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Gastronomía

Cuando entro en algún restaurante con pretensiones, de esos que ponen nitrógeno al arroz y esferifican el huevo con malas artes, suelto una frase que he hecho mía: “Dios, cuánto daño ha hecho a la cocina Ferran Adrià!! y me cisco en la mala hora en el que sabio descubridor de otra dimensión en los fogones, empezó a pregonar su arte por el mundo. Bienvenidos sean sus imitadores que de ellos serán los defectos, debe pensar él, pero servidor se cisca en ellos.  Hay muchas cosas que agradecerle a Ferran Adrià, pero le recrimino que saliera de su casa en Cala Montjoi y no permaneciera allí esperando que fuéramos a verle los más atrevidos, anda que no era difícil llegar hasta la cala de marras: así sería sólo nuestro y no habría tanto imitador barato de pacotilla (o sea de mierda) que tanto abunda y sólo sirve para aumentar el precio de sus cartas.

Me he permitido empezar así, con cierta agresividad dialéctica (más bien manuscrita) y sin que viniera a cuento, porque me ha pillado el síndrome Moog, que propaga su creador Tony Moog en la Sala del recordado y admirado Pepe Rubianes del Capitol. El monologuista, palabra que detesto, lleva allí diez años de temporada regular, ocho de las cuales las ha invertido ciscándose en las fechas señaladas con su show “Blanca Navidad”, arrastrando un total de cien mil espectadores hasta este espectáculo de confetti, muérdago, cotillón y cava. Entre otras maldades recurrentes.

Así, de entrada, Moog sorprende. Como no domino el medio (monólogo), peoría sorprenderme cualquier cosa. Pero hecho ya a (casi) todo, no alteró mis meninges debutar en estos predios acudiendo al espectáculo de un señor que pretende asustarme, físicamente hablando. De entrada finge un Papá Noel con pistola en una mano y botella de Jägermeister en la otra, de la que bebe a morro. Pero a mi me gusta disparar, y estoy (estaba) acostumbrado a los chupitos de salsa Worcestershire, con lo que el digestivo licor de hierbas no deja de ser eso, un aperitivo simpático aunque (para mi) nada agresivo.

Que vista de Papá Noel tampoco es relevante, he usado este traje y otros de similar trascendencia en estas festividades. Los tatuajes me gustan, aunque me falta decisión para hacerme uno ahora (me pilla pasado de años), así como agujeros en las orejas. Sé lo que es tener problemas de kilos de más, una  manifiesta crueldad a la hora de vestir, y sólo me fastidian estos jeans rotos a la altura de las rodillas, que delata una postura un tanto incómoda en todo adolescente que se precie (de adulto ya es simplemente vicio),  y que junto a prescindir de calcetines me parece un solemne despropósito a la hora del vestir. Este último punto lo tiene cubierto Moog porque minutos antes del show le pillé hablando por teléfono con algún colega a quien contaba que iba a ponerse unos unos porque usaba en el espectáculo unas zapatillas muy chulas (efectivamente eran muy… naranjas). Por si algún cinéfilo lee esto, este chascarrillo último es de Emma Thompson en “Love Actually”, filme con el que lloro cada año…por Navidad.

Cartel del espectáculo de Tony Moog “Blanca Navidad” en la Capitol, 2017

Me he enrollado antes de hablar del show para ponerme (les) en la onda Moog, es decir confundir, enmarañar la situación,enredar, dispersar la acción para que todo confluyan en ella, un McGuffin que diría Hichtcock. Moog se cisca en la Navidad? absolutamente NO. La deconstruye, que diría Adrià (sabía yo porqué había empezado hablando de él). Lo hace en las circunstancias que la rodea y ordena, con toda la parafernalia (familia incluida), que nos arrastra por unos días a fingir unos sentimientos y realizar unos gastos que no tenemos (ni de los unos ni de los otros). Moog es hábil, utiliza la palabra como el vendedor de remedios para evitar la calvicie o el dolor de muelas, mentiras efectivas. Para ello ni duda en defenestrar emociones de lucecitas de colores, o en desmontar paisajes de adjetivos falsos cual besos de Judas al por mayor. Ataca a todo y a todos, sin importarle un pimiento la utilización de palabras malsonantes que son las que realmente nos hacen reír. Adicto al turrón (El Almendro porque vuelve cada año, como él, y a Suchard que regala al espectador más joven), obsequia a también con  tabletas a quien le ayuda a colaborar en una coral confeccionada con el aforo del teatro (lleno),  que entona un villancico con la mejor intención.

