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Esta mañana han pasado muchas cosas, alguna de las cuales hubiera podido ser noticia. Por ejemplo, que la pequeñaja y regordeta Harper Seven, la niña de los ojos de los Beckham, había ido al cole con sus inmaculadas trenzas y el uniforme púrpura, menudo color. Que lo hiciera cantando “A million dreams”, tema central del filme “The greatest showman”, de Hugh Jackman, pues no es noticiable. Todo lo más hubiera sido ver a la niña recuperar su aspecto natural después que su padre la llevase el sábado al Daylesford Organic Farm Shop disfrazada de pingüino, ahí es nada. Pues bien, no.
Tampoco ha sido noticia que Thomas, el padre de Meghan Markle, que el sábado se convertirá en la esposa del príncipe Enrique, diga que no va a la boda porque se siente avergonzado al cobrar de un paparazzi por dejarse hacer unas fotos tomándose medidas del chaqué. Este mercadeo que en España es habitual, al señor le preocupa tanto que prefiere no humillar con su presencia la ceremonia, cediendo el honor de llevar al altar a la bella mestiza a la mamá de la criatura , aunque ya verán como esto no pasa y veremos al orgulloso señor pasear con la bella nueva aristócrata.

Bien, a todo esto, cual ha sido la noticia de esta mañana en Londres? pues la boda de Cesc Fábregas, que ya tocaba. El futbolista del Chelsea, que fue mito en el Barça, se ha convertido en esposo de la exuberante Daniella Semaan, con quien tiene ya tres hijos. La novia, detalle importante, ha sido fiel a su diseñadora de cabecera, la única que podía aportarle una serenidad estética que no desbordase anatomía por encima de los patrones. Ha sido, por supuesto, Rosa Clara la artífice de un delicado vestido nupcial, blanco contra todo pronóstico, con el que la ya señora Fábregas estaba bellísima. Localizo a Clará en Miami y cuenta detalles. señoras apunten. El vestido es de línea sirena con escote corazón, realizado en encaje francés y bordado con miles de cristales Swarovski (agotaron stocks) y para su realización se han invertido más de 250 horas de trabajo. Teniendo en cuenta el taranná de Daniella el vestido lleva transparencias por delante, por detrás, en el escote y en las mangas, así que los cristales los habrán bordado, digo yo, en la sobrefalda, que va en encaje y tul plumeti de 2,5 metros de largo. La recién casada llevaba tul ilusión de seda natural acabado con una onda del mismo encaje que la sobrefalda. El resultado, fantástico: estaba espectacular. El mismo novio lo divulgó “Just married to the woman of my dreams”, tuiteó feliz. Ella no se quedó corta y colgó otro en términos similares.

La nueva familia: Leonardo, Fábregas, Lia, Daniella. Capri, Joseph y Maria

La ceremonia se celebró en Clevedon House, un relais chateau, el mismo lugar en que el viernes celebrará su despedida de soltera Meghan Markle, un espacio impresionante, de notable solera, que ha acogido hasta 250 invitados. A la pareja la acompañaban sus hijos, Maria y Joseph, los mayores, habidos del primer matrimonio de Daniella con el libanés Elie Taktouk (cuyo divorcio le llevó a los tribunales y se alargó siete años), así como Leonardo, Lía y Capri, los hijos del nuevo matrimonio. Las chicas ejercieron de damas de honor, mientras que los tres varones actuaron de hipotéticos padrinos, vestidos igual que el novio, de impecable esmoquin con solapas diferenciales y pajarita desmayada.
Para complacer a sus fans los novios volcaron un amplio surtido de imágenes de la ceremonia en las redes.
Datos para curiosos: Daniella, que es libanesa, tiene 42 años, doce más que Fábregas, y fue ella quien se acercó a él, con quien coincidió cenando en el restaurante japonés Nozomi en el elegante barrio de Knightsbridge, con el pretexto de pedirle un autógrafo para su hijo. Y ahí empezó todo.

Gwyneth Paltrow ha celebrado el Dia de la Madre colgando en instagram una imagen especial. La actriz, de 45 años, posa desnuda frente a una cortina metalizada y con su cabello, habitualmente rubio esplendoroso, con unos tonos más oscuros. En la fotografía aparece mostrando el embarazo de su primer bebé, su hija Apple, que ya cuenta catorce años, fruto de su matrimonio con el solista de Coldplay, Chris Martin (41), con quien al año siguiente tendría a su hijo Moses, que ha cumplido ya los trece. Gwyneth acompaña un sentimental texto dedicado a su madre, la también actriz Blythe Danner, en el que dedica su amor y toda clase de afectos a ella, a todas las madres, abuelas, bisabuelas, tatarabuelas por su impagable función.

La oscarizada protagonista por “Shakespeare in Love” y Martin se casaron en el 2003, cuando ella estaba ya embarazada de cinco meses, y siempre dieron la imagen de ser la pareja perfecta, ya que incluso después de su ruptura en el 2014 mantuvieron pleno contacto, siempre, según dijeron, por el bien de sus hijos.

Paltrow, embarazada de cinco meses de su hija Apple

Lo cierto es que, al año de romper, Gwyneth empezó a frecuentar al productos Brad Falchuk (47), creador, entre otras, de dos series de éxito, primero “Glee”, en colaboración con Ian Brennan, y luego, con Ryan Murphy, “American Horror Story”. La primera de ellas fue decisiva para la pareja, ya que él la contrató como estrella invitada de un episodio donde ella interpretó a una profesora de español, idioma que domina desde que pasó sus veranos de adolescente en Talavera de la Reina en casa de una familia española, los Lázaro Ruiz, con una de cuyas hijas hizo un intercambio escolar. Falchuk, que está divorciado desde 2013 de la productora Suzanne Bukinik, con quien tuvo dos hijos, Isabella y Brody, anunció en enero sus planes de boda con Gwyneth.

 Por su parte a Chris Martin se le relacionó con Jennifer Lawrence, un romance intermitente que al parecer se torció cuando volvió a la vida de la actriz su ex Nicholas Hoult,  al que reencontró en el rodaje de “X-Men Apocalypse”. Luego él tonteó con Annabelle Wallis, protagonista de la serie “Los Tudor”  y el filme “Peaky Blinders”, que dejó a su novio, el modelo James Rousseau por Martin, pero la relación no cuajó. Ahora se ha sabido que Chris se ha comprometido con  Dakota Johnson (28), la protagonista de la serie “50 sombras de Grey”, e hija de Don Johnson y Melanie Griffith, la cual ha manifestado sentirse encantada del noviazgo de su hija.

