Marimén, todo un talento, que a sus 25 años es profesor de arquitectura en la Universidad, toca jazz  y tiene varios grupos musicales, uno de ellos  VA. Interpretó, no podía ser otra, “El sonido del silencio”. “Es el cantante de todos los conjuntos y creo que su voz privilegiada la heredó de mi abuelo Manel. Tienen un CD, localizable en https://vaoficial.bandcamp.com/releases”, dice orgullosa Marimén, que cierra con noticia: “Y sí, estoy escribiendo ya mi segunda novela: “La prostituta de la trescientos veinte”, una relación de amistad ente una escort y una monja: la cosa promete.

Tiene todos los números para ser un cretino integral: es alto, guapo, líder de opinión, simpático, un presente brillante, un futuro prometedor y una novia fantástica en todos los sentidos. En cambio Jordi Cruz y su pareja, Cristina Jiménez, son impresionantes en todos los aspectos. El chef es una excelente persona que no dudó en servir de cebo para que su (ayer) jefe y (hoy) socio cayera en la más entrañable de las trampas emocionales. Se trataba de convencer a José María González Simó, uno de los más notables hoteleros nacionales, para que le ayudara a la localización de un nuevo horno para sus cocinas, tal era el pretexto para que acudiera a un homenaje privado. Le citó en la puerta de uno de sus hoteles, el Cram, y al llegar al pretendido espacio González Simó encontró a buena parte de su vida emocional esperándole para brindar por el éxito en la carrera de su vida. La cara de susto fue superada por la de sorpresa y a partir de ahí surgió un carrusel de emociones de todos los calibres y colores. Compañeros de estudios, socios, amigos llegados desde todos los puntos de España, algunos sólo para esa especial noche.

La idea de este cariñoso embrollo la tuvo su esposa y más fiel colaboradora. Mercedes García Nevot, a quienes los mas entregados gastrónomos recordarán como la amable anfitriona de Gargantúa y Pantagruel, en la confluencia de Aribau con Aragón, donde la cocina de su Lérida natal campaba a sus anchas.

José María González Simó entre sus nietas Mar. a su derecha, y Piti

Porque los dos son nacidos en la capital del Segriá, de donde llegaron a Barcelona en 1966 para enfrentarse a la vida con el  valor y la inconsciencia, pero también con el coraje de sus veintipoquísimos años y dos hijos, el segundo de ellos con dos meses, como equipaje de mano. González Simó conocía la ciudad donde estudiaba Aparejador y Turismo (no hizo Derecho hasta los 38 años, y con éxito!), así que le pareció fantástico dibujar su destino con aquella bella gimnasta que bailaba en los Coros y Danzas de la Sección Femenina, y conoció en aquel guateque al que le llevó su primo de Almacellas, en un piso de la calle Carmen, frente a Radio Lérida.

Josep Sandoval, Cristina Jiménez y Jordi Cruz. (Fotos de Pepe Encinas)

Con unos ahorros adquirieron el hostal El Nacional en la calle Hospital, que convirtieron en residencia para estudiantes, un lugar que fue punto de partida para una carrera que les llevaría al poco tiempo a crear el Hostal Cisneros, en sociedad con su íntimo amigo Ernesto Agustí (con quien abrirían también otros negocios hoteleros en Zaragoza), y que tendría en sus bajos la morada de los gigantes, padre e hijo, tragaldabas. De allí al Park Hotel frente a la estación de Francia (en sociedad con Lluís Daniel Geli); en el 2004 convierten el Hostal Cisneros en el hotel Cram (el nombre del desparecido y recordado hijo del matrimonio, Marc, pero al revés), y trasladan el G y P a la calle Córcega. Para compensar la oferta gastronómica instalan en el hotel la cocina increíble de Carles Gaig, que la conjunción culinaria  siempre ha sido extraordinaria: habían organizado ya el primer Àbac en el Park Hotel que les llevaría a la primera estrella Michelin, y aún a la segunda que les sería arrebatada al trasladar la sede al nuevo hotel Àbac de la avenida Tibidabo, siempre en sociedad con Lluís Daniel. Un drama que duró poco y se saldó con la aparición de Jordi Cruz, que no sólo recuperó la segunda estrella sino que les  llevó a la tercera estrella el año pasado. El Àbac, un paraíso que fuera sede de la familia Andreu,  (rama Florita, hija de la insigne Madroñita Andreu), es ya referencia mundial del comer y vivir. Y si no que le pregunten a Sarah Jessica Parker y su marido, Matthew Broderick que desde que se alojaron allí con sus hijos no han dejado de mantener contacto con ellos. En especial con José Manuel Labrada, su persona de confianza en el hotel, y que fue también artífice de la fiesta de anoche.