La Navidad de Moog no pinta ni bien ni mal, excepto en algunas particulares circunstancias. Y los belenes que se montan en las casas (una casa no es un hogar, recuerden, sino un circo de tres pistas con animales de todo tipo), ejercen su poder de atracción fatal en estos días. Lo que le pasa a Moog en su casa (lo que nos cuenta) es lo que nos pasa a cada uno de nosotros, y a veces con finales mucho más dramáticos, aunque no imprevisibles. Por el contrario, su Navidad, a pesar de la pistola y el digestivo, los tatuajes y el gesto airado, es un tiempo de paz que lo disfruta y nos distrae a carcajadas porque nos aleja de los demonios habituales, de otro tipo de tentaciones no disponibles hasta pasado el seis de enero.

Porque el fin de año y la llegada de los Reyes Magos están presentes también en el show como parte indispensable de esta función de arritmias convulsivas, de sobresaltos que a trompicones nos avisan de que la Navidad, esa noche de paz, la de las uvas y todas las demás de nuestros pecados más elementales, está a la vuelta de la esquina. Por si han olvidado la del año anterior, vayan a que Tony Moog les refresque la memoria. Reirán, palabra.

Me ha sorprendido en los instagrams de esta mañana encontrar a dos de los habituales visitantes, Vanessa Lorenzo y Juan Avellaneda, en traje de fiesta. Vale que ella posa en postura ajena con que nos regala, ni que él hace de modelo de sus propuestas: Vanessa muestra su equipo para atacar al frío, y él reproduce una página ejerciendo su profesión de modisto. Pero lo raro, raro, raro, que diría el recordado papuchi, es que se hayan abstenido de colgar ninguna donde aparezcan en la fiesta de invierno que dieron los Soldevila Vilallonga en su residencia. Fue un party al que todo el mundo quiso ir, pero cuya organización presentó diversas controversias. Según Eva Soldevila (enésima versión), se trataba de la tradicional fiesta que ofrece a sus íntimos por Navidad, aunque luego aparecieron diversas  variaciones, y entre la que tomó más fuerza fue la del encuentro de las familias catalanas más Vips cuyas ideas políticas se acercaran más al integrísimo que al apartheid, por escribirlo de modo suave. Incluso llegó a titularse, irónicamente el party Made in Spain, elucubrando con que si se pediría a las señoras ir de flamenca y a los caballeros con traje corto.

El que Rafael Amargo dejase por unas horas los ensayos de “Carmen” en Madrid y viniera a bailar en la fiesta acentuó el caracter nacionalista del festivo encuentro. En fin que la cosa fue tomando cuerpo y el asuntos e dimensionó, saltando de fiesta navideña con amigos, a encuentro monocolor  (y no digo cual), con audiencia masiva. Al mismo tiempo que aumentaba la convocatoria lo hacía también el comentario acerca de su motivación. Por eso la fiesta, a la deriva, al final fue una reunión de unas setenta personas que acudieron a casa de los Soldevila, sin más, omitiendo cualquier otra referencia y/o identificación.

De ahí el complejo listado de asistentes, que han guardado el silencio en las redes, lo que complica más el pretexto, del pre al post del evento. Complejo no es la palabra, más bien diverso. Estaba Marisa Falcó, condesa de Godó, sin  Javier Godó, Cristina Castañer, feliz porque sus colaboración con Manolo Blahnik va viento en popa, Ed Reger e Isa Suqué, de Casinos de Catalunya, Cucha y Marià Puig, Leo y José María Solanes que han rodado con la top Amanda Wellsh, Carlos Martorell, que venía de un acto evocativo del Bocaccio de nuestros ancestros, Fiona Ferrer, aprovechando un desplazamiento desde Madrid. Pero no estaban los Tous, que en un momento dado hubieran podido tener su protagonismo mediático si hubiera pillado color. Y no amarillo, precisamente. Estaba también Óscar Tusquets, Rosa Carcas,  y Maria Rosa Esteva (Madame Mordisco), a quien habíamos perdido la pista, y cuyo hijo Tomas acaba de abrir el Llop, nuevo comedor, pero sin presencia materna (parece que las cosas no van bien).

Y nuestras Martina Klein y Vanessa Lorenzo con sus propios, Àlex Corretja y Carles Puyol (a Vanessa en insagram, cada vez que la veo me pilla un lumbago, sólo por mirar), y Dinath y Poppy Gijalbo. También estaban dos de los Tricicle, Joan Gràcia y Carles Sans, con sus propias Ana Fernández y María Antonia.Y el RRPP, Àlex Styl.les con Xavi Lanau.

Como hemos dicho bailó Amargo y cantaron María Toledo y la soprano Alina. El bailaor, aunque es multidisciplinar, íntimo de Eva Vilallonga, tenía previsto regalarle una chaquetilla de torero pintada a mano por Domingo Zapata, el pintor español con quien prepara un stand en la feria de arte de Miami. A Zapata se le relacionó en su día con Lindsay Lohan, con quien dijeron se había casado, aunque no creo que eso sea una buena publicidad para él.