Todas las ciudades tienen su cara B, la opuesta a la feliz, deslumbrante y armónica que la populariza. Igual que todas las personas que exhibimos en el escaparate una actitud mientras disfrazamos nuestras miserias en la trastienda. Qué pasaría si en cualquiera de los dos casos, ciudades y personas, las caras invisibles adquiriesen el rol de protagonista ? Llegaríamos a odiarlas o, en su defecto, las utilizaríamos para satisfacer nuestros bajos instintos? Desde las primera imágenes de “I Hate New York” (filme de Gustavo Sánchez presentado en el D’A Film Festival de Barcelona), no he podido dejar de pensar en “Shame”, el filme de Steve McQueen en el que Michael Fassbender encarnaba a un ejecutivo alto standing que completa su retrato con una parte oscura en la que da rienda suelta a su voraz apetito sexual que le lleva a explorar espacios insólitos para sus apetencias habituales. En ese escenario (Nueva York en sus noches más oscuras de cuerpo y alma), el protagonista podría haber tropezado con Amanda Lepore, Chloe Dzubillo, Sophia Lamar y T De Long, cuatro vidas errantes de un paisaje que para ellas es el habitual, su cara A, la de diario, aunque sus soles son lunas con más cuartos menguantes que crecientes. Estas cuatro personas transgéneros viven en un oscuro porque la visibilidad no les está permitida en muchos puntos del planeta. Ni siquiera en esta odiada Nueva York, cuna o refugio, punto de encuentro o salida de emergencia a su equilibrio emocional par personas como ellas.  Vidas complejas que, al revés de lo que le sucedía a Fassbender en el filme, no tienen su compensación en la otra cara de la luna, porque viven bajo su poderosa influencia.

Sophia Lamar, una de la trans de “I Hate New York”

Gustavo Sánchez ha recopilado hasta 150 horas de grabaciones con las historias de estos seres, (in) felices a su manera, si entendemos la felicidad ese estado en el que nos está permitido vivir de acuerdo a nuestros postulados. Han sido casi doce años de trabajar en el oscuro, repitiendo una y otra vez el sinsabor de angustias y soledades, cuatros a medio hacer, tazas de café por lavar. Pasillos estrechos, laberintos sin más sorpresa que la de saber qué pasará al final, que es mañana. Tiempo que lo marca el sol pero al revés: no es la hora de levantarse sino la de acostarse, como los murciélagos, también boca abajo para que el vómito pueda ser otro de los motivos que les ayude a morir.
Gustavo Sánchez ha convivido con la (falsa) frivolidad de Amanda, la inconformidad de Sophia, el reivindicativo pentagrama de T De Long, la plástica naïf de Chloe. Aparentemente a uno le llega con facilidad, y a pesar del claroscuro, los brillos y maquillajes de la primera, sus shows de los que ha hecho su modus vivendi. Nos seduce la plástica de diva ancienne regime, nos invade su perfume que debe ser tan caro como potente, nos envuelven sus pelucas platino y nos aprietan sus diseños que oprimen el sexo y desbocan los pechos. Admiramos esa elegancia oscura de carmín de medianoche, esos arrebolados pómulos que deben estar hartos de recoger tormentas de lágrimas. Amanda es el look de la fiesta entre sombras, el arco iris monocromo que sólo retoma sus colores habituales cuando enarbolan la bandera para combatir lo mismo sus derechos que la lucha contra el sida.
De Sophía Lamar apreciamos esa batalla, perdida de antemano, que libra por cualquier cosa. Nos gusta verla discutir, aún con su eterna enemiga Amanda, sin cualquier motivo o por la causa más solidaria. Sophia es la inconformidad, la rebeldía, la incomprensión, la rabia. Subsistir es su moneda de cambio, lo que parece que le de fuerzas para empezar sus noches que son para ella, como para todas, sus días. Chloe Dzubillo es la más transgresora, la que puso buena parte de la banda sonora a la noche del downtown donde era un icono. Escribió y representó sus performances en clubs de esa zona, lideró la banda The Transisters (formada completamente por transgéneros), donde componía y era solista, además de ser una de los elementos más activos a la hora de promover los programas de prevención del Sida a todos los niveles. Las canciones de T De Long se escucharon en museos, festivales y galerías de todo el mundo, y creó el programa de radio de arte “Warm-Up Series” para el MoMA PS1, que tiene su sede en Queens. Popular también como dj bajo el pseudónimo TJ Free, fue uno de los mayores difusores de la obra de Dzubillo.

A esas cuatro almas frágiles -anónimas para la mayoría pero imprescindibles a la hora de hablar de esa Nueva York nocturno, crisol de tantas batallas, a la que muchos odiarían si echasen una mirada (que a veces evitan por cobardía)-, les hace una serie de retratos el recién descubierto cineasta Gustavo Sánchez. Nos muestra sus almas, pasea sus sentimientos entre habitaciones desoladas, ventanas de negros paisajes y corredores por donde aún deben transitar, a pesar de todo, vagas ilusiones. Con la incomprensión como base, la amenaza del sida como espada de Damocles sobre sus sexos, el docudrama levanta un poco más la tapadera de lo que para muchos es la alcantarilla de sus almas y para otros las cárceles de sus vidas, el desguace donde van a parar todos aquellos que nacieron con el inconformismo más terrible, la inacabable opresión de los cuerpos no deseados y las plagas que sin razón se cebaron sobre ellos.

Gustavo Sánchez, director de “I Hate New York”

Hay mas emotivos para ver el filme, uno de ellos es el meticuloso trabajo de Jaume Martí y Gerard L. Oriach, cuyo labor de montaje debe haber sido faraónica: organizar las 150 horas filmadas no debió ser nada fácil Y aunque he leído por ahí que los doce años de rodaje tendrían como referente el “Boyhood” de Richard Linklater, inspirado en la “Camille” que David Carradine rodó durante 25 años sobre su hija, “I Hate New York” es otra cosa, es un espejo en negro de vidas que, aún jugando con colores, no han encontrado el suyo.
La otra baza importante es la banda sonora de un filme plagado de sorpresas. La música tiene un recorrido sinuoso, que comprende desde las sinfonías (que lo son), del japonés Ryuichi Sakamoto, hasta las composiciones del alemán Alvar Noto, el arquitecto del sonido, pasando por grupos afines al temario fílmico, de las Sharon Needles a The Transisters, Colin Self o Demmy Sober, habitual del paisaje urbano barcelonés. Todo ello sin olvidar un equipo de producción presidido por Carlos y J. A. Bayona, situado éste en dos mundos opuestos, cinematográficamente hablando, el mundo jurásico y el otro mundo perdido, aquí abajo, justo al cruzar la esquina.