Mientras, los González Simó, esta vez con Rafel Lleó y Josep Mestres, siguen en su empeño hotelero  y se embarcan en el Mirror, cuya cocina comandaba otro insigne, Paco Pérez. Los cambios siempre han estado a la orden del día, por eso  la cocina de Carles Gaig se trasladó a la calle Córcega, donde estaba el nuevo y en principio provisional Gargantúa; en el Park Hotel abre el Tens, a cuyos fogones manda Iñaki Aldrey, alumno de Cruz, y en los del Cram, donde están los del Angle (restaurante estrella del televisivo chef en Sant Fruitós del Bages), hay otro pupilo, Alberto Durá: dos chefs para el futuro.

Piti y Mar González, Mercedes García Nevot y Ana Calpe, de Oliana

Los negocios de González Simó lo siguen sus hijos Héctor y Tito, ambos con estudios especializados en hostelería desde todos sus ámbitos. El primero estudió en diversos centros europeos y americanos, como la European University Bachelor on Business Administration, la Hayward University de California y  el Sant Petersburgo College y el Eckerd College de Florida, mientras que el segundo se especializaba en temas culinarios en la Escuela de Hostelería y Turismo de San Pol de Mar.

La fiesta fue un éxito emocional, con catering del Angle y pasteles de Lys para completar esa delicia con la que Mercedes García Nevot evitó el cumpleaños de su marido, que es tan alérgico a ellos como a los viajes en avión. Para que tengan una idea: no conoció EE.UU. hasta que el Queen Mary ancló en Barcelona, embarcándose en un crucero de varios meses que compartieron con los Daniel Geli! Anoche, por todo, todos levantaron las copas. felicidades José María!!

 

Cuando entro en algún restaurante con pretensiones, de esos que ponen nitrógeno al arroz y esferifican el huevo con malas artes, suelto una frase que he hecho mía: “Dios, cuánto daño ha hecho a la cocina Ferran Adrià!! y me cisco en la mala hora en el que sabio descubridor de otra dimensión en los fogones, empezó a pregonar su arte por el mundo. Bienvenidos sean sus imitadores que de ellos serán los defectos, debe pensar él, pero servidor se cisca en ellos.  Hay muchas cosas que agradecerle a Ferran Adrià, pero le recrimino que saliera de su casa en Cala Montjoi y no permaneciera allí esperando que fuéramos a verle los más atrevidos, anda que no era difícil llegar hasta la cala de marras: así sería sólo nuestro y no habría tanto imitador barato de pacotilla (o sea de mierda) que tanto abunda y sólo sirve para aumentar el precio de sus cartas.

Me he permitido empezar así, con cierta agresividad dialéctica (más bien manuscrita) y sin que viniera a cuento, porque me ha pillado el síndrome Moog, que propaga su creador Tony Moog en la Sala del recordado y admirado Pepe Rubianes del Capitol. El monologuista, palabra que detesto, lleva allí diez años de temporada regular, ocho de las cuales las ha invertido ciscándose en las fechas señaladas con su show “Blanca Navidad”, arrastrando un total de cien mil espectadores hasta este espectáculo de confetti, muérdago, cotillón y cava. Entre otras maldades recurrentes.