Dado el número de asistentes a la fiesta se tuvo que habilitar el porche al aire libre de la finca, y aunque se pusieron en marcha todos los sistemas de calefacción disponibles el frío campó a sus anchas. Quizá por eso se consumió un buen número de pizzas (alto standing, de trufa, caviar, etc., etc.), servidas por La Fermata, el negocio de los hijos y yerno de los Soldevila Vilallonga que parece va viento en popa porque ya tienen tres y sin intención de parar. Todo espléndidamente servido supongo que por personal del hotel Majestic, la joya de la corona de los múltiples negocios familiares.

Fue a medianoche, gracias a la huelga de taxis cuando la fiesta tomó visos de preocupación pues la idea de quedarse aislados en un barrio, selecto pero desértico, empezó a preocupar al personal, aunque no tenían porqué, pues la mayoría tenían la aplicación Cabify que ante cada una de estas irregulares situaciones (la huelga, no la fiesta), demuestran su eficacia, pulcritud y limpieza de servicio.

Si buscan en Google encontrarán que Zuu es “un entrenamiento basado en movimento de animales”. Pero Zuu, en Barcelona es lo más nuevo en la noche lúdica.

Zuu es un joya, estéticamente hablando, es un lujo medianamente alcanzable (o sea no fácilmente disponible), situado en lo que fuera Regine’s primero y luego Jimmy’s, en los bajos del ayer Princesa Sofía, y hoy simplemente Sofía (por favor absténgase de calificarle emérito). Tiene el aire de boudoir de principios de siglo y podría estar ubicado en cualquier capital del mundo que se precie de tener una vida nocturna que Barcelona, no nos engañemos, no tiene. Podría equiparase al londinense The Chiltern Firehouse, lo más en la capital del Támesis donde lo celebran todo las stars -incluida Marta Ortega, la zariña, que sopló allí las velas de su pastel de cumpleaños-, si éste tuviera espectáculo porque Zuu ofrece cena y show.

Por eso, y antes que nada, admiro la valentía de la propiedad del Zuu (y su poder adquisitivo), porque nada es barato allí (o así me lo parece), todo son materiales nobles, incluidas docenas de decorativas calaveras (que odio, pero ahí están), de brillantes y otros lujos. Tiene un vestíbulo digno de casino de Shanghai o decorado para James Bond, y un bar con exquisita barra de mármol negra con veta blanca, lámparas entre siglos. Admírenlo en la foto de apertura, con la luz abierta, al llegar la apagan!: hace moderno el oscuro, pero es una idiotez. La sala propiamente dicha tiene planta de cruz y pista ovalada en el epicentro. Dispone de cómodas mesas en maderas nobles y/o buen tacto, y unos sillones de sabor aterciopelado, con buen movimiento giratorio, pero que pesan una tonelada, con flecos metálicos en los bajos. Las paredes enteladas con estampado también calavera, rezuman aromas de estiloso meublé del Far West pero sin las clásicas palmeras de interior que hemos visto en tantos filmes, ambiente que se acentúa en el (un poco) privado que domina un ángulo.

Lady Joy y dos de los componentes del show de Zuu en el hotel Sofía

Jaime Beriestain ha sido el interiorista que ha dado este giro a la noche, creando no sólo el Zuu, sino remodelando por completo el hotel (están por la planta diez) aunque le queda ampliar la marquesina de la entrada para que los coches se protejan de la lluvias y el personal del frío: vamos a ver a qué cerebrito administrativo le toca dar el permiso pertinente, y se lo da en cuestión de horas. Beriestain no ha hecho del Zuu no una joya, sino un joyero delicado, macizo, potente. Al hotel le ha dado la vuelta Beriestain con elegante precisión jugando con elementos que van desde los techos poliédericos con paneles geométricos hasta los círculos concéntricos bellamente desconcertados de las barras de los dos restaurantes, el Impar, enorme, luminoso, vivo; y el Gastronómico, donde las circunferencias juegan a placer. Toda la gama del beige, del níveo al oro invade las estancias, si se me permite la ampliación de la escala de color.

En el decorador ha confiado plenamente Jordi Mestres, cabeza visible de la propiedad, Selenta Group,que cuenta asimismo con hoteles emblemáticos como el Torre Cataluña y el Expo en Barcelona, y otros, tantos o más importantes, en el resto de España, y aglutinador de la gestión de marcas como Nikki Beach, Hard Rock Café y Nobu Hospitality, nombres que disponen de una reconocida solvencia en el sector. Hay un detalle curioso: Mestres es de la Junta del Barça, como Javier Bordas, cuyos negocios inciden también en anoche urbana, del Bling Bling al Nuba, pasando por Pachá, Cachito’s y un selecto etcétera. Lo que también queda claro es que se amplía la oferta para que, cuando le convenga, la plantilla del Barça, se divierta con la máxima discreción.