Si necesitan adrenalina en vena mezclada con el rigor más absoluto, la estética más cuidada y el sonido más actual, no se a qué están esperando para ir a ver a Los Vivancos (Elías, Aarón, Judah, Cristo, Josua, Israel Vivancos),  instalados en el Tívoli por una breve temporada que finalizará el 10 de junio por sus compromisos laborales en el mundo. Estos hermanos que ahora son seis (falta Josué, el menor, que ha cogido una excedencia), son espectáculo puro en el sentido más amplio de la palabra. Su show es un compendio de habilidades, un ejercicio donde el más difícil todavía impera a cada minuto hasta terminar en un apoteosis deslumbrante, taconeando cabeza abajo colgados de una estructura metálica.

Es todo un lujo contemplar el trabajo de estos hermanos, de los que toca recordar siempre que son parte de un total de 32, nacidos en Cataluña y fruto del matrimonio de su padre y siete esposas. Un hombre creativo que inculcó a los chicos su amor por el arte desde su propio centro, la Qüanticoch Independent School, instalada en la Columbia británica (EE.UU.), del que salieron dispuestos a comerse el mundo en distintas disciplinas, ya fuera la música, el baile o la acrobacia, con el flamenco como base. Desde muy jóvenes fueron primeras estrellas de la danza clásica, becados solistas instrumentales o especialistas en el Cirque du Solei. Así hasta que decidieron organizar un espectáculo propio y lanzarse a una aventura a la que llegaban con los mimbres tan bien dispuestos que armarla fue sólo una cuestión de fechas.
Amparados por un éxito inenarrable en los cinco continentes, aparecieron por España hace diez años y desde entonces nuestra (su) patria es cita ineludible en sus giras. Acaban de regresar de un país centroeuropeo, cuyo nombre evitamos para no complicar la situación, donde el triunfo se vió amargado por un hecho desagradable: sus camerinos fueron desvalijados en plena actuación.
Ahora están en Barcelona, con una  selección de sus ejercicios más brillantes para dar lustre a la vida lúdica de la ciudad y devolver al público las ganas de ir al teatro, un ejercicio que parece recuperarse del sueño eterno de la languidez que atravesamos.
Una maravilla contemplar el duelo entre el taconeo y el claqué, la batalla de artes marciales o los robots electrónicos, una delicia lumínica. O, en otro orden de cosas, el (des) concierto de viola a varias manos y palos, el breaking dance, los solos instrumentales o ese apoteosis que da nombre al espectáculo, “Nacidos para bailar”, título equívoco donde los haya porque Vivancos están hechos por y para el Arte, en mayúscula.

Sus experiencias personales y  recorridos escénicos les dotan para la creación de unos números espectaculares por si solos, que aúnan lo técnico y lo artístico con los mejores efectos y una estética increíble. Bajo cualquier prisma, Vivancos son extraordinarios. Y el público así lo reconoce, ovacionándoles constantemente y con el aforo al compelo al terminar la función.

Los Vivancos en “Nacidos para bailar”, en el Tívoli de Barcelona, mayo del 2018

Buena parte del éxito -amén de sus excepcionales habilidades en todo lo que tocan los hermanos en el plano artístico-, corresponde al montaje musical y al diseño de vestuario y de luces. Para la ropa se han inspirado en la ideología Visual Kei, una opción japonesa que mezcla diversos niveles de caracterización y trajes extravagantes no ajenos a una estética andrógina, y que son aplicables tanto a bandas de J-rock, Post-punk y heavy metal como a las de música pop, rock o electrónica. Para ello han contado con diseños especiales de los artesanales Vass Ibiza y los especialistas en cuero Lather Designs, así como la utilización de vestuario electrónico de e-tecnileds (en el número “Luces negras”). Puestos a pedir, Eduardo García Llama, ingeniero espacial de la NASA les ha asesorado en los elementos escenográficos. Y en cuanto a la banda sonora la fusión es mas extraordinaria si cabe, pues aparte de las composiciones propias, con la colaboración de Joan Martorell, el abanico incluye de Tchaikovski a Michael Jackson, de Betthoven a Metallica, Deep Purple o Leonard Cohen, algunos de cuyos temas son interpretados por ellos en directo en las más inverosímiles posiciones.
Además, estas funciones de Vivancos tienen un carácter especial porque una parte del importe de las entradas del espectáculo que se vendan en el mundo va destinada a la Fundación Querer que trabaja en la educación, investigación y difusión relacionadas con los niños con necesidades especiales derivadas de enfermedades neurológicas. Además,el 24 de mayo Vivancos realizarán una gala benéfica especial en la que donarán la recaudación neta a esta fundación. Pero me gustaría terminar añadiendo que también por eso, el espectáculo de los hermanos Vivancos es altamente recomendable. Y, saben lo mejor? pues que hablando con ellos se les adivina unas bellísimas personas. Por todo, vayan, no se arrepentirán.

Ya (me) advertí que era peligroso exponerse a una sobredosis de tules, guipures y encajes varios. Y me pasó factura la tarde del viernes. primero porque al colgar el post del retorno de los Abba -que pillé leyendo el Mail Online dentro de un taxi-, el corrector automático del móvil me jugó una mala pasada. Y al escribir el nombre de la canción “I Still Have Faith In You”, salió “I Have Stil.les”, como Álex Stil.les, apellido del gran jefe de XXL, una de las compañías que han gestionado la Barcelona Bridal Fashion Week, y nombre en continuo uso en mis redes. La falta de unas gafas y la prisa por llegar al evento de “Elle” me privó de la necesaria revisión y, en este caso, corrección.

Estermaria Laruccia, directora de la Barcelona Bridal Fashion Week

Luego, ya en plena entrega de premios, escribiendo y colgando posts, escribí tan ricamente que estábamos en el Ayuntamiento de Barcelona, cuando en realidad era el Paraninfo de la Universidad de Barcelona, edifico tanto el uno como el otro, bien conocidos por el que aquí suscribe. Iba a tal velocidad todo, hasta que Joana Uribe, directora editorial de la redacción Catalunya de Hearst, que estaba en el mismo lugar, me mandó un correo advirtiéndome del error. Y me apresuré a hacer otro envío masivo a través de todos los conductos posibles, al tiempo que atendía al desarrollo del evento. Que era la fiesta The Elle International Ceremony Awards que premió todo el entorno del mundo nupcial.

Al efecto, la Universidad se tiñó de fucsia, un color que invitó a la cordialidad, pues todo fue una felicidad atendida por una audiencia notable (casi 400) que compartían concepto, convirtiendo el dress code cocktail requerido en la invitación en un “ponte lo que quieras”, que es lo que hace todo el mundo.