Así, de entrada, Moog sorprende. Como no domino el medio (monólogo), peoría sorprenderme cualquier cosa. Pero hecho ya a (casi) todo, no alteró mis meninges debutar en estos predios acudiendo al espectáculo de un señor que pretende asustarme, físicamente hablando. De entrada finge un Papá Noel con pistola en una mano y botella de Jägermeister en la otra, de la que bebe a morro. Pero a mi me gusta disparar, y estoy (estaba) acostumbrado a los chupitos de salsa Worcestershire, con lo que el digestivo licor de hierbas no deja de ser eso, un aperitivo simpático aunque (para mi) nada agresivo.

Que vista de Papá Noel tampoco es relevante, he usado este traje y otros de similar trascendencia en estas festividades. Los tatuajes me gustan, aunque me falta decisión para hacerme uno ahora (me pilla pasado de años), así como agujeros en las orejas. Sé lo que es tener problemas de kilos de más, una  manifiesta crueldad a la hora de vestir, y sólo me fastidian estos jeans rotos a la altura de las rodillas, que delata una postura un tanto incómoda en todo adolescente que se precie (de adulto ya es simplemente vicio),  y que junto a prescindir de calcetines me parece un solemne despropósito a la hora del vestir. Este último punto lo tiene cubierto Moog porque minutos antes del show le pillé hablando por teléfono con algún colega a quien contaba que iba a ponerse unos unos porque usaba en el espectáculo unas zapatillas muy chulas (efectivamente eran muy… naranjas). Por si algún cinéfilo lee esto, este chascarrillo último es de Emma Thompson en “Love Actually”, filme con el que lloro cada año…por Navidad.

Cartel del espectáculo de Tony Moog “Blanca Navidad” en la Capitol, 2017

Me he enrollado antes de hablar del show para ponerme (les) en la onda Moog, es decir confundir, enmarañar la situación,enredar, dispersar la acción para que todo confluyan en ella, un McGuffin que diría Hichtcock. Moog se cisca en la Navidad? absolutamente NO. La deconstruye, que diría Adrià (sabía yo porqué había empezado hablando de él). Lo hace en las circunstancias que la rodea y ordena, con toda la parafernalia (familia incluida), que nos arrastra por unos días a fingir unos sentimientos y realizar unos gastos que no tenemos (ni de los unos ni de los otros). Moog es hábil, utiliza la palabra como el vendedor de remedios para evitar la calvicie o el dolor de muelas, mentiras efectivas. Para ello ni duda en defenestrar emociones de lucecitas de colores, o en desmontar paisajes de adjetivos falsos cual besos de Judas al por mayor. Ataca a todo y a todos, sin importarle un pimiento la utilización de palabras malsonantes que son las que realmente nos hacen reír. Adicto al turrón (El Almendro porque vuelve cada año, como él, y a Suchard que regala al espectador más joven), obsequia a también con  tabletas a quien le ayuda a colaborar en una coral confeccionada con el aforo del teatro (lleno),  que entona un villancico con la mejor intención.

La Navidad de Moog no pinta ni bien ni mal, excepto en algunas particulares circunstancias. Y los belenes que se montan en las casas (una casa no es un hogar, recuerden, sino un circo de tres pistas con animales de todo tipo), ejercen su poder de atracción fatal en estos días. Lo que le pasa a Moog en su casa (lo que nos cuenta) es lo que nos pasa a cada uno de nosotros, y a veces con finales mucho más dramáticos, aunque no imprevisibles. Por el contrario, su Navidad, a pesar de la pistola y el digestivo, los tatuajes y el gesto airado, es un tiempo de paz que lo disfruta y nos distrae a carcajadas porque nos aleja de los demonios habituales, de otro tipo de tentaciones no disponibles hasta pasado el seis de enero.

Porque el fin de año y la llegada de los Reyes Magos están presentes también en el show como parte indispensable de esta función de arritmias convulsivas, de sobresaltos que a trompicones nos avisan de que la Navidad, esa noche de paz, la de las uvas y todas las demás de nuestros pecados más elementales, está a la vuelta de la esquina. Por si han olvidado la del año anterior, vayan a que Tony Moog les refresque la memoria. Reirán, palabra.