Asistimos a una de las sesiones de prueba de Zuu, un rodaje para ver cómo funciona el maridaje de cena y  show, una modalidad en la que triunfaron hace un siglo los hermanos Riba, con el incendiado Scala Barcelona, y que hoy tiene como exponentes el Gatsby, y La papa y el mama, de distingo calado aunque similar finalidad, Por favor, absténgase comparaciones, lo cito a título orientativo.

El espectáculo de Zuu lo propone Desvarío Producciones, una compañía muy equilibrada de doce más uno componentes de diversas procedencias, aunque ninguno viene del cabaret ibicenco Lío, referencia usual comparativa. La gente es buena, de cuerpo y voces, cantan en directo con excelente gusto y bailan con la agilidad de sus jóvenes cuerpos. Pero el show no acaba de funcionar. La disposición de la sala, como he dicho en forma de cruz, desaconseja presentar números en otro escenario que no sea el central, pues quedan completamente invisibles cuando se realizan en localizaciones perpendiculares. Y el espectador, que pagará cien euros por cena y show, bebidas aparte, tiene derecho a verlo todo. De todos modos a veces no se si vale la pena ser tan explícito: la noche del sábado buena parte del respetable no se portó como tal, ignorando el trabajo de una compañía que lucha no sólo por su estrategia de emplazamiento sino con un vestuario excesivamente pesante, demasiado oscuro (¿quién les habrá insistido que SÓLO el negro es elegante?). A revisar la luminotecnia, pues al ser el techo bajo los focos pueden molestar al comensal que tiene que salir de la sala satisfecho, con aires de recomendación y excelente predisposición. Con retoques de situación, diríamos que el show es bueno y que algunas voces excelentes. Por ejemplo la de Lady Joy, cuya interpretación de uno de los temas de “La muerte tenía un precio” la equiparó con las técnicas de Innocence (Geraldine Larosa), y hubiera merecido una ovación y apenas tuvo unos aplausos. Pero que no se preocupe la guapa pues con el publico de pago tendrá su recompensa. Como toda la compañía que, por otra parte, destila  un aroma un tanto a lo Baz Luhrmann, cuya estética emula cualquiera de sus producciones, al menos en el remix de temas de Madonna, organizados alrededor de un sosias del personaje “Harold Zidler”, interpretado por Jim Broadbent en su recreación de “Like a virgin” en el filme “Moulin Rouge”.

Uno de los momentos del show de Zuu en el hotel Sofía

A la comida le pasa lo mismo que al show, que se le añaden demasiadas capas cuando a veces lo más puro y simple es lo mejor. Si el producto es bueno, para que disfrazarlo con salsas y aderezos? Y máxime teniendo en cuenta que la empresa tiene en sus filas al reconocido chef Carles Tejedor, al mismo tiempo asesor gastronómico del Sofía, y a Héctor Fábregas, como jefe de Food and Beverages, dos excelentes referencias.

A medianoche termina el show y empieza la oferta night club, o sea la disco. Es decir, el negocio que bien llevado podría compensar el desequilibrio económico, si lo hubiere, de la primera hora de la noche. Ya no se yo si Barcelona necesita un nuevo Up and Down, porque la ciudad ya no es la misma, ni la gente, ni nada. Zuu no ha venido a suplir la oferta, Zuu es otra cosa que en cuanto salga del oscuro triunfará. Porque es una pena que con lo exquisito que es lo tengan todo a oscuras. Quizá para la disco puede funcionar, pero no para el restaurante espectáculo donde necesitas ver y ser visto, así por este orden. Por favor, señores del Zuu, ¿pueden dar la luz?

 

Lydia Bosch es de las que se prodiga poco, o muy poco. Siempre la situamos en Madrid, al lado de sus cuchipandis, Paloma Cuevas, Fiona Ferrer, Núria González, Patricia Rato o Patricia Cerezo entre otras. Es un grupito chic, de esos que no se mete con nadie, organizan sus baby shower y sus cumpleaños y les hacen fotos a todas juntas, entrando o saliendo del restaurante de moda donde celebran sus eventos, siempre chicas cargadas con bolsas de regalos de las más caras boutiques de la milla de oro madrileña. Del grupo, Lydia es soltera disponible, que se sepa, que es también una de nuestras más discretas actrices. Y es también mujer apetecible, puestos a recordar al respecto hagámoslo con dos datos: de rubio platino en “You are the one”, el filme de Garci, donde estaba espléndida, y el reportaje en biquini que le dedicó Lecturas cuando el pasado febrero nos puso los dientes largos tomando el sol en una playa caribeña (Santo Domingo, un suponer),  mientras se recuperaba de una lesión en la pierna: en las imágenes llevaba aún una muleta. Del momento rubio platino me dejó un inmejorable recuerdo tras una  entrevista telefónica que le hice para La Vanguardia. Estaba tan en su papel, que creí estar hablando todo  el tiempo con una de las heroínas de filme noir como estéticamente reflejaba su papel, tan alejado por otra parte en el guión de Garci. A quien pueda interesar: Lydia está separada del actor Micky Molina, con quien tuvo a Andrea, y es madre también de los gemelos Juan y Ana, habidos con el arquitecto Alberto Martín, cuyo matrimonio acabó tarifando.