A Purificación García le sienta bien el fucsia de la Universidad

Presentó Rossy de Palma, que llegó justa, maquillada y peinada muy en su línea “Pocahontas”, con el traje (nupcial) de Yolan Cris en una bolsa, acompañada por su hija Luna, una impresionante, bella e ingenua pero lista muchacha. También a su aire llegaron los diseñadores Viktor and Rolf con su secretaria. Reem Acra en familia, y mucha pareja de todo tipo, edad y condición. Y también mucha soledad disfrazada de  melancolía que no es más que un aburrimiento mal disimulado.

Hubo copas desde el principio, y anónimos amantes del photocall que posaron para sus vanidades interiores y amistades varias. A Purificación García le sentaba bien el fucsia, color que enamoró a Viktor and Rolf, o sea que igual es su distintivo fetiche de temporada. El fucsia es como el color del amor en madurez, la sazón del sentimiento, o igual es otra cosa, vayan a saber. Pero amansó a las fieras, que estos actos de final de temporada, salón, feria o lo que sea, suelen ser un desmadre padre de muy señor mío. Y aquí todo se convirtió en un dechado de educación y tono que ni en Versalles.

Luna, hija de Rossy de Palma, en la fiesta de los premios “Elle”

Todo listo ya en el Paraninfo del edificio histórico de la Universidad de Barcelona, con un pobladísimo jurado en el estrado (planas mayores de “Elle” del mundo), y Estermaria Laruccia, directora de esta semana de novias, paseó su excelente estar para dar la bienvenida a los invitados que lograron plaza. Tras ella irrumpió Rossy de Palma, dentro de un poncho de encaje que no es de lo más aparatoso de Yolan Cris, y ya que era sólo para un rato, podrían haberle colocado algo más estrambótico que hiciera provocativa la imagen. Luna, la hija, iba también de Yolan Cris, con un vestido exquisito, en transparencias y oros, que se quitó, como mamá, tan pronto terminó la oficialidad del evento: era trajes a devolver, ya.

Reem Acra, mejor vestido de novia, según “Elle”

 En diversos idiomas, fueron cayendo los premios: el mejor vestido para Reem Acra y Tiffany & Co., y la mejor colección para Viktor and Rolf: todos allí en primera fila, felices y encantados, al parecer la ciudad aún mantiene ese aroma de cordialidad y de acogida que nos ha caracterizado siempre. Carlo Pignatelli ganó como la mejor colección de hombre (lo recogió personalmente); Jenny Packham, ausente, y Óscar de la Renta (difunto) obtuvieron el trofeo al mejor desfile, mientras que el reconocimiento a toda una vida fue para la recién jubilada Carolina Herrera, asimismo ausente. La mejor campaña de publicidad fue la de Pronovias, y las jóvenes de Sophie et Voila (Sofía Arribas y Saioa Goitia), fueron reconocidas como las mejores estilistas jóvenes. Cartier fue la joya nupcial por excelencia y el resort Royal Palm Beachcomber de Mauricio, el lugar idílico para la luna de miel. Por premiar hasta eligieron al mejor weeding planner, que recayó en el británico Bruce Russell, un señor que sólo con verle el pelo (corte tazón), y los zapatos (charol bicolor, king size), era para eliminarlo hasta de la lista de invitados.
Después ya se desató la locura, es decir, se sirvieron copas y el jardín fue punto de encuentro para mitigar el calor. Un buffet propio (de Gastroferia) sirvió a una hambrienta grey que llevábamos allí un par de horas entre el glamour desaforado de tropas de moda de todas nacionalidades de las que no puede fiarse uno a tenor de lo que llevan puesto. Al escribir que no puede fiarse uno, quiero aclarar que me refiero, única y exclusivamente, a sus consejos a la hora de dictar tendencias y crear opinión y aconsejar moda. Vamos, que me pasa lo mismo que con el weeding planner. Y es que entre blogueros, its de toda calaña, influencers y simplemente los que piden prestado, la mezcla es de zoo. No sabiendo qué ponerse, lo mejor es lo que les pille más cómodo, dentro de un orden.

Radiantes, blancas y de todos la colores y maneras. Casarse es una fiesta que cada cual vive como quiere, en especial las novias, estrellas de la función. En una pletórica BBFW, o lo que es igual, la Semana de las novias de Barcelona, las ofertas se han multiplicado para satisfacer apetitos de todos gustos, que para eso están los colores. Y de todos los desfiles, elegimos dos, el de Jesús Peiró y el de Cristina Tamborero. El primero es el gran tapado de la especialidad, aquel que en silencio, despacio, se ha colocado como el tercero en discordia al a hora de la exportación. La segunda por la fidelidad de un clasicismo que trabaja con elegancia y del que ya está lista para cambiar de rumbo.

Jesús Peiró, es una marca propiedad de Jesús Diez, donde diseña Merche Segarra desde que años ha desapareciera el también creativo José María Gangonells Peiró, socio del primero. Los trabajos que ahora nos trae Segarra están agrupados bajo el lema Heritage, y es un homenaje a la historia de la firma, que empezó a caminar, siempre hacia arriba, hasta llegar a este año con un envidiables palmarés: presencia en 30 países con más de 200 clientes y 60 puntos de venta en España, con vistas a ampliar su estrategia digital en redes ultimando la puesta en marcha de su propio canal de YouTube. Preguntados los expertos, cuentan que el secreto de su éxito estriba en la base artesanal de sus fabricados, pues todas las fases de producción se realizan en sus talleres de Viladecans (Barcelona), que sigue funcionando con los tradicionales procesos artesanales, incluidos el acabado a mano y la fabricación a medida de todos sus pedidos, si bien cuentan también con talleres externos, siempre en territorio nacional, y mano de obra altamente cualificada.
Heritage, la colección que nos ocupa, está compuesta por 35 vestidos realizados en estas coordenadas. La excelente y exquisita estilista Anna Vallés, que colabora con la firma, ha tenido a bien diseñarles un fascículo de gran formato con una breve pero limpia historia de la firma y dos detalles adicionales muy simpáticos: en una doble hoja aparecen dibujados hasta 215 dedales de todas las épocas con un nombre propio debajo, presumiblemente uno por cada colaborador del taller. También tiene en cuenta el folleto las denominaciones de los 35 vestidos que configuraron el pase, cada uno titulado de modo original. Así, el que abrió fuego llevaba como lema “Le gustan mucho las prendas que arropan, es friolera”, y era un abrigo de doble raso con espalda de guipur. Falda campana en tul vintage y tul ilusión. Y el segundo, presentado como “Le encanta enseñar los hombros, pasa horas en el gym”, era un vestido de tul bordado de pedrería con efecto tatuaje. Así hasta llegar al apoteosis, el 35, definido como “Novia reina, la más”, que acogía un vestido con cuello a caja y manga larga en volumen gran envasé, bordado en cristal sobre tul verde tierno. Como verán todo una imprescindible apoyo y ayuda para los neófitos en estos campos textiles.

Había un guiño en la colección. Con el número 15, la niña bonita, rezaba el lema “Novia a la fuga”, como el filme de Julia Roberts. Constaba de un abrigo de tul bordado a mano de panamá gigante, con canesú de chantilly en forma de red, con puños de plumas de avestruz y gallo. Y lo lució la recién llegada al proceloso mundo del corazón rosa Sandra Gago, famosa hoy por ser la novia de Feliciano López que, casualmente, ha jugado en el Torneo Godó que coincide estos días en Barcelona. No le trajo suerte al tenista la presencia de su novia, porque fue eliminado, aunque batió un récord: sus 18 torneos Godó consecutivos. Lo de la novia y la fuga viene porque al bien plantado mozo se le escapan todas, incluso una con la que se casó, Alba Carrillo, le duró menos que un pastel en la puerta de un colegio.

Elisabeth Reyes cerrando el desfile de Cristina Tamborero en la BBFW

La otra diseñadora que aleatoriamente he seleccionado para este simposio particular de trajes nupciales es Cristina Tamborero. Es la joven y la más fresca de todos los diseñadores de la Bridal. También la más prometedora porque mantiene una fidelidad a sus propios postulados: cualquiera de sus creaciones podría lucirlas ella misma. Su elaboración respira el aire de atelier de piso magnífico del Ensanche barcelonés, un imaginar porque ignoro dónde toman cuerpo sus creaciones. Tiene líneas vaporosas, se escapa la juventud en sus volúmenes, nada aparatosos, y  una innata elegancia, muy barcelonesa y chic, todo junto, parece emanar de cada uno de sus trajes. La colección empezó con cierto sabor a trampa: no eran novias y, de serlo, se tomaban la ceremonia de otro modo. Ven eso de casarse más que nunca como una fiesta, a ser posible por la tarde, en cualquier paraíso, y no necesariamente playero. Se notó ya en el vestido que abrió fuego, una impresionante silueta de corta manga bordada en pedrería como los bajos, en tonos verde agua, a la que sirvió de soporte la estatuesca Elizabeth Reyes, cuya cierre de desfile no manejó con  la candidez requerida: mover la sobrefalda de un vestido requiere una delicadeza de la que carece la bella modelo. También destacó en pasarela la presencia de Joana Sanz, a la que acompañaba su novio, Dani Alves (vestido de almirante pop), lateral derecho del Paris Saint Germain, sentado en primera fila, contemplando embelesado los andares de su amor. Amor que, por cierto, no sabemos si era la luz o no, pero nos pareció observar que se la ha ido la mano en el colágeno labial, aunque igual era una una falsa apreciación (me temo que no),
Cristina, que sumergió su trabajo en la flor del cerezo, dividió su colección en dos partes. Una primera que denominó Ixia, dedicada a los trajes de fiesta donde suelta su lado mas joven y fresco, y la nupcial, a la que llamó Hanami. La primera es romántica, de amaneceres y atardeceres, inspirada por el pintor norteamericano Martin Johnson Heade, peculiar artista, paisajista, amante de colibríes y las orquídeas. Un hombre melancólico, un tanto dramático y cruel, que se casó a los 64 años y murió en Florida entre flora y fauna exótica, pero olvidado por todos: aún me pregunto cómo la joven y encantadora Cristina pudo descubrir y empaparse de la extraña, pero hermosa, sensibilidad del artista. Quizá se lo contagió su padre, el experto letrado Ramón Tamborero metido esos días en los asuntos de Arantxa Sánchez Vicario.
La línea de boda propiamente dicha, Hanami, es donde su trabajo justifica su presencia en el certamen con cuidado especial para los tejidos, del tul al mikado, el organdí y el crep de preferencia, que se manifiestan en los impresionantes volúmenes de las faldas mientras el cuerpo se ciñe y se airea la espalda, verdadero respiro del diseño.

Entre la seducción y la provocación sólo existe una delgada frontera llamada delicadeza. En la mayor parte de las ocasiones, se trate de lo que se trate, cruzar esa línea te arroja del éxito al fracaso en un suspiro. En los diseños nupciales la cosa es mucho más peligrosa porque crear un traje alegórico de la virginidad y convertirlo en una tentación más propia de la noche de ese día que de la hora de la ceremonia (religiosa de preferencia), es toda una hazaña. Hablábamos ayer de Rosa Clará y su momento creativo al respecto, ese prêt-á-rever, con que las novias aparecen blancas y radiantes. Casarse, soñar, todo es un instante, un “si, quiero” envuelto en prendas que cada vez ofrecen más perspectivas. No sólo se adaptan a la figura de la novia, la única a atender, sino que tienen estación, temporada y tendencia. De eso nos ponen al corriente desde la Barcelona Bridal Fashion Week con tal colección de ofertas que, de no ser experto, puede uno caer en una muerte súbida por ataque de tejidos suaves, encajes y tules de todo tipo.

En esta edición, el Salón acoge a 370 marcas, un 20% más que el año pasado, procedente de 28 países de todo el mundo. Los desfiles están a la orden del día y han tenido un colofón (palabra fea donde las haya), con la presencia de Reem Acra que ha traído a Barcelona su colección nupcial para el 2019. A quien pueda interesar, Acra, de edad indeterminada, nació y estudió en Beirut, donde sus padres trabajaban en la American University of Beirut Medical Center. Tras graduarse en la escuela de negocios estudió diseño en París y Nueva York, donde se estableció en 1983, aunque no lanzó su primera colección nupcial hasta 1997. Pero tanto sus trajes de fiesta como su línea de prêt-à-porter son referentes en el mundo de la moda, conformando con Elie Saab, Zuhair Murad y George Chakra, el cuarteto libanés del diseño por excelencia. Colecciones todas que destilan buen gusto, estilo y brillos por todas partes.