Lydia Bosch en la cena de la Fundación Iván Mañero

Catalana de cuna (es de El Prat de Llobregat), suele venir poco a Barcelona.  Por eso fue un lujo que apareciera en la fiesta solidaria del cirujano plástico Iván Mañero (vaya, dos días seguidos hablando de plástico, ¿estaré buscando descuentos?), que celebró su VIII edición de la cena benéfica de la Fundación que lleva su nombre.
Lo hizo en el restaurante Can Magí, de Sant Cugat, de espléndida cocina y con un frío traidor que obligó a las señoras a no dejar sus abrigos hasta que no terminase el photocall, a menos que quisieran volver a casa con una pulmonía. Amadrinó Bosch, vestida impecable de negro por Rosa Clará, y gargantilla, y derrochando su habitual y contagiosa sonrisa. Vino con una amiga, lo que dejó rastro a la prensa del corazón que su ídem sigue libre.
Durante el acto, denominado Apueste por ellas, se recaudaron 24.000 euros destinados a paliar la situación de la mujer en Guinea Bissau, donde la Fundación lucha contra la mutilación genital femenina, tanto allí como en España, ayudándola en su acceso a la sanidad, la planificación familiar y la educación como mejor arma para combatir la pobreza. También se apoya a la mujer en la realización de proyectos que les faciliten herramientas para solucionar su independencia económica y su implicación en las decisiones comunitarias.

En la fiesta de Mañero estaba Elsa Anka, del departamento de RRPP de Mañero, que llegó con su bella hija Lydia Torrent Anka, cuyo novio Matias Roure tuvo que quedarse en Barcelona por motivos familiares: la pareja goza de gran popularidad a través del televisivo First Dates.  Elsa subastó su vestido, de Piu Marela, por el que Pedro García Aguado (que siempre será el Hermano Mayor), pagó 500 euros. Y cumplió su palabra, pues se lo quitó allí mismo, aunque llevaba otro delgadísimo sobre su piel.

Jorge Lorenzo en la cena de la Fundación Iván Mañero

También acudieron personajes como Diego López, jugador del Español, el campeonísimo Jorge Lorenzo, siempre a punto en causa solidarias, y que días antes  presentó en Sutton sus gafas de sol Skull Rider con su socio el extravagante Gianluca Vacchi. Y David Guapo, que ahora es el ex de Ares Teixidó, la ex (fugaz) de Bustamante.
Guapas estaban Alejandra Prat, Mónica Pont, Pilar Oporto, Carla Lladó, Iria Otero y la cantante Tamara. Y hubo ausencias de todo tipo: la dispensa maternal la tuvo Elisabeth Reyes, que se quedó en casa con su hija pequeña; y la del despiste se la llevó la medallista olímpica de natación Thais Henríquez se había preparado un vestido ideal,  se equivocó de día y se dio cuenta del error al ver las fotos que colgaba Elsa Anka en la red.
Iván Mañero se mostró más que satisfecho del éxito de la convocatoria, un evento que le arrancó la lágrima en más de una ocasión, pero que él manejó muy bien desde su impecable Philipp Plein, en negro noche ribeteado de rojo sangre.

Ya lo dice la (muy libre) traducción del tema de “My fair lady”: la lluvia en Sevilla es una maravilla. Pues la ciudad con sol es un paraíso, la alegría de la vida con todo su esplendor. Y así recibió la villa la nueva edición del Sicab, el Salón Internacional del caballo que presenta los mejores ejemplares de pura raza españoles en una muestra que atrae tanto a compradores como curiosos de todo tipo. Porque la manifestación aúna el mercado de compra, venta y trueque de todo lo relacionado con el mundo equino, como una muestra de esa otra feria de vanidades habitada por los personajes del corazón cuyas vivencias exhiben sin pudor las revistas y emisiones al uso. a veces  verdad, otras mentiras. A veces las verdades de las mentiras, otras las mentiras de la verdad para confeccionar con ellas unos malditos embrollos que distraen al personal de problemas que el gobierno no sabe (o no puede) solucionar. Así que mientras lamentamos escasez de agua, lo del independentismo catalán, el paro y la presunta corrupción de unos políticos “encobrados” y/o “ensobrados” vámonos de fiesta, que aquí no pasa nada.