Acra es una mujer simpática que aceptó de buen grado la invitación de la BBFW para presentar su trabajo, aunque exigió, dada su profesionalidad, una serie de condicionantes no sólo en cuanto al personal que debía acompañarla sino también controlar el transporte de los treinta vestidos y accesorios. Trabajó en el montaje desde el diseño de la pasarela hasta el último detalle de las coronas nupciales: nada se presentó sin su supervisión personal. Exigente sí, pero amable y simpática con muy buen trato con todo el mundo. De ello dan fe no sólo quienes han colaborado con ella sino el personal del hotel Mandarín Oriental en cuya suite presidencial se ha alojado. Y ahora veamos su trabajo.

Reem Acra saluda al final de su desfile de la BBFW en Atarazanas

Los trajes de Reem Acra (que por cierto viste también a las mejores estrellas de Hollywood), son exquisitos y, a pesar de sellar estación, intemporales. Fueron presentados en salidas que funcionaron desde las líneas pegadas al cuerpo, hasta los grandes volúmenes, aquellas faldas casi imposibles de sedas gruesas que dotan por si solas de una cierta majestad a quien las usa. Las telas más preciosas y precisas para unas líneas que, en buena parte de la presentación y como línea general, retomaban el medioevo en sus cortes y, en algunas, muchas, ocasiones nos trasladaban al “Camelot” de Joshua Logan, donde Vanessa Redagrave, una exquisita reina Ginebra, se debatía entre sus dos amores, el rey Arturo y el caballero Lancelot. El apoteosis final del desfile fue revivir el mágico momento del “Take me to the fair” donde la reina y sus damas parecen escapadas de cualquier pintura rafelista. Una maravilla en la que tenemos que señalar la frontera entre la seducción (de los tejidos transparentes), y la provocación que su utilización proclama. Reem Acra trabaja lo primero en función de lo segundo de modo que nunca altera la pasión la contemplación de cualquiera de ellos, aunque estimula el deseo.

 Pasearon las creaciones bajo el gótico de las Atarazanas, convertido en impresionante jardín por el paisajista sevilano Fran Cisneros, aunque, y eso es para molestar, dada la magnitud de la belleza de lo exhibido yo hubiera barajado la posibilidad de trabajar una iluminación que resaltara altura y magnitud de los arcos, y limpiar el paseo nupcial sólo para los diseños.

Tamara Falcó responde a los medios con su innata ingenuidad

Hubo una fiesta posterior, con copas a discreción y alterada cena fría, a la que asistieron prensa y compradores. Por especial indicación de la diseñadora no asistieron Vips de photocall, reuniendo toda la atención de la prensa la inefable Tamara Falcó. Y si el día antes su padre, el marqués de Griñón y su esposa, Esther Doña, nos regalaron su habitual muestra de educación y saber estar, anoche fue la hija la que, también fiel a sus cánones, nos regaló ingenuidades varias, atendiendo por otra parte, las habituales preguntas sobre su madre, Isabel Preysler, y ese novio que nunca le llega, temario al que se añade ahora los gemelos de su medio hermano Enrique Iglesias que son,  naturalmente “monísimos, unos muñecos”. También vimos a Juan Avellaneda con primaveral tapicería en la chaqueta, así como a la incombustible Marita Guerín, y a Jordi Rabat con esposa, la bella Eva Palao, que se retiraron muy pronto, que también tienen dos muñecas en casa de las que no pueden prescindir. Nota al margen: no hemos visualizado políticos en esta semana de novias, vale, que no están para bodas. No diré que se les eche en falta, pero siempre se les pueden censurar algunas cosillas. No hay regla sin excepción: hablamos con Jaume Collboni, alcaldable, que actuaba ya en funciones. Es nuestro muñeco exótico particular, alguien que al menos, siempre queda bien. Que  nos haga quedar bien, ya se verá.

Los refranes siempre tiene razón. Y si hay uno que asegura que “de ser bien nacido es ser agradecido”, la señora Águeda López nacida en Córdoba (España) el 21 de Agosto de 1981, lo cumple al extremo más elegante. He aclarado que es cordobesa de España porque dado que en su trayectoria profesional y personal intervienen diversos países sudamericanos, no quisieran que la ubicaran en cualquiera de las ciudades del mismo nombre que existen en América latina, de las que Argentina. México, Colombia son las más conocidas,  pero hay 21 más.  La bella y lozana andaluza es modelo de profesión base, y aunque dispone de otras virtudes y cualidades, hemos de señalar que su popularidad actual se debe a que su esposo es el autor de la canción más pegadiza de los últimos decenios, “Despacito”. Porque Águeda López es la señora de  Luís Fonsi.  Y, ¿por qué agradecida la hermosa?, se preguntarán. Pues verán. Cuando un famoso llega a Barcelona a promocionar algo, lo normal es que sea amable con los medios, pero no suelen saltarse una línea del guión de lo políticamente correcto. Lo que no es habitual es que no pongan límite a su tiempo, acepten cualquier pregunta o foto, te pida una imagen en la que crea que está favorecida (tremenda inseguridad porque Águeda lo está en todas), y conozca a la perfección no sólo el producto cuyo mensaje viene a trasmitirnos, sino también a su dueña, en este caso, Rosa Clará. Y que además te facilite sus datos para que puedas enviar las imágenes y, lo que ya es el colmo de la delicadeza, te agradezca con bellas palabras en envío.
La diseñadora catalana y la modelo congeniaron en Miami de tal modo que cuando Águeda se enteró que Rosa andaba de fastos con la Barcelona Bridal Week pilló un avión y como en la canción, hizo “paff” y apareció a su lado. La primera cita fue en las instalaciones de Clará en el cinturón industrial barcelonés, un macro espacio de cinco plantas, soberbio en todos los aspectos, que alberga, entre otras cosas, nueve colecciones de novia y cuatro de fiesta con un total de 1.500 vestidos en exposición, sin duda el mayor show room del mundo. Por este espacio desfilarán durante la semana que empieza mañana, más de dos mil clientes de todo el mundo, pues la marca de la catalana está presente en 80 países, con 140 tiendas y 4.000 puntos de venta. La semana tendrá para Rosa su cénit cuando presente su  nueva colección, el martes,en el recinto modernista de Sant Pau, Patrimonio de la Humanidad, que presidirá por supuesto Águeda.

Pero, quién es esa chica? Atentos. Practicó ballet hasta los trece años y estudió Periodismo en Madrid, fue Miss Toledo en el año 2000 y finalista en Miss España de ese año. Esa experiencia le abrió las puertas de la moda, dedicándose así a su otra afición, la pasarela. Un camino que empezó en España, siguió por México y culminó en Miami al ser fichada por la prestigiosa agencia Caroline Gleason, que la llevó a ocupar las portadas de las mejores revistas de la vida social. En el 2010 un encuentro casual cambiará la vida. Conoce en un estudio de fotografía a Luís Fonsi, portorriqueño, se enamoran y se van a vivir juntos. Fruto de su amor nacerá Mikaela, que ya tiene seis años, y más tarde Rocco, de uno. La pareja se casa en el 2014 en el Valle de Napa, aunque no será la primera vez. A tenor de lo escuchado entre Rosa y Águeda, parece que pronto habrá una segunda boda porque cuchicheaban acerca de medidas, telas y líneas para un diseño especial (nupcial), una conmemoración de su amor. Porque Águeda y Luís se quieren como el primer día, ella le siguen cocinando platos de su particular dieta mediterránea (lo que le sale mejor es la fideuá), y él sigue sacando la basura cuando ella se lo pide, y ayudando a Mikaela a hacer los deberes del cole. Ahora el popularísimo marido viaja más, pero la familia también, por lo que ha dispuesto un plan de ataque y defensa: cuando llevan unos días sin verse, o es él quien pilla un avión, o es mamá y su parejita ideal los que se van a compartir el tiempo que sea de la gira de papá.

Rosa Clará y Águeda López con tres modelos de la colección de la primera que presentará el martes

Mientras, Águeda no está de brazos cruzados. En el 2013 tiene una sección fija en televisión, “Mamá al rescate” del popularísimo “Despierta, América”, donde cuenta su experiencia maternal y da consejos de todo tipo sobre cómo llevar la familia. Aunque la suya la maneja muy bien porque sus hijos son  “adorables y se lo ponen todo muy fácil”. ¿Aumentar la familia? No está descartado, ni planteado, “dicen que es igual pero con más ejercicio”, bromea.
Al  mismo tiempo saca la línea de ropa infantil Mikaboo, inspirada por su hija Mikaela, con la que mantiene una relación tan excelente que la refleja en un blog donde comparte sus experiencias. La gran aceptación de su espacio televisivo la llevó a copresentar “Show Business Extra” al lado de Gaby Acuña, con noticias del mundo del espectáculo, que se emite en todo EE.UU, a lo que siguió su programa propio, ” Vital” emitido por el canal Fox. Todo ello sin dejar de lado sus trabajos de publicidad y pasarela, así que actividad no le falta, y eso la hace mantener una figura espectacular que consigue a base de practicar ejercicio una hora y media al día, con dos básicos, el boxeo y la zumba. Sin olvidar darle alegría al cuero siguiendo el compás de “Despacito”. Tras el éxito del tema, y a pesar de ello, nada ha cambiado en la familia. Ha alterado sus rutinas y ahora es todo mucho más movido, aunque papá Fonsi sigue siendo el mismo, los niños están más orgullosos de él, viajan todos mucho más. Y mientras, Águeda baraja proyectos, entre ellos algunos relacionados con nuestra televisión, un espacio donde pueda demostrar, ahora y aquí, en su país, que lo suyo también es el periodismo, aunque la belleza la haya llevado por otros derroteros, Todo un encanto de señora, que es también mamá excepcional. Señora, a sus pies.

Estuve viendo “Factor X” en Telecinco. Supongo que sabrán que se trata de un concurso de artistas, aspirantes a la fama, que creen disponer de ese algo que les convierte en especiales. Gentes que tengan ángel, aquel atractivo que los ingleses llamaron “knak”, por la película de Richard Lester, y los franceses “allure” el perfume de Chanel. Una especie de Lola Flores, la única, de quien cuenta la leyenda que The New York Times describió “ni canta ni baila, pero no se la pierdan”, algo parecido a lo que exigían para ser una vedette, que no tenía que bailar ni cantar, sólo estar “muy buena”. Una norma válida hasta que Pepe Buira convenció a Bárbara Rey, fina estilista,para que fuera cabeza de cartel de la revista “Barcelona es Bárbara” en el teatro Victoria de Barcelona y se echó al traste la definición. A pesar de todas las publicidades, “Factor X” es como cualquier otra competición de talentos, llámese “Operación Triunfo” “Got Talent”, “La Voz” o “La Voz Kids”: un anónimo muestra sus cualidades ante un jurado y permite que éste dictamine si sus habilidades son suficientes para pasar a la siguiente fase, y así hasta llegar a la final, donde les dan un dinero (y la gloria relativa) a cambio de un draconiano contrato por el que ceden a la productora la explotación de sus virtudes hasta que se agotan. Como eso depende de ese otro factor X que es el público, cuyos designios no tienen norma fija, pues en un par de años el que figura como “el artista” en la parte contratante ya está listo para ser sustituido. Sobre todo este montaje no si escribir si es triste o miserable. En primer lugar porque a pesar de los miles de aspirantes a estrella nadie llega con una maqueta de algún formato nuevo nuevo como su particular “factor x”, por lo que todo lo que vemos son franquicias o “parecidos razonables” a los programas originales que se ven por el mundo. La parte más cutre del asunto me lleva hacia el concursante que acepta, consciente o no de la muestra de su talento, la valoración de una serie de presunta expertos cuyos másters en la especialidad artística ofrecen tantas dudas como el de  la señora Cifuentes.
Para empezar “Factor X” no es sólo la idea, sino el espacio. Quien haya visto los originales, producidos por Simon Cowell -cerebro capaz de inventarse grupos de la nada como hizo con cuatro descartes de su “Britain Got Talent”, efebos sin causa, para forrarse como One Direction que duraron un soplido-, habrá comprobado que son iguales las estancias enormes que ocupan los aspirantes en sus interminables esperas, que hay un río alrededor, y que la frialdad arropa el entorno con inusitada crueldad. Por si fuera poco emotivas historias acompañan a algunos concursantes, como la huerfanita a la que cuidaban sus abuelos y una vez muertos estos ella se ocupa de una tía imposibilitada; el cuarentón a quien la vida se le ha puesto del revés, o la parejita gay que rompieron por el exceso de partituras y ahora renuevan rencores coincidiendo por casualidad en la sala de espera para la fama. Novedades, ya ven, muy pocas o ninguna. Bueno sí, el jurado. Aquí lo forman Laura Pausini, que ha vendido setenta millones de discos y le cae bien a todo el mundo; Fernando Montesinos, bajista de Obús, letrita, arreglista y productor musical; Xavi Martínez, director y presentador de “Lo + 40”; y el inefable e infalible Risto Mejide, el malvado de las gafas negras, cuya experiencia al respecto es haber sido jurado en otros programas similares y estar experimentado en la humillación innecesaria. También se le acusa de haber tratado de promocionar a su favorita (la que estaba más buena) en uno de esos concursos donde ejerció de humillante, sin que pasara absolutamente nada: hay alguien que se acuerde de Labuat (Virginia Maestro)?. Como publicitario que es la quiso hacer triunfar con la pronunciación de “la boite”, pero ni eso era nuevo porque ya existía otra cantante llamada Gàbia porque actuaba en Muts (“muts i a la gàbia”, en catalán mudos y a la jaula). Reclamo inútil, pues ni de la una ni la otra nada de nada.
 Con ese talento especial para descubrir, valorar y promocional tan defectuoso, Risto es el jurado más ofensivo para esos pobre que acuden al programa para cubrir la cuota de engañados de sí mismos, pero que no obstante merecen premio por haber sorteado una eliminatoria previa que les permita acceder al Gran Jurado. A veces creo que esa es la venganza de quienes cuidan las previas, enchufar a estos carentes de talento para fastidiar al jurado y reirse de ellos al tiempo que les facilitan víctimas propicias para ser sometidas al degüello emocional
“Factor X” tiene la presunción de ser la mejor copia del original, pero bienvenidos sean mis imitadores, en este caso mis franquicias, porque de ellas serán mis defectos. En este mundo desconcertante y desconcertado donde el trabajo escasea, que no las ganas de trabajar, el principal perjudicado es el sector juvenil, a la deriva entre tantas nuevas profesiones. Así que, Por qué no creer que tenemos un factor X en cualquier parte de la anatomía y corremos a enseñarlo por televisión? Igual les caen bien. Prueben, no importa.