Gloria Camila y Kiko en el Sicab de Sevilla, 2017

Y lo hacemos de la mano de Mario Niebla del Toro, supremo organizador de dos de los festejos más notables de la capital hispalense, los premios Escaparate y la parte lúdica de este Salón equino por excelencia. En ambos dispone el hombre de mimbres nobles para trenzar el mejor cesto social para dar qué hablar al personal, conformando de este modo la parte social indispensable para que el salón obtenga su cuota de lujo en la prensa de color. Tiene el hombre que batallar con dos problemas: la impuntualidad de los convocados, que siempre bajan a las citas cuando les apetece; y la disponibilidad de un presupuesto justillo que le obliga a hacer juegos malabares con el dinero.

Para lo primero hay una disculpa, aunque sólo para quienes se alojan en el Meliá Sevilla (y no están en la planta Vip con amenitis de Loewe): la escasa luz de las habitaciones es tan “moderna”, o sea escasa, que te obliga a arreglarte en el ascensor. Para lo segundo siempre existe algún milagrito: este año la devolución del dinero de los billetes ocasionado por los retrasos del Ave han permitido subsanar el 20% que se había excedido Niebla del Toro en el apartado billetaje de invitados.

Los marqueses de Griñón en la cena de gala del Museo del Carruaje, Sicab Sevilla 2017

Ya todos en Sevilla empezó la fiesta. La primera cita en casa de los Ruiz Berdejo, que es la sede de la Embajada de Italia, donde al ritmo del jamón (exquisito y que no nos abandonará durante todo el fin de semana), y otras delicias disfrutamos de la primera velada. Samara, y su grupo fueron fondo excelente a la velada adornada también por la poderosa María Jiménez con su voz de quejío eterno, y una inquietante Carmen Martínez Bordiú que grababa todo con el móvil. La nietísima sin su coach emocional (variedad de novio en vía de explotación comercial), adelantó un día su presencia porque a última hora le salió un contrato para desvelar en “Sábado de luxe” lo que ella quiso contar de esa nueva experiencia amatoria, que a ella se le perdona todo. Y además con aplauso y premio (económico).

Ágatha Ruiz de la Prada, Vicente del Bosque y su esposa, en el Sicab de Sevilla, 2017

La mañana del sábado fue paseo por el Sicab donde apreciamos el cariño que el pueblo le tiene a Vicente del Bosque, y no es de extrañar porque tanto él como su esposa con adorables. Allí descubrinos también el carisma de Gloria Camila, hija de Ortega Cano y la más grande, que junto a su novio Kiko, un tío estupendo y pareja perfecta, batieron records de selfies. Hermosa como ninguna, Olivia de Borbón paseó su pelirroja belleza al lado de su esposo, Julián Porras que no pierde el humor a pesar de la dolencia degenerativa que le han diagnosticado en los ojos. Están más enamorados que nunca, felices con su hija Flavia, que está para comérsela, y buscando la parejita con cierto desespero (al menos nos pareció adivinar). Óscar Higares es otro señor fantástico ahora metido a actor (acaba de rodar con Coronado y está entusiasmado) que será el hombre perfecto cuando vuelva a usar caldetines, que eso es pecado de juventud y a él ya se le pasó esa edad.

Pol Roig, Carmen Lomana y Palomo Spain en la cena de gala del Museo del Carruajes del Sicab de Sevilla 2017

Rappel me cuenta su experiencia como actor de éxito, y quiere repetir vistos los excelentes resultados de su iniciática obra. Cósima y Tristán Ramírez son coloristas como su madre, Ágatha Ruiz de la Prada, que voló de México a Madrid y de ahi a Sevilla para enfundarse un mono lamé oro acolchado para irse de fiesta tras la fiesta y regresar con los gallos de la madrugada. “Si quieres ser feliz, divórciate”, me susurró entre carcajadas. A Teresa Baca le sienta bien cualquier cosa: la modelo estaba con sus padres, más que orgullosos de su rubia fenomenal. Envuelta en misterio,negro y coral, Carmen Lomana se ponía al día en cuanto a trapos, al lado de Palomo Spain, el modisto que está revolucionando el mundo de las costuras (y que debuta en TVE con el talent show “Maestros de la costura”, título horrendo y vulgar, al lado de María Escoté y Lorenzo Caprile), y que apareció con su novio, el modelo catalán Pol Roig y luciendo unos escarpines con tacón “diavolo” de su propia marca.

Teresa Baca Astolfi en el Sicab de Sevilla del 2017

En la cena de gala en el Museo del Carruaje, estaba ya todo el plantel, más algún invitado nuevo, como la increíble Carmen Tello, qué maravilla de señora, al un tanto apagado Jaime Ostos y, en puro contraste Maria Ángeles Grajal, pura dinamita; los marqueses de Griñón (Esther Doña infiel a Rosa Clará por una sola vez), Antonia Dell Atte, más colorista y ochentera que nunca, hablando sí pero no del novio que tiene y no tiene, y que quiere casarse y no quiere: como siempre. Más fieles permanecen Victorio & Luchino, que se quieren como el primer día, en especial tras el éxito de implante capilar de José Luis. Y no queremos, ni podemos obviar la presencia del maestro Jaime Peñafiel y su esposa Carmen, siempre perfectos escuchando y guardando para sus tesoros ocultos todo lo que escuchaban. Siempre impecables, reciban mi admiración y cariño por la lección de estilo en un genero tan denostado como este nuestro. Aunque a mí, la verdad, el que me da asco es el de la política. Y ahí los tienen.

Jaime Peñafiel y su esposa Carmen, de visita en el Sicab de Sevilla, 2017

Pero quien de verdad merece aplauso es Eva Moral campeona mundial de paraduatlón y subcampeona europea de paratriatlón, y la única mujer española capaz de completar 42 kilómetros de maratón en silla de atletismo. Una madrileña bellísima a la que un accidente le golpeó la vida y la dejó inmovilizada de cintura para abajo. Todo un esfuerzo de superación que lleva con ánimo; hubieran tenido que verla bailar sevillanas con su estilizado moño y su vestido negro con bordados de color: era todo un ejemplo, y realmente, el premio de este Sicab, algo que nos deja el mejor sabor de boca. Gracias.

 

 

 

 

 

En este impasse urbano que nos llevará a la desidia por el aburrimiento propio de la falta de decisiones, surge un nuevo punto de encuentro, La Fermata, que es  eso, una cita lúdico gastronómica para empezar de nuevo y afrontar ese desastre que se avecina. Y  al final de todo (después del 21/12), lo que tenga que ser, si tiene que ser, pues que sea pero con el estómago feliz y la digestión en su punto.

Esta es la tercera Fermata, tras la iniciática en Major de Sarrià, encima de la plaza Artós; la segunda en Provenza entre Rambla de Cataluña y el Paseo de Gràcia, y ahora llega esta tercera, en el número 1 de Calvet sobre la Travesera de Gràcia. Un negocio, con la pizza como base, que manejan a las mil maravillas los hermanos Soldevila, Rafa y Elena, más Tomaso Brezzi, marido de ésta, y Sofía la hermana pequeña que está estudiando fuera  del país. Son los vástagos de la familia Soldevila Vilallonga, Rafa y Eva, gentiles, simpáticos, generosos y emprendedores empresarios cuya habilidad para las relaciones públicas está más que probada. Son un encanto en estado puro.

Huelga decir que la calidad del producto es excelente y que han ampliado su servicio, que ahora abarca del take away, caterings y delivery hasta ese mismo punto de degustación de unas pizzas que son bocato di cardinale, por ponernos a la hora de la parte italiana que toca a la familia. El nuevo lugar es mínimo, aunque ayuda a rentabilizar el negocio una agradable terraza, esa especie en peligro de extinción según las teorías del Ayuntamiento que toque. Si al que manda (país, ciudad, municipio o pueblo) le gusta pasear, ampliará y potenciará aceras; que le gusta el transporte público pues nos hará un tranvía. Aunque luego el que mande no vaya a pié ni a buscar el pan y se mueva por el asalto con coche privado y con chófer. Así es la vida… de los políticos, claro.

La noche de apertura obvio decir que el local se llenó, aunque con diez personas hubieran tenido suficiente. Pero desde las seis y media, hora de la convocatoria hasta pasadas las diez el aforo en los alrededores  fue más que notable. Con una audiencia que copó todas las edades, pues la convocatoria estaba hecha tanto por los próceres, propietarios entre otras bellezas del hotel Majestic, hasta la parte joven que rige el establecimiento. La mezcla de edades era perfecta, con una unidad de estilo cuya pauta podría marcarla la imparable Julia Reger Suqué, hija de Isa Suqué y Ed Reger, y nieta de Carmenchu Mateu y Arturo Suqué, ahí es nada. Por la parte senior, la ovación se la lleva el matrimonio Mariano y María Puig, una maravilla de señores, cuya exquisita manera de ser es algo que ya no se estila.

Entre ambas generaciones, toda una pléyade de apellidos, desde Silvia Riera, que ha vuelto a vivir a la Barcelona que se rindió a su belleza cuando voló a Madrid.  No sé si ha elegido el momento adecuado, pero me parece oportuno ante la fuga de empresas de la ciudad, celebrar el regreso de la más bella ilusión. Desde ella hasta Miquel Espinet y Tere, su fantástica señora, pasando por una pareja de encantos, Àlex Corretja y Martina Klein, que pusieron de largo a su hija, Erika, que durmió santamente sin incordiar, norma que al parecer sigue en casa. Son una maravilla de jóvenes, tan discretos como guapos, tan majos como la imparable sonrisa de Martina. Estaban dos Cristina deliciosas, Puig Doria y Castañer; Leo Solanes, la rubia directora; Andrés y Núria Soldevila con su hijo mayor, Andrés; Maite Ormaolea y Eduardo Soldevila, Sylvia e Imma Ribas; Cala Grifoll; Antonio y Nuria Alcaraz; Laureano y Olga Fernández Cruz; Teo Camino, Guille Barri, la fantástica María Rosa, la abuela de la casa, que está realmente espléndida, y un ilustrísimo etcétera.