Pues esta vez, sí. “Hola!” ha acertado con su portada reflejando lo que titulan como la peor crisis a la que se enfrenta la reina Letizia aunque, por el problema de tratarse de información semanal, la noticia ha sido superada por diversos ejercicios de  reconciliación entre la actual soberana y la reina madre, de los que dan buena cuenta los digitales, el primer enemigo del papel.

El primero de estos actos reivindicativos fué la visita al rey padre operado, casualmente, el pasado domingo y que sirvió de punto de encuentro de la familia royal-plebeya, situación en la que nadie, ni protagonistas ni observadores, dimos puntada sin hilo. De la ropa, abrigo plumas acolchado para Sofía y una gabardina para Letizia, al golpecito de ésta a su hija, la heredera, para que se acercase más a la abu, cuya altura destacaba porque la actual usó zapato plano, como un rebaje estético de humildad (je, je, je). Tampoco pasó inadvertido que las nietas mezcla, o sea las Nancy rubias llevasen la misma prenda que mamá (a 780 euros unidad), una adecuada gabardina para el chaparrón que les está cayendo.

Para ser honestos, “Hola!” sí recoge este encuentro que ocupan algunas de las 18 páginas dedicadas al asunto del manotazo de la nieta a la real abuela en la catedral de Palma, que ha dado la vuelta al mundo, así como de la tensa situación creada por la falta de práctica de Letizia en estos asuntos, donde no hay protocolo establecido y todo se rige por las más estrictas normas de la lógica familiar y el respeto que debe mantenerse a los mayores, sean reyes los suegros o no. Un momento que superó la soberbia de la plebeya que interpreta el papel de reina pero no sabe aceptar sus condicionantes: vivir como una reina es un slogan, apreciada excolega periodista; ser una reina exige muchas cosas (pregúntale a tu suegra), y si no se está de acuerdo, pues te separas que no serías la primera de la familia. No lo hará porque cree estar diseñando una heredera de moldes republicanos, y sería insoportable ver como la educan del modo más tradicional, que esto es como el gazpacho: no hay innovaciones que valgan aunque las elabore el genio de Ferran Adrià.

De lo que no he visto nada en la publicación es del incidente entre Froilán de todos los santos y algunos dirigentes comunistas en el AVE Madrid-Málaga, esa bajada tan habitual entre la villa y corte y el cortijo. Al parecer los políticos comentaban en el bar del tren el incidente entre reinas cuando les sorprendieron los despectivos comentarios de un joven al que reconocieron como el hijo de la infanta Elena. El grupito -entre quienes se hallaban el secretario de PCA, Ernesto Alba y la edil de IU-Málaga para la Gente, Remedios Ramos -,  volvían de una reunión del PCE, quitó hierro al asunto,  pero lo colaron en las redes. Froilán lo desmintió a sus amigos y aquí paz y allí gloria. Lo que no he podido averiguar es si los susodichos (todos) viajaban en turista o en primera, porque aquí mucho hablar (o escribir), pero seguimos manteniendo a todo aquel que se interese: será cuestión de empezar a preguntar cómo se hace.

Portada de la revista “Hola!” del 18/4/2018

A todo esto Letizia sigue con su agenda y se muestra más dispuesta que nunca a quedar bien con todos. Ha rebajado su grado de alejamiento del pueblo, se hace selfies y hasta se deja tocar, que le espanta, y repite modelos para que veamos que ahorra. Como ha hecho hoy volviendo a usar para el almuerzo en honor del príncipe Mohammed Bin Salman Bin Abzulaziz Al Saud, un traje de Felipe Varela que en su día se parecía mucho a uno de Óscar de la Renta (y que hoy se sigue pareciendo).

De todos modos, el “Hola!” sigue siendo el “Hola!” y hay, además del reportaje de la exquisita casa de Iris Cantor, un par más para quitarse el sombrero. Uno tiene como protagonista a Amaia Salamanca, que posa en Cuba en lo que parece (es) un anuncio de la campaña de Women’s secret. Está espléndida la actriz, que tiene ya tres hijos con Rosauro Varo, y posa frente al objetivo de Valero Rioja con increíble sensualidad y un aire de sofisticada atracción fatal francamente insuperable. El otro reportaje, también publicitario, acoge los trajes de gitana de Rocío Peralta, toda una feria de color, lujo, alegría y estilo, algo que aglutina como nadie porque para eso es la mejor, Nati Abascal que ha conformado bellísimos bodegones para la cámara de Rocío Aguado.

Y destaquemos también las tres espléndidas siluetas de tres mamás recientes que han recuperado silueta en tiempo récord: Ariadne Artiles, Eva González y Pilar Rubio. Guapas, encantadoras y siempre gentiles con los medios, sería difícil elegir una. Pero puestos a ello destacamos a Ariadne, siempre estilosa que no duda en saludar al fotógrafo cuando camina por la calle con el cochecito de su bebé. Un gesto amable del que deberían aprender muchas otras. Para cerrar, la nota discordante:  Isabel Pantoja que se divierte “como nunca en el concierto de su hijo”. Lo he dicho siempre, no se pueden mezclar churras y merinas, porque se estropea algo. Así hemos empezado y lo acabamos del mismo modo.Mal.