Todos dieron buena cuenta de docenas de pizzas de notables dimensiones (60×40 cm.), entre las que triunfaron las de foie con compota de manzana, pasas y piñones, las de rovellons, calabaza y panceta, y las mini hamburguesas con cebolla caramelizada y queso de cabra, sin olvidar las de Nutella, que fueron postre ideal.

Un evento con el que la ciudad retomó las ganas de recuperar el tiempo perdido, de volver a llenar bares y restaurantes, cines y teatros, es decir, volver a vivir, que de eso se trata.

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Toca ya volver a coger los guantes de escribir. A pesar de su color no esconden rencor ni violencia, tampoco vienen en son de paz, caricia o beso, aunque habrá de todo para todos. No sé si es bueno reconocer que creo que el destino viene de serie con cada uno y lo reconocemos tan pronto empezamos a pensar en él, a cualquier edad.

 

La ocupación de ese trayecto de vida, en mi caso escribir, significó tanto que debería llegar hasta el final de mis días.

 

Una mañana, y esa es la parte del destino  -que, como la muerte aplazamos hasta que nos sorprenda-, me llama un señor de la compañía donde trabajo desde hace (mejor, hacía) treinta y siete años, para decirme que esto, (el trabajo) terminaba ahí. El cliché del señor era el del que a causa de su generosa remuneración ha aprendido a vestir bien, zapato tan limpio como su pelo, tirantes de tela (probablemente de Santa Eulàlia), actitud como la de George Clooney en “Up in the air” (Amor sin escalas), donde el actor interpreta a un empleado dedicado a despedir a otros empleados. Salvando las distancias, mi ejecutor aludió dos razones: una, me había hecho mayor; dos, cobraba mucho dinero. Tan obvias como absurdas eran ambas, pues la primera afecta cuando en la profesión priva el estado físico; respecto a lo segundo las remuneraciones han ido creciendo a lo largo de los años, si bien en los últimos ni siquiera ha sido así. La posición económica del grupo ve reducir sus activos; una merma más que notable está presente en sus beneficios, y admite como solución perfecta la reducción de sus sueldos, que ahora consideran elevados, aunque lleve parejos elementos humanos.

 

Solución lógica porque el grupo, de carácter familiar, está en unos momentos de transición: de padres a hijos; de la era del papel a la digital, y de incertidumbre política pues aunque todos sabemos qué pasará el uno de octubre, nadie se aventura a disponer el futuro.

 

Como sucede en esto de los traspasos la experiencia del actual regente es un lastre para los herederos obsesionados con un panorama que van a tener que combatir. De momento lo dejamos ahí.

 

Esta muerte laboral anunciada, pero no contemplada en mi premeditado destino, me arrastró a un catatónico estado de compleja catarsis y caí en un magma en el que, al principio me era imposible nadar para recuperar la superficie. Desconectas de todo: ni te importa lo que lees o lo que miras. No contestas al teléfono y, de vez en cuando, la insistencia de un whatsapp te devuelve a la realidad unos minutos, aunque desconoces en qué punto estás del guión de tu película.

 

Y ahí empieza la batalla, con abogados y médicos, regresos al pasado, balances emocionales, valoraciones absurdas, partidas de ajedrez en las que me sentía atrapado, engañado y vejado en lo peor que le puede pasar a un periodista: quitarle su teclado de golpe con aquel par de pretextos citados.

 

Foto de Outumuro

En estos meses pasados han tratado de lanzarme al infierno, y lo lograron. Pero para algo tiene uno su imaginación, aunque convertir el averno en algo que hoy llamaríamos zona de confort no ha sido nada fácil. Tienes que aprender a ver las cosas como son, no como las ven los demás. Has de eliminar el color basura de los tiburones que pululan en esta marea negra donde desnudo de cuerpo y alma tratas de escabullirte y llegar a la orilla. Lo hice despacio, recuperando el diálogo cuando estuve dispuesto a hablar y compartir,  aparcando los fármacos. Muy despacio, ascendiendo seguro, pensando sin borrador previo, abriendo ventanas y subiendo las persianas con la cabeza firme, el Norte como destino.

 

Ese Norte que es mi futuro. Un tiempo inmediato que ya es presente. Seguiré con mis cosas, el blog Bollería fina y toda red que se precie. Hoy sólo es un breve trailer con toque personal y foto del genial Outumuro, que supo reflejar mi estado de ánimo con tal rigor y precisión que ahora no me queda más remedio que apurar la puesta a punto.

 

 

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